jueves, 27 de diciembre de 2012

¡¡Cisco se ha perdido!!


¡¡Cisco se ha extraviado!!

Me dirijo especialmente a la gente de Castilleja y pueblos limítrofes.

Ayer por la tarde se zafó del collar al sentir a un gato, y corriendo tras él hacia Bormujos, frente al Burguer King, ha debido desorientarse. Debe estar pasando mucho frío, aunque llevaba su abriguito (negro, con dos huesos grandes bordados en el lomo).

Gratificaré con 600 euros. Gracias por cualquier colaboración.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Ayuda de cámara

video

¡¡Con cuanta delicadeza preparas al osito para dormir la siesta, Cisco!! Servirías para trabajar en la Casa Real aderezándole el corbatín al niño de don Juan Carlos.

lunes, 3 de diciembre de 2012

En el otoño



Te abraza el tierno sol de otoño,
tu camarada interior, omnipresente,
limpio en las alturas limpias,
ser de radiación tibia y amigable,
beso sin fin, caricia inacabable.

Su barco de oro te llevará
al gran puerto conocido y añorado,
acogedor debido a su grandeza,
sin exterior, sin dorso
como una mano que se mueve
saludadora, o bandera de cristal.

La voz, la voz del sol,
entona para tí sólo una palabra
con un final que nunca acaba,
con esplendorosas letras derramadas
sobre la paz de tus párpados cerrados.

Sueña en la ola aérea que gira
remansándose en la tarde de dulzura,
y navega con el sol, querido Cisco.

Engranando lo posible en lo imposible
todo está hecho y por hacer: la noche pasada,
y la mañana que te volverá a ofrecer
su beso sin fin, su caricia inacabable.


miércoles, 28 de noviembre de 2012

Alixar evanescente (y IV)


Desgraciadamente he perdido la referencia de un artículo que exponía literalmente un comentario que determinado caballero castellano en tiempos de la Reconquista dirigía a otro, en referencia a un viaje que pensaba hacer a la recién conquistada ciudad de Sevilla. Venía a decir en esencia, ponderando a Híspalis, que la ciudad no era precisamente un alijar, porque estaba formada por suntuosas mansiones y lujosos palacios. De donde se desprende, en tal contexto, un claro sentido de miseria y pobreza para el vocablo de nuestras inquietudes. Prometo que en futuras ampliaciones de este trabajo crítico, si encuentro la mencionada publicación, la expondré al pie de la letra.

En la web del Excelentísimo Ayuntamiento no se quieren comprometer mucho con el asunto, limitándose a un "parece ser que" inocuo y nebuloso; pero sucumben así a esa tendencia a engordar documentación de tantos y tantos dedicados a la tarea de historiar, quienes optan por la cantidad más que por la calidad, propiciando indigestiones de, luego, muy difícil, si no imposible, solución. Vicio éste muy característico de mediocres profesores universitarios, agobiados bajo las instancias del ritmo de publicación de los mejores dotados. Dicen en el sitio de Internet del Concejo "alixareño": En 1.248, Fernando III el Santo conquistó los alrededores de Sevilla con el fin de poner cerco  a la ciudad hispalense. Parece ser que tras esta conquista, a Castilleja le cambian el nombre por el de Alixar; este hecho no tuvo aceptación, probablemente ante el temor de perder la identidad comercial que poseía la Villa, puerta de los productos del Aljarafe hacia Sevilla, volviéndosele a cambiar por el Castellán*, para finalmente denominarse Castilleja de la Cuesta. (El subrayado es mío).

