miércoles, 28 de noviembre de 2012

Alixar evanescente (y IV)


Desgraciadamente he perdido la referencia de un artículo que exponía literalmente un comentario que determinado caballero castellano en tiempos de la Reconquista dirigía a otro, en referencia a un viaje que pensaba hacer a la recién conquistada ciudad de Sevilla. Venía a decir en esencia, ponderando a Híspalis, que la ciudad no era precisamente un alijar, porque estaba formada por suntuosas mansiones y lujosos palacios. De donde se desprende, en tal contexto, un claro sentido de miseria y pobreza para el vocablo de nuestras inquietudes. Prometo que en futuras ampliaciones de este trabajo crítico, si encuentro la mencionada publicación, la expondré al pie de la letra.

En la web del Excelentísimo Ayuntamiento no se quieren comprometer mucho con el asunto, limitándose a un "parece ser que" inocuo y nebuloso; pero sucumben así a esa tendencia a engordar documentación de tantos y tantos dedicados a la tarea de historiar, quienes optan por la cantidad más que por la calidad, propiciando indigestiones de, luego, muy difícil, si no imposible, solución. Vicio éste muy característico de mediocres profesores universitarios, agobiados bajo las instancias del ritmo de publicación de los mejores dotados. Dicen en el sitio de Internet del Concejo "alixareño": En 1.248, Fernando III el Santo conquistó los alrededores de Sevilla con el fin de poner cerco  a la ciudad hispalense. Parece ser que tras esta conquista, a Castilleja le cambian el nombre por el de Alixar; este hecho no tuvo aceptación, probablemente ante el temor de perder la identidad comercial que poseía la Villa, puerta de los productos del Aljarafe hacia Sevilla, volviéndosele a cambiar por el Castellán*, para finalmente denominarse Castilleja de la Cuesta. (El subrayado es mío).

* ¿Castellán? Exactamente Caztalla talacadar. Entre otros documentos, se ve claro en la escritura otorgada por Rodrigo Alonso al entregar el pueblo al portugués Pelay Correa, jefe de los santiaguistas y compinche del Santo para despojar a Al-Andalus de bienes raíces, muebles e inmuebles. Esta escritura fué firmada en Sevilla el 4 Agosto de 1267, y por supuesto que Rodrigo no actuaba por pura generosidad, sino que lo hizo a cambio de otras posesiones del de Santiago: Otrossi uos do la mia alearía que dizen Caztalla talacadar que es en término de Seuilla, assi commo me la dio el Rey don Alffonso. Et otorgo de uos dar priuilegios, z cartas quantas me dio el Rey con todo éste donadío sobredicho, z ésta alearía sobredicha parte con Camas z con Barreuaniz, z con Parchena, z con Genis, z con Mormuios, z con Baldogina, z con Tomares, z con Alphonzína; por éstos términos, z por éstos linderos es conoscuda ésta alcaria sobredicha, z do uos todo ésto sobredicho a uos maestre z a uuestra Orden assi commo sobredicho es, pora camiar & como de lo uestro mismo.

¿Que Gines tiene un pasado romano perfectamente atestiguado tanto por la ciencia de la arqueología como por los textos latinos de la época? ¿que San Juan de Aznalfarache posee muchísima más probabilidad que nosotros de haber sido Ucia y/u Osset Julia Constantia? ¿que Castilleja de Guzmán tiene enterramientos del Neolítico? ¿que también los tiene Valencina, además de que hacían figuritas con marfil asiático desde hace 4.500 años? ¿que Camas es la cuna del santuario del Carambolo? No importa. Cálmate  estimado perro. Aquí hacemos un aliño de fantasías religiosas, verdades cojas, rellenos de prisas y orgullo cateto, con la esperanza de que algún primo que cruce el término se deje unas monedas comprándonos cualquier mamarrachada.

