domingo, 26 de mayo de 2013

El 15-M cascabelero


Atronaban plazas y avenidas de todas las ciudades del país las masas del Movimiento del 15-M con diversos eslóganes, uno de los cuales, voceado a las puertas de los bancos más importantes, mientras se las señalaba al unísono con miles de dedos índices acusadores, era: "¡¡Ahí está, ahí está, la cueva de Alí Babá!!, en alusión a los banqueros ladrones, equiparándolos así a los ladrones del célebre cuento incluido en la colección de Las Mil y Una Noches. Ojo, aviso a navegantes, que Alí Babá era el hombre bueno y honrado de la historia. Y aviso también que  bābā, en español, es papá, pero también papa, pontífice; pero no la liemos y vamos al grano.
Si tuvieras entendimiento, Cisco, te leería antes de dormir algunas páginas de la edición que adquirí hace algún tiempo, la preparada por el profesor Juan Vernet, de Planeta, poniéndote —como me lo pusieron a mí cuando era niño— especial énfasis en la recitación de la fórmula de apertura de la cueva, aquel "¡¡áaaabrete, séeesamooooo!!" con que nos impresionaban nuestros mayores agrandando los ojos y ahuecando la voz. Pero por mucho teatro que le echara, nunca podría darte ni una remota idea del sonido del equivalente árabe del castellano "sésamo". Es aquél vocablo onomatopéyico, y sus tres letras radicales —o dos, porque una de ellas se repite— constituyen el armazón de una extensa familia de palabras con estrecha relación en sus significados: úsanse este trío para los verbos que corresponden a retumbar y resonar, gritar y amenazar, sacudir, agitar y menear (ğalğal); para los correspondientes adjetivos que en español se expresan con estruendoso, retumbante, estridente y estremecedor (muğalğil). Pero también para fenómenos sonoros más suaves y agradables, como retintín, tintineante, y para cascabel (ğulğul) y cascabeleo, o para campanilla (ğalağil) y campanillear. Además de otros usos derivados de estos últimos, como son limpio, ligero, claro, activo o diligente. Amén de otros compuestos que rozan la mística más sublime, como son: el fondo del corazón (ğulğulan al-qalb,  por sus latidos), el pensamiento, el pasar por la mente, y el monte Gólgota (ğabal ğulğula, porque a la muerte de Cristo cuentan que retumbaron los cielos y hasta los peñascos se resquebrajaron)*. Y por fin, para el "ábrete, sésamo", que como te decía, en árabe tiene una musicalidad deliciosa. Cisco, podemos intercambiar sésamo por ajonjolí sin incurrir en las iras y denuestos de los académicos de la lengua, puesto que es lo mismo.
Pero nos interesa este ajonjolí, de clara estirpe árabe (ğulğulan) y que el vulgo ha castellanizado, simplificándolo en una forma abreviada en ajolí, como por ejemplo en el puente del Ajolí, ("hecho de palos podríos", que rezaba una antigua sevillana rociera).
Las semillas de sésamo, o ajonjolí, o ajolí, son junto al azúcar uno de los condimentos característicos de las tortas de aceite de nuestro pueblo, y se vienen utilizando para diversa repostería.
¿Y qué tiene que ver el ğulğulan o ajonjolí en esta historia? —te preguntarás—. Muy fácil. Estas semillas se desarrollan dentro de una cápsula dura, de la consistencia de la madera, que al ser agitada emite un sonido parecido al de las maracas cubanas, desde luego a una escala menor. Con lo cual encaja con todo derecho en la referida familia de palabras. Es como un cascabel producido por la Naturaleza. Claro del todo.
Ahora podemos pasar a tratar aspectos formales de este curioso asunto. La letra ğim, que al redundar es la que presta a nuestra palabrita casi toda su sonoridad, ha de pronunciarse como la jota francesa. En su forma aislada (ver imagen) esta letra sugiere algo en lo que habrán reparado muchos antes que yo: parece un cascabel esquemático, incluso con su pequeño gancho superior para colgar. Me recuerda a una muy utilizada regla nemotécnica para diferenciar, en castellano, la be de la uve (con be de burro y con uve de vaca, y el maestro recalcaba que el burro tiene las orejas largas como larga es la be, y la vaca al contrario). En todo ello hay ciertas reminicencias de la escritura pictográfica, representada principalmente por el japonés y el chino de nuestros días.

