jueves, 6 de julio de 2017

Poesía tercera.

No galope o tambor o latido que golpea
sino ritmo pulmonar, desdibujado,
femenina aspiración que en la noche sola
iza suave al pez a su engañosa luz... y suspirando lo abandona. Viene y va el recuerdo así.
El cálido turbión que en la barriada
expulsaba en espirales sorpresivas al verano mortecino de sus rincones
decorados de papeles, aromas y hojarasca, lo lleva y trae también,
quiero pensar que a tí y que de tí. Que es el mismo recuerdo que echas a volar.
Y que posado en mi frente ahora oye tu llamada.
Que estás también insomne y triste,
que la desesperanza empaña tu mirada,
que el opresor vacío... pero no.
No, no.
No a tu risa, al maravilloso peso de tu voz.
Ni a tus ojos todo ojos, o a la sombra de tus hombros en la cal de la pared.
No a tu falda también blanca, ni a su luz.
A tu alegría nueva,
a cómo un bello pensamiento tras tu rostro borraba barrio, tejados, nubes precursoras, sol perseguidor, azul, noche, ladridos y búhos, jazmines y estrellas.
Tu pensamiento sigue siendo aquél. Mi ser lo reconoce, porque soy por él. Porque recuerdo. Cuando aquella pura idea, ya impersonal, nos ilumina cantándonos al oido...,
nos completamos.

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