domingo, 16 de julio de 2017

Poesía séptima.

Fugacidad en el cristal de la ventana
frente a la tarde ya sin vuelo;
traspasar de un desconsuelo ajeno
enmarcado en una fija lejanía,
deshecho por la luz obligatoria
con que dibuja y pinta la memoria
horas de plomo en la pesada noria.
Y esa antigua gravedad, siempre esa fuerza
de pensamientos en el cuerpo hundido,
de pensamientos en jardín ausente,
de pensamientos de amor ya olvidado.
Del reclamo mudo en el sendero abandonado.
Como una máquina que reza
caerá la lluvia; como una oración sin esperanza.
Como quien nunca eleva a nadie
ninguna plegaria ni por ni para nada.
Se oirá susurrado este poema,
y algún rostro por hacer —sin mi sonrisa—
se asomará, entre polvo y telarañas,
con una idea detrás, como aureola,
por la ventana oscura ya,
deshabitada.

(1989)

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