* ¿Castellán? Exactamente Caztalla talacadar. Entre otros documentos, se ve claro en la escritura otorgada por Rodrigo Alonso al entregar el pueblo al portugués Pelay Correa, jefe de los santiaguistas y compinche del Santo para despojar a Al-Andalus de bienes raíces, muebles e inmuebles. Esta escritura fué firmada en Sevilla el 4 Agosto de 1267, y por supuesto que Rodrigo no actuaba por pura generosidad, sino que lo hizo a cambio de otras posesiones del de Santiago: Otrossi uos do la mia alearía que dizen Caztalla talacadar que es en término de Seuilla, assi commo me la dio el Rey don Alffonso. Et otorgo de uos dar priuilegios, z cartas quantas me dio el Rey con todo éste donadío sobredicho, z ésta alearía sobredicha parte con Camas z con Barreuaniz, z con Parchena, z con Genis, z con Mormuios, z con Baldogina, z con Tomares, z con Alphonzína; por éstos términos, z por éstos linderos es conoscuda ésta alcaria sobredicha, z do uos todo ésto sobredicho a uos maestre z a uuestra Orden assi commo sobredicho es, pora camiar & como de lo uestro mismo.

¿Que Gines tiene un pasado romano perfectamente atestiguado tanto por la ciencia de la arqueología como por los textos latinos de la época? ¿que San Juan de Aznalfarache posee muchísima más probabilidad que nosotros de haber sido Ucia y/u Osset Julia Constantia? ¿que Castilleja de Guzmán tiene enterramientos del Neolítico? ¿que también los tiene Valencina, además de que hacían figuritas con marfil asiático desde hace 4.500 años? ¿que Camas es la cuna del santuario del Carambolo? No importa. Cálmate  estimado perro. Aquí hacemos un aliño de fantasías religiosas, verdades cojas, rellenos de prisas y orgullo cateto, con la esperanza de que algún primo que cruce el término se deje unas monedas comprándonos cualquier mamarrachada.

Dan ganas de colgar por la Villa aljarafeña (¡ojo! no "aljefeña") a modo de señal de tráfico, reproducciones reflectantes del mismo cartel que los administradores de Wikipedia han colgado en el artículo "Castilleja de la Cuesta" de dicha enciclopedia digital:
Este artículo o sección (que deberíamos cambiar por "ESTE PUEBLO Y SU HISTORIA") necesita referencias que aparezcan en una publicación acreditada, como revistas especializadas, monografías, prensa diaria o páginas de Internet fidedignas.

martes, 27 de noviembre de 2012

Alixar evanescente (III)


Teresa Aleixandre Segura me recuerda con su apuntado origen de fortaleza árabe a Castilleja, de la que se ha dicho lo mismo con ni una coma más. No aporta nada nuevo por otra parte, excepto los estudios de Balaña y Masso, que espero conseguir leer prontamente. Se dice que en la obra "Apellidos Catalanes. Heráldica de Cataluña" de Augusto Cuartas, está recogido el apellido Aleixar, con su etimología; lo apunto como tarea pendiente para redondear este ensayo sobre el nombre Alixar aplicado a Castilleja de la Cuesta.

Y aquí, vuelvo a Corominas.
Quien tilda de inaceptable la interpretación de Eguílaz (šá‘ra, "bosque", "jara"). Éste dice exactamente en su Glosario etimológico de las palabras españolas de origen oriental. Eguílaz. Granada, 1886.    voz Alijar, alixar. Terreno inculto. Acad. De الشعرة "silva" en R. Martin.
Pone de relieve Corominas la errónea traducción de Covarrubias. Y por si la cosa no estuviese suficientemente embrollada, cita a M. P., en Cultura Española, 1905, VI, 1109-1110: No sé si tiene relación con alijar el a. aragonés achár o la char "entrada de un predio", que Rohlfs ASNSL CLXIX, 158, piensa en relacionar con el vasco sarrte (sic) "entrada".
Veamos al autor del Tesoro de la lengua: ALIJARES: Vale tanto como exidos y salidas espaciosas de los pueblos a donde suele la gente salir a recrearse y holgarse; dizen ser palabra turquesca y que en aquella lengua aldixari vale tanto como el fuera o el defuera. Diego de Urrea dize sinificar lugar de trato y comercio, y en su terminación es ixarun, del verbo axere, que sinifica juntarse la gente en paz a conversar y tomar solaz; y de allí llamaron al número diez los árabes axere*, porque en él concurren y se rematan las unidades y hazen el número de muchos, y en los exidos se junta el pueblo las fiestas.
* En efecto,  عشر .

