domingo, 3 de julio de 2016

La canícula

Está haciendo calor, Cisco. Ahora, en vez de con la manguera regar el patio, lo apagamos. Chirrían, crujen y exhalan humareda espesa sus losetas al contacto con la lanza hídrica, fría todavía porque la corteza terrestre no se ha calentado del todo. Lo hará ya entrado septiembre y lo notaremos al abrir el grifo, acto que entonces llenará nuestro vaso de algo parecido, en su temperatura, a un café servido de mala gana por un camarero antipático.

Vienen y van olas de calor más o menos duraderas y agudas, pero, te repito, es en septiembre cuando de verdad se asienta en el ambiente el sofoco tenaz y perenne, hasta que los primeros chaparrones otoñales apaguen, cual nuestra manguera, ese depósito de energía calorífica que es el suelo hasta un metro de profundidad, poco menos o más.


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