Dan ganas de colgar por la Villa aljarafeña (¡ojo! no "aljefeña") a modo de señal de tráfico, reproducciones reflectantes del mismo cartel que los administradores de Wikipedia han colgado en el artículo "Castilleja de la Cuesta" de dicha enciclopedia digital:
Este artículo o sección (que deberíamos cambiar por "ESTE PUEBLO Y SU HISTORIA") necesita referencias que aparezcan en una publicación acreditada, como revistas especializadas, monografías, prensa diaria o páginas de Internet fidedignas.

martes, 27 de noviembre de 2012

Alixar evanescente (III)


Teresa Aleixandre Segura me recuerda con su apuntado origen de fortaleza árabe a Castilleja, de la que se ha dicho lo mismo con ni una coma más. No aporta nada nuevo por otra parte, excepto los estudios de Balaña y Masso, que espero conseguir leer prontamente. Se dice que en la obra "Apellidos Catalanes. Heráldica de Cataluña" de Augusto Cuartas, está recogido el apellido Aleixar, con su etimología; lo apunto como tarea pendiente para redondear este ensayo sobre el nombre Alixar aplicado a Castilleja de la Cuesta.

Y aquí, vuelvo a Corominas.
Quien tilda de inaceptable la interpretación de Eguílaz (šá‘ra, "bosque", "jara"). Éste dice exactamente en su Glosario etimológico de las palabras españolas de origen oriental. Eguílaz. Granada, 1886.    voz Alijar, alixar. Terreno inculto. Acad. De الشعرة "silva" en R. Martin.
Pone de relieve Corominas la errónea traducción de Covarrubias. Y por si la cosa no estuviese suficientemente embrollada, cita a M. P., en Cultura Española, 1905, VI, 1109-1110: No sé si tiene relación con alijar el a. aragonés achár o la char "entrada de un predio", que Rohlfs ASNSL CLXIX, 158, piensa en relacionar con el vasco sarrte (sic) "entrada".
Veamos al autor del Tesoro de la lengua: ALIJARES: Vale tanto como exidos y salidas espaciosas de los pueblos a donde suele la gente salir a recrearse y holgarse; dizen ser palabra turquesca y que en aquella lengua aldixari vale tanto como el fuera o el defuera. Diego de Urrea dize sinificar lugar de trato y comercio, y en su terminación es ixarun, del verbo axere, que sinifica juntarse la gente en paz a conversar y tomar solaz; y de allí llamaron al número diez los árabes axere*, porque en él concurren y se rematan las unidades y hazen el número de muchos, y en los exidos se junta el pueblo las fiestas.
* En efecto,  عشر .

Sobre el vasco "sarrera", Elhuyar Hiztegia nos ofrecen seis acepciones en euskera: 1ª, entrada (del verbo entrar); 2ª, entrada, acceso, puerta de entrada; 3ª, entrada, billete, invitación; 4ª, introducción, prólogo, preludio; 5ª, entrada (de una enciclopedia, de un diccionario); y 6ª, entrada (en informática e Internet).

Giremos una visita a Francisco Javier Simonet, tan traído y llevado por los insignes arabistas cuyos estudios hemos expuesto. Dice Simonet en el Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los mozárabes: AL-IXÁR, antiguo castellano. Ejido.- Castellano, alijar y ejido (ver Dic. Ac. y Cov.), antiguo castellano y portugués exido, valenciano eixido, del verbo latín exire, antiguo castellano ixir, antiguo castellano, catalán y valenciano exir, valenciano eixir, provenzal y antiguo francés eissir, issir, italiano escire y uscire (F. Diez, en su Etymologisches Wörterbuch der romanischen sprachen, I, 164). Del mismo origen son probablemente los nombres geográficos Aleixár, provincia de Tarragona; Alejar, (antigua Alexar y en las escrituras mozárabes toledanas Alechxár, الجشار), provincia de Toledo; los Alixáres, célebre alcázar situado en los ejidos o afueras de la antigua población de la Alhambra, y finalmente Ijxárex, y con artículo Al-ijxárex الاخشارش, que los autores y escrituras árabes dan a cierto barrio de Granada, llamado también por corrupción Axáres y Haxáriz, que probablemente se llamó así por hallarse en los alijares o ejidos del Albaicin, o acaso de la antigua Iliberri, sobre la orilla derecha del río Darro.