Sobre el vasco "sarrera", Elhuyar Hiztegia nos ofrecen seis acepciones en euskera: 1ª, entrada (del verbo entrar); 2ª, entrada, acceso, puerta de entrada; 3ª, entrada, billete, invitación; 4ª, introducción, prólogo, preludio; 5ª, entrada (de una enciclopedia, de un diccionario); y 6ª, entrada (en informática e Internet).

Giremos una visita a Francisco Javier Simonet, tan traído y llevado por los insignes arabistas cuyos estudios hemos expuesto. Dice Simonet en el Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los mozárabes: AL-IXÁR, antiguo castellano. Ejido.- Castellano, alijar y ejido (ver Dic. Ac. y Cov.), antiguo castellano y portugués exido, valenciano eixido, del verbo latín exire, antiguo castellano ixir, antiguo castellano, catalán y valenciano exir, valenciano eixir, provenzal y antiguo francés eissir, issir, italiano escire y uscire (F. Diez, en su Etymologisches Wörterbuch der romanischen sprachen, I, 164). Del mismo origen son probablemente los nombres geográficos Aleixár, provincia de Tarragona; Alejar, (antigua Alexar y en las escrituras mozárabes toledanas Alechxár, الجشار), provincia de Toledo; los Alixáres, célebre alcázar situado en los ejidos o afueras de la antigua población de la Alhambra, y finalmente Ijxárex, y con artículo Al-ijxárex الاخشارش, que los autores y escrituras árabes dan a cierto barrio de Granada, llamado también por corrupción Axáres y Haxáriz, que probablemente se llamó así por hallarse en los alijares o ejidos del Albaicin, o acaso de la antigua Iliberri, sobre la orilla derecha del río Darro.

Madoz ofrece extensa lista de topónimos al respecto: Alijar, nombre de un cortijo en Jerez de la Frontera (también en http://cadizpedia.wikanda.es/wiki/Alijar), y de una "torre" en Sanlúcar de Barrameda. Y Alejar, terreno en la provincia de Toledo, y l´Aleixar de Tarragona que ya conocemos, y  Alija del Infantado y Alija de los Melones en la provincia de León así como otros varios. Y formando parte de un nombre compuesto abundan los ejemplos, entre ellos hidrónimos de Cáceres y un caserío en Castuera, provincia de Badajoz; vayamos a uno de estos últimos, bien cerca de Castilleja y no menos bien ilustrado por la investigadora y catedrática María Dolores Gordón Peral: la rivera de Benalijar o Benalija, que hoy desagua en el embalse del Pintado, es un arroyo que nace en Alanís de la Sierra; Benalijar, arroyo en la provincia  De Sevilla, part judicial  De Cazada (debe ser Cazalla), término  Jurisdiccional de Alanis, Madoz dixit.
Gordón Peral, en De Toponimia Hispalense (Continuación), artículo de la revista Philologia, editada por la Universidad de Sevilla, nos dice que Miguel Asín Palacios en su Contribución, pág. 84, aventura un Ibn-Alhiŷar, "el de las piedras", apodo, o un Bina-Alhiŷar, "casa de las piedras", y que García de Diego López, ofreciendo, como es usual a lo largo de su Estudio, posibilidades etimológicas para todos los gustos sin dar explicación de ningún tipo (sic), expone que proviene del árabe ben "árbol" y alijar o "erial" de al-dixar, lo que resultaría en "el árbol del erial". También Asín Palacios recoge en su mencionada Contribución, páginas 57 y 64, el mismo significado de "las piedras".
María Dolores Gordón anota algo de excepcional interés para cuantos sentimos atracción por nuestro pasado: la presencia de topónimos Alija en tierras leonesas se ha querido relacionar con el desplazamiento de algunas tribus árabes desde tierras cordobesas y toledanas*, donde se encontraba el primitivo Alija de los textos árabes**, hacia tierras del norte.
* Concretamente, de la tribu beréber de Awraba, de los abrun, que, después de gobernar ´Alĭša, cayeron en desgracia y huyeron hacia el norte, donde dejarían su huella en otros topónimos (vid. Oliver Asín, Orígenes de Castilla, páginas 32-33).
** E. Terés encuentra documentada la forma Alija, además, en "el texto histórico de Ibn Hayyn cuando, al describir el curso del Tajo, afirma que este río, aguas abajo de Talavera, pasa por el Norte de la fortaleza de Alĭša, a 80 millas de Toledo, exactamente al septentrión de Córdoba" (Materiales, página 370). Justificaría la relación entre el arroyo de la sierra norte sevillana y los topónimos extremeños y leoneses en que el prefijo ben, de ibn "hijo de", puede estar formado también a base del árabe bīna "casa", con lo que significaría nuestro riachuelo "casa de Alija" (compárense los topónimos Benacazón, Benagalbón, Benahalí, que Asín Palacios recoge como compuestos de tal apelativo bīna/bena). De ser así, quizá quedaría aun más justificada la relación entre Benalija y las restantes formas con Alija de las tierras extremeñas y leonesas.