La letra en cuestión, en sus cuatro formas. De izquierda a derecha y de arriba a abajo, aislada, a principio de palabra, en medio y al final.




* Gólgota, relacionado con sonido. Y no como aseguran en Wikipedia:

"Calvario o Gólgota es el nombre dado al monte o colina a las afueras de Jerusalén donde tuvo lugar la crucifixión de Jesús. Su nombre proviene la forma de calavera que tenían las rocas de una de sus laderas. Su nombre en latín es Calvariae Locus, en griego Κρανιου Τοπος (Kraniou Topos) y en arameo Gólgota o Golgotha; en todos estos idiomas significa "lugar de la calavera". Además, según la tradición judía, sería el lugar en el que se enterró el cráneo de Adán". Aunque, permíteme la lúgubre ironía, se puede convertir con toda facilidad una calavera en un sonajero. El enterrador en Hamlet lo hacía, a golpes de azadón.
E insiste el wikipedista: "La palabra "Gulgota" es usada en el Zohar para designar la sefira Keter. La traducción de "Gulgota" es "cráneo" según Rabí Najmán de Breslov en el libro "Anatomía del Alma" página 137. Publicado por Breslov Research Institute. Jerusalem/New York. Título original "Anatomy of the Soul". "Keter" a su vez significa "corona" (Véase: Kéter) la cual se porta sobre el cráneo, no en la calavera. De modo que simbólicamente se puede decir que Jesús es crucificado en el lugar donde se corona."




Vamos a ir poniendo el colofón. En las fotos se ve mi bicicleta, convertida casi en una feria ambulante con tanto cascabel colgado, en el trasportín, en el manillar y bajo la cestilla delantera. Tal hecho tuvo su origen en las carreras a que te sometía cuando eras un jovenzuelo, y que ahora han quedado reducidas a una a la semana, como mucho. En evitación de despistes y distraimientos y copiando lo que siempre he visto hacer a carreteros y arrieros, dispuse los cascabeles para hacer que te concentraras en el ejercicio. Ahora, ya acostumbrado a la compañía de sus tintineos, no tengo porqué quitarlos.

En cuanto al cartelito, una nota: renovándolo de cuando en cuando, los vengo utilizando desde que empezé a estudiar el idioma, como un recurso más para memorizar. Me sirven también para conectar con algún que otro inmigrante que se interesa por ellos, de los cuales inmigrantes aprendo mucho. Este dice exactamente: "Rajoy: se le busca vivo o muerto", y arranca risas de cuantos lo entienden. No hay ninguna implicación ética en la frase, puesto que no incito a su asesinato ofreciendo recompensa, ni muchísimo menos. Tan sólo es un inocuo "se le busca de cualquier manera", en alusión a su actitud de no prodigarse en vivo concediendo ruedas de prensa y en vez de ello aparecer en pantallas de plasma, exasperando a los periodistas y a cualquier ciudadano avisado, porque ¿quién nos asegura que es él, y no un doble, o alguna manipulación de las que tanto abundan en nuestra era digital?. Añádasele la imposibilidad de interrogarlo.
En fin, dejemos la política de mal gusto, que es toda.

Acabo de decir arriba que ğulğulan al-qalb significa "fondo del corazón". Qalb nos va a servir para cerrar esta larga entrada. Es homofónica de kalb, que significa, ¡oh, coincidencia!,  perro, Cisco, lo que tú eres, por lo que oídas estas dos palabras, corazón y perro, fuera de un contexto claro, induce a confusión hasta a los propios hablantes de árabe. Pero, maravíllate, que qalb, con sus tres radicales qāf, lām y bā’, forman otra familia con gran similitud en muchos de sus términos a la que hemos visto de los cascabeles, a saber: voltear, revolver, invertir, poner del revés, cambiar, manejar, fluctuar, ser tornadizo, voluble, conversión, permuta; y en compuestos, volquete, hormigonera, repensar o dar vueltas en la cabeza, revolver entre las manos, delantero centro (en deporte), brazalete, puente basculante, revolución, derrocamiento, golpe de estado, subversivo, golpista, solsticio, trópico, turbación atmósférica, escombrera, destino final, la otra vida...