Madoz ofrece extensa lista de topónimos al respecto: Alijar, nombre de un cortijo en Jerez de la Frontera (también en http://cadizpedia.wikanda.es/wiki/Alijar), y de una "torre" en Sanlúcar de Barrameda. Y Alejar, terreno en la provincia de Toledo, y l´Aleixar de Tarragona que ya conocemos, y  Alija del Infantado y Alija de los Melones en la provincia de León así como otros varios. Y formando parte de un nombre compuesto abundan los ejemplos, entre ellos hidrónimos de Cáceres y un caserío en Castuera, provincia de Badajoz; vayamos a uno de estos últimos, bien cerca de Castilleja y no menos bien ilustrado por la investigadora y catedrática María Dolores Gordón Peral: la rivera de Benalijar o Benalija, que hoy desagua en el embalse del Pintado, es un arroyo que nace en Alanís de la Sierra; Benalijar, arroyo en la provincia  De Sevilla, part judicial  De Cazada (debe ser Cazalla), término  Jurisdiccional de Alanis, Madoz dixit.
Gordón Peral, en De Toponimia Hispalense (Continuación), artículo de la revista Philologia, editada por la Universidad de Sevilla, nos dice que Miguel Asín Palacios en su Contribución, pág. 84, aventura un Ibn-Alhiŷar, "el de las piedras", apodo, o un Bina-Alhiŷar, "casa de las piedras", y que García de Diego López, ofreciendo, como es usual a lo largo de su Estudio, posibilidades etimológicas para todos los gustos sin dar explicación de ningún tipo (sic), expone que proviene del árabe ben "árbol" y alijar o "erial" de al-dixar, lo que resultaría en "el árbol del erial". También Asín Palacios recoge en su mencionada Contribución, páginas 57 y 64, el mismo significado de "las piedras".
María Dolores Gordón anota algo de excepcional interés para cuantos sentimos atracción por nuestro pasado: la presencia de topónimos Alija en tierras leonesas se ha querido relacionar con el desplazamiento de algunas tribus árabes desde tierras cordobesas y toledanas*, donde se encontraba el primitivo Alija de los textos árabes**, hacia tierras del norte.
* Concretamente, de la tribu beréber de Awraba, de los abrun, que, después de gobernar ´Alĭša, cayeron en desgracia y huyeron hacia el norte, donde dejarían su huella en otros topónimos (vid. Oliver Asín, Orígenes de Castilla, páginas 32-33).
** E. Terés encuentra documentada la forma Alija, además, en "el texto histórico de Ibn Hayyn cuando, al describir el curso del Tajo, afirma que este río, aguas abajo de Talavera, pasa por el Norte de la fortaleza de Alĭša, a 80 millas de Toledo, exactamente al septentrión de Córdoba" (Materiales, página 370). Justificaría la relación entre el arroyo de la sierra norte sevillana y los topónimos extremeños y leoneses en que el prefijo ben, de ibn "hijo de", puede estar formado también a base del árabe bīna "casa", con lo que significaría nuestro riachuelo "casa de Alija" (compárense los topónimos Benacazón, Benagalbón, Benahalí, que Asín Palacios recoge como compuestos de tal apelativo bīna/bena). De ser así, quizá quedaría aun más justificada la relación entre Benalija y las restantes formas con Alija de las tierras extremeñas y leonesas.

Hoy hay en Castilleja con esta denominación, según mi propio escrutinio, un mesón-restaurante, un conjunto de intérpretes de sevillanas y rumbas, una empresa, un club deportivo, un instituto de enseñanza secundaria y una plaza, llamados todos ellos así por el "Nombre que poseyó la Villa de Castilleja de la Cuesta tras ser reconquistada en 1246 por el rey Fernando III, contando con el apoyo de la Orden Militar de Santiago" (cito cierta información que aparece a la página 152 de La Villa de Castilleja de la Cuesta. Calles históricas. Juan Prieto Gordillo. Ateneo de C. de la Cta., año 2009.