Hoy hay en Castilleja con esta denominación, según mi propio escrutinio, un mesón-restaurante, un conjunto de intérpretes de sevillanas y rumbas, una empresa, un club deportivo, un instituto de enseñanza secundaria y una plaza, llamados todos ellos así por el "Nombre que poseyó la Villa de Castilleja de la Cuesta tras ser reconquistada en 1246 por el rey Fernando III, contando con el apoyo de la Orden Militar de Santiago" (cito cierta información que aparece a la página 152 de La Villa de Castilleja de la Cuesta. Calles históricas. Juan Prieto Gordillo. Ateneo de C. de la Cta., año 2009.

El misterioso Alixar merced sobre todo a Internet se multiplica hasta límites insoportables sin que quede cronista deportivo, comentarista cofradiero, autor de blog y hasta poeta aficionado en edad escolar que no eche mano de "ello", lo que quiera que sea. Pero la pesadumbre de quien busca con afán una fuente fiable no cesa con tanto "alixarismo" desbordado, antes al contrario. Si del Castalla Talacana no existen textos árabes, habiéndonos llegado el término por los escribas cristianos de Fernando III, este Alixar que "no tuvo éxito porque algunos creyeron que dicha denominación ¡entorpecería el comercio!", como hoy hay quien asevera, no hay ni moro ni cristiano capaz de aclararlo.

A ver si te enteras ya, Cisco.

Alixar evanescente (II)


Jaime Oliver Asín intenta concretar cuatro significados del árabe al-dišār y cuatro del español alijar, que se correponden con aquéllos, no sin demostrar antes la relación fonética entre una y otra voz, que explica por la tendencia en muchos arabismos a reconstruir la palabra con su artículo árabe, perdido por la asimilación del mismo a la letra solar inicial de la palabra. Además ilustra la forma etimológica adixar, y trae a colación antiguos textos árabes, como hacen los eruditos que acabamos de ver. El primer significado de alixares es "propiedades rurales de pastos", deducido del verbo árabe que corresponde al español "apacentar" según concluye Dozy. La segunda acepción es la que tiene hoy en el Magreb: "reunión de tiendas o casas con campos que son propiedad de una reducida colectividad o tribu sin llegar a constituir población", siguiendo también a Dozy. La tercera es "cortijo" o "casa de campo", consecuencia de la evolución semántica de la primera acepción. La cuarta acepción confiesa que le desconcierta pero que no tiene más remedio que admitirla, porque al darla los moriscos granadinos en el siglo XV al P. Alcalá (Arte para ligeramente saber la lengua aráviga, Granada 1505) hay que considerarla viva en el árabe español de dicho siglo: "serranía y tierra montañosa". Para terminar, Oliver Asín corrige los errores de la Academia de la Lengua Española y de Covarrubias, una de sus fuentes; así como los de Simonet. De ambos veremos nosotros las correspondientes entradas en sus diccionarios.