Así se explica la altura alcanzada por los poetas y literatos andalusíes, querido can. Con una herramienta tan maravillosa como es la lengua árabe, tenían gran parte del trabajo hecho.

lunes, 13 de mayo de 2013

Matas


Compruebo a cada momento cómo te gusta descansar a la sombra de las matas de yerbabuena, envuelto en el fresco aroma que desprenden. Me consta que te rozas con ellas para perfumarte el lomo.
Enternecido, casi emocionado, cultivé el verano pasado la primera plantita, —comprada a los gitanos del mercadillo—, pendiente de su crecimiento día a día, maravillado ante la humildad de aquellas hojitas verdes que resaltaban sobre el fondo oscuro del mantillo en la maceta. Un milagro de la Naturaleza ante el que me inclinaba pasmado, desarrollándose misteriosamente en este rincón del Universo, haciéndome sentir un poco padre amante, un poco madre cariñosa. Cuánta delicadeza en esa vida pura. Cuánta debilidad grandiosa.

Ahora la yerbabuena verdea por doquier, en macetones y cacharros en el patio y en los arriates del corralito. Su fragancia llena la atmósfera e inunda las habitaciones, sus tallos se elevan enhiestos hacia el cielo o se curvan hacia el frescor de las losetas del suelo formando espesos festones colgantes repletos de umbría y de enormes hojas. El refulgor de su verdor contra la cal de las paredes cuando estalla la luz se asemeja a la bandera andaluza. Si las banderas oliesen, Cisco, la nuestra olería a yerbabuena. Y al ondear en la marea fresca de las tardes de verano saludaría profundamente con su bálsamo vivificador a los pueblos del Sur.

Hubo que procurarse fertilizante y plaguicida. Es fantástica la diversidad de bichillos devoradores que aparecen a golpe de lupa, los cuales atraen a unos pájaros ágiles y verdiamarillos que no he logrado identificar, y que revolotean cada mañana al alcance de mi mano al otro lado de la ventana del dormitorio. Tú saltas de nuestra cama cuando los sientes al amanecer y te disparas por la cocina y el salón hacia ellos, pensando que te disputan el territorio, pero es porque no comprendes el beneficio que hacen a tu querida yerbabuena. Ellos, junto a las salamanquesas, son el mejor insecticida.

Le he traído compañía a nuestras plantas, Cisco. Ahora lucen sus juventudes en el patio una macetita con menta, otra con lavanda y otra con tomillo. Junto al gran jazmín que se enrosca en los ramones de la gigantesca adelfa ¿de seis metros de altura?, junto al naranjo recién podado y al majestuoso limonero donde anida el mirlo, ambos cítricos con sus livianas cargas de azahar primaveral, junto a los nocturnos sampedros de flores amarillas que proliferan invadiendo cada palmo del terreno, junto al viejo rosal de pitiminí que plantó mi madre allá por los años sesenta, vamos a integrar a nuestras nuevas, aromáticas y agradecidas amigas. El oficio de jardinero es muy adecuado para quienes, como es nuestro caso, ya ven la ancianidad lenta, pero implacable, aproximándose.

Nos alejan de los campos floridos cada vez más, Cisco amigo, el desarrollo urbanístico y los años que lastran nuestros pasos. Ya tienes ocho, y yo sesenta. Nos ampararemos en este Aljarafe en miniatura que día a día cuaja bajo la pluma de cristal de la manguera; que si tuviera voces —o si nosotros pudiésemos percibirlas— entonaría en coro cánticos excelsos; que extiende los dedos de sus raíces en la hondura silenciosa, entretejiendo con los hilos de las estrellas, cada noche, tus sueños con los míos.