El misterioso Alixar merced sobre todo a Internet se multiplica hasta límites insoportables sin que quede cronista deportivo, comentarista cofradiero, autor de blog y hasta poeta aficionado en edad escolar que no eche mano de "ello", lo que quiera que sea. Pero la pesadumbre de quien busca con afán una fuente fiable no cesa con tanto "alixarismo" desbordado, antes al contrario. Si del Castalla Talacana no existen textos árabes, habiéndonos llegado el término por los escribas cristianos de Fernando III, este Alixar que "no tuvo éxito porque algunos creyeron que dicha denominación ¡entorpecería el comercio!", como hoy hay quien asevera, no hay ni moro ni cristiano capaz de aclararlo.

A ver si te enteras ya, Cisco.

Alixar evanescente (II)


Jaime Oliver Asín intenta concretar cuatro significados del árabe al-dišār y cuatro del español alijar, que se correponden con aquéllos, no sin demostrar antes la relación fonética entre una y otra voz, que explica por la tendencia en muchos arabismos a reconstruir la palabra con su artículo árabe, perdido por la asimilación del mismo a la letra solar inicial de la palabra. Además ilustra la forma etimológica adixar, y trae a colación antiguos textos árabes, como hacen los eruditos que acabamos de ver. El primer significado de alixares es "propiedades rurales de pastos", deducido del verbo árabe que corresponde al español "apacentar" según concluye Dozy. La segunda acepción es la que tiene hoy en el Magreb: "reunión de tiendas o casas con campos que son propiedad de una reducida colectividad o tribu sin llegar a constituir población", siguiendo también a Dozy. La tercera es "cortijo" o "casa de campo", consecuencia de la evolución semántica de la primera acepción. La cuarta acepción confiesa que le desconcierta pero que no tiene más remedio que admitirla, porque al darla los moriscos granadinos en el siglo XV al P. Alcalá (Arte para ligeramente saber la lengua aráviga, Granada 1505) hay que considerarla viva en el árabe español de dicho siglo: "serranía y tierra montañosa". Para terminar, Oliver Asín corrige los errores de la Academia de la Lengua Española y de Covarrubias, una de sus fuentes; así como los de Simonet. De ambos veremos nosotros las correspondientes entradas en sus diccionarios.

Echemos una ojeada a cierta población, homónima de la nuestra en tiempos de San Fernando: se dice en www.enciclopedia.cat. que el nom sembla d'origen aràbic, al -Aisar, que voldria dir ‘el Fertilíssim' (en efecto, a l´Aleixar de Tarragona lo deriva Asín de "fértil"), i el poble provindria d'una masia àrab. 
Al juny del 1184 Alfons I donà tres parellades de terra a Ferran d'Aleixar, fet que donà impuls al repoblament. En la carta de poblament d'Alforja del 1173 apareix ja el topònim Alexarium. El 1194 l'església de l'Aleixar surt en la butlla de Celestí III.
Por otra parte, en Wikipedia en catalán, voz L´Aleixar: En 1184, el rei Alfons I va lliurar part de les terres a Ferran d'Aleixar, qui va donar nom al topònim del poble.
No parece posible que Ferran dé nombre al pueblo, cuando ya se llamaba l´Aleixar muchos años antes. Mas no hay mal (¿error, ignorancia?) que por bien no venga, porque queda abierta la investigación de un presunto apellido Aleixar, a añadir a las interpretaciones que hemos visto y que seguiremos viendo. Sigamos:


HISTORIA ET DOCUMENTA. Revista de divulgació històrica i dels fons documentals de l'Arxiu Històric Comarcal de l'Alt Camp. Valls (Alt Camp). Any VI. núm. 8. Valls, gener de 2007. Pág. 21; El crédito rural en el Camp de Tarragona. El Liber Iudeorum n.º 90 de l'Aleixar (1344-1348), presentat per TERESA ALEIXANDRE SEGURA i dirigit pel DR. FERRAN GARCIA-OLIVER. Valencia, 2003.

La teoría mas reciente propone buscar la etimología de "Aleixar" en la palabra árabe al-dawwar, de la que mas tarde derivaría la voz catalana aduar o "poblado de cabañas", interpretación que hace pensar a su autor, Pere Balañà, en la posibilidad que l'Aleixar fuera en los primeros tiempos de dominación musulmana un campamento ganadero mas o menos estable*. Y Albert Manent, en cambio, considera que el topónimo "Aleixar" procedería del término arabe al-aysar, cuyo significado no es otro que "tierra fértil"**. Sin embargo, para Jaume Massó "Aleixar" es el resultado de la adaptación a la lengua de los colonizadores cristianos de la palabra árabe al-gisar, una de cuyas acepciones es "villa"***. Del mismo modo, son muy numerosas las leyendas populares acerca de su fundación, aunque lo mas probable es que l'Aleixar comenzara su historia como comunidad cristiana edificada sobre las ruinas de una antigua fortaleza árabe.