Echemos una ojeada a cierta población, homónima de la nuestra en tiempos de San Fernando: se dice en www.enciclopedia.cat. que el nom sembla d'origen aràbic, al -Aisar, que voldria dir ‘el Fertilíssim' (en efecto, a l´Aleixar de Tarragona lo deriva Asín de "fértil"), i el poble provindria d'una masia àrab. 
Al juny del 1184 Alfons I donà tres parellades de terra a Ferran d'Aleixar, fet que donà impuls al repoblament. En la carta de poblament d'Alforja del 1173 apareix ja el topònim Alexarium. El 1194 l'església de l'Aleixar surt en la butlla de Celestí III.
Por otra parte, en Wikipedia en catalán, voz L´Aleixar: En 1184, el rei Alfons I va lliurar part de les terres a Ferran d'Aleixar, qui va donar nom al topònim del poble.
No parece posible que Ferran dé nombre al pueblo, cuando ya se llamaba l´Aleixar muchos años antes. Mas no hay mal (¿error, ignorancia?) que por bien no venga, porque queda abierta la investigación de un presunto apellido Aleixar, a añadir a las interpretaciones que hemos visto y que seguiremos viendo. Sigamos:


HISTORIA ET DOCUMENTA. Revista de divulgació històrica i dels fons documentals de l'Arxiu Històric Comarcal de l'Alt Camp. Valls (Alt Camp). Any VI. núm. 8. Valls, gener de 2007. Pág. 21; El crédito rural en el Camp de Tarragona. El Liber Iudeorum n.º 90 de l'Aleixar (1344-1348), presentat per TERESA ALEIXANDRE SEGURA i dirigit pel DR. FERRAN GARCIA-OLIVER. Valencia, 2003.

La teoría mas reciente propone buscar la etimología de "Aleixar" en la palabra árabe al-dawwar, de la que mas tarde derivaría la voz catalana aduar o "poblado de cabañas", interpretación que hace pensar a su autor, Pere Balañà, en la posibilidad que l'Aleixar fuera en los primeros tiempos de dominación musulmana un campamento ganadero mas o menos estable*. Y Albert Manent, en cambio, considera que el topónimo "Aleixar" procedería del término arabe al-aysar, cuyo significado no es otro que "tierra fértil"**. Sin embargo, para Jaume Massó "Aleixar" es el resultado de la adaptación a la lengua de los colonizadores cristianos de la palabra árabe al-gisar, una de cuyas acepciones es "villa"***. Del mismo modo, son muy numerosas las leyendas populares acerca de su fundación, aunque lo mas probable es que l'Aleixar comenzara su historia como comunidad cristiana edificada sobre las ruinas de una antigua fortaleza árabe.

* P. Balaña, "L´etimologia probable de l´Aleixar". Bulletí Informatiu de l´Ajuntament de l´Aleixar, 2 (febrer-maig 1984).
** A. Manent, Toponimia de l´Aleixar i el seu terme. Tarragona, 1962, pág. 62.
*** J. Masso, "Sobre el significat del topónim Aleixar: assaig d´hipotèsi". L´Aleixar: 8c centenari (1184-1984). Recull d´activitats. Tarragona, 1986. Págs. 93-95.

Alixar evanescente (I)


Aunque se ha extendido —sobre todo entre blogs en Internet— el uso de "alixeño" como gentilicio para los habitantes de la antigua Alixar, (hoy Castilleja de la Cuesta), yo prefiero la utilización de "alixareño" que, aunque más largo, mantiene la letra r que exige la lógica de la lengua: si de alixa tenemos alixeño, de alixar tendremos alixareño; además que de alijar deriva Corominas alijarar, alijarero y alijariego, ya contemplados en el diccionario de la Real Academia de la Lengua desde el año 1884. Añádase que los gentilicios en masculino, femenino y plural de cierta población catalana, l'Aleixar (El Alixar o El Alijar en castellano), de la que hablaremos en este estudio, son aleixarenc, aleixarenca, y aleixarencs, que coinciden más con alixareño, alixareña y el general alixareños que otra forma como es el aludido "alixeño".
Pero, de todas la maneras, mi utilización de "alixareño" se efectúa como con pinzas, con todos los reparos y con las máximas reservas de que soy capaz. Al final expondré el motivo.

