domingo, 24 de julio de 2016

Los Zajaríes

Estudiado que tengo el artículo de José Mondéjar "Higo xaharí, granada çafarí y naranja zajarí", publicado en el Boletín de la Real Academia Española de septiembre-diciembre de 1993, y viviendo como vivimos en la vecindad de una urbanización llamada Los Zajaríes, por la cual acostumbramos a pasear casi a diario, estimado perrito... ¿cómo no dejar volar la fantasía hasta Al-Ándalus cuando por estos parajes aljarafeños surgían alquerías aquí y allá?  —"un cielo verde salpicado de estrellas blancas"—, dijo del Aljarafe un poeta de aquellos tiempos.

Me parece oir, mientras tú tiras de mí en zig-zag ansioso, buscando aromas en cada portal y en cada pie de árbol de Los Zajaríes, a los viejos andalusíes con sus burritos morunos, enanos pero llenos de energía, cargadas las angarillas de doradas naranjas, andando tras el animal parsimoniosos y felizmente sombríos, y pregonando con voz hueca y animosa la deliciosa fruta al pasar por los estrechos callejones empedrados de aquellas recoletas comunidades: ¡bintuuuuuu! ¡alburtuqal alzajariiiiiiiií! (¡niñaaaaa! ¡la naranja zajariiiiiií!).






NOTA: en la revista El Folklore andaluz nº 16 del año 1882 escribió Antonio Machado y Álvarez, padre del poeta, un artículo titulado "Los pregones" en el cual menciona a los higos zajaríes.
Naranjas, higos, granadas... ¿qué más da? El hombre y el burrito han permanecido incólumes hasta hace pocos años, cuando por nuestra calle pasaban a mediodía, y al oirlos salíamos a la calle los niños, admirados, ilusionados, esperanzados... Tú entonces ni habías nacido, Cisco.