* P. Balaña, "L´etimologia probable de l´Aleixar". Bulletí Informatiu de l´Ajuntament de l´Aleixar, 2 (febrer-maig 1984).
** A. Manent, Toponimia de l´Aleixar i el seu terme. Tarragona, 1962, pág. 62.
*** J. Masso, "Sobre el significat del topónim Aleixar: assaig d´hipotèsi". L´Aleixar: 8c centenari (1184-1984). Recull d´activitats. Tarragona, 1986. Págs. 93-95.

Alixar evanescente (I)


Aunque se ha extendido —sobre todo entre blogs en Internet— el uso de "alixeño" como gentilicio para los habitantes de la antigua Alixar, (hoy Castilleja de la Cuesta), yo prefiero la utilización de "alixareño" que, aunque más largo, mantiene la letra r que exige la lógica de la lengua: si de alixa tenemos alixeño, de alixar tendremos alixareño; además que de alijar deriva Corominas alijarar, alijarero y alijariego, ya contemplados en el diccionario de la Real Academia de la Lengua desde el año 1884. Añádase que los gentilicios en masculino, femenino y plural de cierta población catalana, l'Aleixar (El Alixar o El Alijar en castellano), de la que hablaremos en este estudio, son aleixarenc, aleixarenca, y aleixarencs, que coinciden más con alixareño, alixareña y el general alixareños que otra forma como es el aludido "alixeño".
Pero, de todas la maneras, mi utilización de "alixareño" se efectúa como con pinzas, con todos los reparos y con las máximas reservas de que soy capaz. Al final expondré el motivo.

Sobre alijar en el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico" de Pascual y Corominas vemos: ALIJAR, I, aplicado a predios rurales, viene del árabe hispano y magrebí dišār "casa de campo, aldea" (árabe ğišār, raíz ğ-š-r "apacentar"). Primera documentación en el siglo XIII? (Crón. de S. Fernando). En este diccionario se utiliza la etimología expuesta por Emilio García Gómez en un artículo de Al-Andalus, año 1934, vol. 2, número 1; y se recomienda la lectura de otro artículo, el del arabista Luis Seco de Lucena Paredes, en la misma revista, año 1951, vol. 16, número 1. Este último dice que la controversia sobre "alixar" quedó dilucidada con los trabajos de dicho Emilio García Gómez y de Jaime Oliver Asín, y que él mismo ha encontrado en documentos árabes granadinos del siglo XV los términos ŷišār y ŷišr alternando con el término dār y dišār y usados, por consiguiente, todos ellos con una misma acepción, empleada para designar fincas esparcidas por la vega de Granada, en parajes cercanos a la ciudad; extrae de Las Constituciones del Hospital Real, que fundaron los Reyes Católicos: "... la casa y molino de aceyte y huerto y tierras de darabenmordi (dār ibn al-Murdi), que es nuestra merced de le dar al monesterio de la Concepción... " donde se demuestra. De esta forma asocia alixar con finca de recreo situada fuera de la medina, unas veces en los arrabales exteriores, amparada por la cerca, y otras, a campo abierto, pero en las cercanías de la ciudad, constituida por un predio de escasa extensión, en el que se levantaba una casa señorial, residencia temporal de sus dueños, generalmente rodeada de jardines y dotada de dependencias que se usaban como graneros, molino, bodegas y para otros menesteres propios de la labranza.
Dice Seco que la etimología de alixares, según Emilio García, la explicó el poeta Ibn Zamrak cuando asegura que compuso los versos que adornaban el palacio de al-Dišār.
Y cuando al respecto cita textualmente al historiador granadino Ibn al-Jatib, en tal cita podemos leer الدور, o sea, dicho Dišār. Cortijo es el sentido que dan Federico Corriente e Ignacio Ferrando en su Diccionario avanzado de árabe, tomo I, al término egipcio دوّار con la disparidad de otras acepciones que, como es sabido, suponen el tormento de estudiosos y traductores del árabe: giratorio, rotativo; voluble, tornadizo; torbellino, remolino; ambulante; vagabundo. Y una villa, un chalé, es hoy داره .
Era en suma, una mansión de reposo, al mismo tiempo que una casa de labor; las cuales en Granada hoy día subsisten llamadas "caserías", muchas de ellas manteniendo íntegro su antiguo nombre árabe, como la Casería de Arabenal (Dār al-Binā’) o la Casería de Alcalai —del Alcalareño— (Dār al-Qal‘aī). Pero anota que esta acepción para el término casería, tiene un valor puramente local. No sabemos —finaliza— que, con el mismo significado, se use en otras poblaciones españolas, y tampoco hemos podido determinar la fecha en que fué introducida en el léxico granadino.
Para terminar con Luis Seco de Lucena dejamos una puerta abierta, que él mismo nos brinda: E. Lévi-Provençal, Le voyage d´Ibn Battuta dans le royaume de Grenade (1350), extrait des Mélanges William Marçais (París 1950), pp. 206 a 223, donde se intenta demostrar que la rábita del Liyam dió nombre al palacio de los Alixares. En esta rábita, en el declive del cerro donde se asienta el Generalife, vivía el sobrino del jeque sufí que acogió a Ibn Battuta en su viaje a Granada.
De esta forma, la rábita en cuestión ofrece otra posible interpretación de "alixar", sin explorar todavía que yo sepa.
Hay que aclarar que rábita es la versión castellana de ribat; acerca de éstos escribí en mi blog de historia de Castilleja de la Cuesta el miércoles, 9 de julio de 2008, en la entrada "Territorio y fronteras (VI)": El morabito de Castilleja —hoy ermita de Guía— era, de entre las tres clases existentes, de los del tipo ribat, los cuales por su situaciones fronterizas tenían un acusado carácter de fortificaciones militares. Eran en general edificios pequeños y cúbicos inspirados en la antigua Persia, llamados por los árabes Qubba, origen de nuestro vocablo "alcoba", o dormitorio, porque en ellos descansaban por las noches los ascetas.

Nos toca ahora extractar y comentar el mencionado estudio de Emilio García Gómez sobre el término "alixar". Empieza el Conde de los Alixares refiriéndose al ya inexistente palacio del mismo nombre en Granada, con un romance: "... En los castillos dorados, de los ricos Alixares, crecerán las yerbecillas, y se anidarán las aves, en las pintadas labores, de sus paredes de encaje...", para continuar calificando de "divertidas historias etimológicas" la interpretación de Francisco Javier Simonet y Baca, la del barón Adolfo Federico de Schack, la de Mariano Fernández Contreras, la de Seco de Lucena, la de Manuel Gómez-Moreno Martínez,  la de Leopoldo Eguílaz y Yanguas y la de los hermanos Oliver Hurtado.
Luego llega a afirmar categóricamente: No hay duda de que en la voz الدشار (que es la que utiliza Ibn Zamrak, ver supra) tenemos el nombre árabe que ha originado la denominación de Alixares, significando granjas o casas de placer.

Y por fin, invitados por Corriente, quien en su "Diccionario de arabismos y voces afines en iberorromance" da en la entrada "alixar": adixar (portugués) y alijar (castellano), caserío, cortijo, y alixar (catalán), casa de labrador morisco: del andalusí addišár, variante disimilatoria del clásico jušār, caballada.¹
1.- Esta voz fue estudiada, con la rica información documental que solía ser su mejor aportación, por Oliver, J.: «"Alijar", "alijares"» en Al-Andalus 7, págs 153-164, oigamos a Jaime Oliver Asín.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Perromaquia


He oído rumores de desahucio al taxidermista que se estableció en el pueblo; al parecer, la casa donde trabajaba, adquirida a un castillejano soltero y muy entrado en años, ahora se ofrece en pública subasta por el banco que prestó dinero para comprarla, mas nadie parece interesado por ella. Se acumulan el polvo y los insectos muertos tras las cristaleras de sus ventanas —algunas hecha añicos por las pedradas de los niños— y la pintura de su recia puerta de madera, atacada por las intensas lluvias y por el sol impío del verano, sol que desde el mediodía hasta el ocaso la desluce y cuartea, me causa una triste y desesperanzada sensación, no exenta de melancolía. Rememoro los aromas de estas viejas, entrañables puertas de casonas que, testigos del paso de mi niñez, me suscitaban infinitos vuelos de fantasías infantiles.

Nunca conocí al artesano que ejerció tan curioso como poco corriente oficio en nuestro pueblo. Mas, para mi sorpresa, la primera vez que transitamos los dos juntos, tú y yo, delante de la desconchada delantera de la añeja vivienda, frenaste en seco, encogiendo el lomo, agachando la cabeza y gañitando temeroso; y no valieron suaves y menos suaves tirones de la correa ni palabras amables o contrariadas, sino que, conmovido por tu mirada llena de aprensión, hube de acompañarte cruzando la calle y continuando, para tu tranquilidad y sosiego, el periplo por la otra acera. 

En esta dicha ocasión no atribuí al abandonado establecimiento tu extraña actitud; pero cuando a lo largo de las semanas siguientes reaccionabas de igual forma cada vez que la aleatoriedad de nuestras marchas nos conducía por aquella antigua calle castillejana hasta la casa del taxidermista, ya no abrigué duda alguna: algo invisible e inexplicable, como un muro de fuerza electromagnética, como un sonido inaudible y terrorífico, o como un frio glacial tan sutil que sólo pudiera afectar a los agudísimos sentidos de los animales, te afectaba hasta el punto de paralizar tu sistema muscular, presa del miedo más intenso que imaginarse pueda.

Acaso algún alarmante hedor de cadaverina que asociabas con algún animal enemigo natural de la raza canina flotaba en el espacio inmediato, filtrado por las rendijas del portón, flotando en el ambiente, todavía presente en la espesa atmósfera del interior lóbrego y siniestro, en las oscuras habitaciones llenas de reflejos fantasmales y sombras inquietantes, olor indetectable para el grosero sentido del olfato de los humanos pero fulminante suscitador de la explosión de terror que el acercamiento al área producía en tu organismo.

Cisco: el paso de los años, o ha borrado cualquier vestigio animal de la casa del disecador, o te ha convertido en un chucho adulto, más valiente, curtido en la azarosa existencia de los perros, aun de los que gozan de la protección y amparo de dueños excepcionales como quien esto escribe. Lo cierto y verdad es que ya paseamos la calle con total indiferencia respecto a las otras vías de Castilleja de la Cuesta.

Pero todavía una noticia que a mí ha llegado colocaría el colofón y guinda a este episodio que mentes vulgares calificarían —en justa correspondencia— de vulgar, pero que tu dueño consideró entonces, y sigue en ocasiones considerando, pórtico y entrada a un mundo donde hay que desechar  como se desechan inútiles herramientas, a las leyes de la lógica y a la realidad sensorial. La noticia figuró en un artículo de divulgación científica firmado por un tal Olegario Mastodonte en la célebre revista mensual "El Alfarafe Ilustrado"; se refiere en él a la última y genial obra de "un taxidermista castillejano" —como escribe Olegario—, cuyo boceto, rotulado "pelea de perros callejeros", había sido enviado por mano anónima al editor de la afamada publicación. Helo aquí:














martes, 6 de noviembre de 2012

Amor ahogado


Tira de la manta,
respira el relente.

Echa la palanca,
recoge el aceite.
Lleva la piragua
cerca de la gente.

Martilla la fragua,
la oreja y la frente.

Mira el Aconcagua
con la helada lente
de una ventanita
a la infancia riente.

Sube la barranca
afilando el diente.
Tira la alabarda
del terrateniente.

Chupina, mangante,
vamos hacia Oriente.
Selvática enagua
de verde caliente
que el pájaro rasga
con chillido urgente.

Las piedras temblando
bajo la corriente.

¡Chupina, chupina
de ceño valiente!
Tira de la manta,
respira el relente.