Sobre alijar en el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico" de Pascual y Corominas vemos: ALIJAR, I, aplicado a predios rurales, viene del árabe hispano y magrebí dišār "casa de campo, aldea" (árabe ğišār, raíz ğ-š-r "apacentar"). Primera documentación en el siglo XIII? (Crón. de S. Fernando). En este diccionario se utiliza la etimología expuesta por Emilio García Gómez en un artículo de Al-Andalus, año 1934, vol. 2, número 1; y se recomienda la lectura de otro artículo, el del arabista Luis Seco de Lucena Paredes, en la misma revista, año 1951, vol. 16, número 1. Este último dice que la controversia sobre "alixar" quedó dilucidada con los trabajos de dicho Emilio García Gómez y de Jaime Oliver Asín, y que él mismo ha encontrado en documentos árabes granadinos del siglo XV los términos ŷišār y ŷišr alternando con el término dār y dišār y usados, por consiguiente, todos ellos con una misma acepción, empleada para designar fincas esparcidas por la vega de Granada, en parajes cercanos a la ciudad; extrae de Las Constituciones del Hospital Real, que fundaron los Reyes Católicos: "... la casa y molino de aceyte y huerto y tierras de darabenmordi (dār ibn al-Murdi), que es nuestra merced de le dar al monesterio de la Concepción... " donde se demuestra. De esta forma asocia alixar con finca de recreo situada fuera de la medina, unas veces en los arrabales exteriores, amparada por la cerca, y otras, a campo abierto, pero en las cercanías de la ciudad, constituida por un predio de escasa extensión, en el que se levantaba una casa señorial, residencia temporal de sus dueños, generalmente rodeada de jardines y dotada de dependencias que se usaban como graneros, molino, bodegas y para otros menesteres propios de la labranza.
Dice Seco que la etimología de alixares, según Emilio García, la explicó el poeta Ibn Zamrak cuando asegura que compuso los versos que adornaban el palacio de al-Dišār.
Y cuando al respecto cita textualmente al historiador granadino Ibn al-Jatib, en tal cita podemos leer الدور, o sea, dicho Dišār. Cortijo es el sentido que dan Federico Corriente e Ignacio Ferrando en su Diccionario avanzado de árabe, tomo I, al término egipcio دوّار con la disparidad de otras acepciones que, como es sabido, suponen el tormento de estudiosos y traductores del árabe: giratorio, rotativo; voluble, tornadizo; torbellino, remolino; ambulante; vagabundo. Y una villa, un chalé, es hoy داره .
Era en suma, una mansión de reposo, al mismo tiempo que una casa de labor; las cuales en Granada hoy día subsisten llamadas "caserías", muchas de ellas manteniendo íntegro su antiguo nombre árabe, como la Casería de Arabenal (Dār al-Binā’) o la Casería de Alcalai —del Alcalareño— (Dār al-Qal‘aī). Pero anota que esta acepción para el término casería, tiene un valor puramente local. No sabemos —finaliza— que, con el mismo significado, se use en otras poblaciones españolas, y tampoco hemos podido determinar la fecha en que fué introducida en el léxico granadino.
Para terminar con Luis Seco de Lucena dejamos una puerta abierta, que él mismo nos brinda: E. Lévi-Provençal, Le voyage d´Ibn Battuta dans le royaume de Grenade (1350), extrait des Mélanges William Marçais (París 1950), pp. 206 a 223, donde se intenta demostrar que la rábita del Liyam dió nombre al palacio de los Alixares. En esta rábita, en el declive del cerro donde se asienta el Generalife, vivía el sobrino del jeque sufí que acogió a Ibn Battuta en su viaje a Granada.
De esta forma, la rábita en cuestión ofrece otra posible interpretación de "alixar", sin explorar todavía que yo sepa.
Hay que aclarar que rábita es la versión castellana de ribat; acerca de éstos escribí en mi blog de historia de Castilleja de la Cuesta el miércoles, 9 de julio de 2008, en la entrada "Territorio y fronteras (VI)": El morabito de Castilleja —hoy ermita de Guía— era, de entre las tres clases existentes, de los del tipo ribat, los cuales por su situaciones fronterizas tenían un acusado carácter de fortificaciones militares. Eran en general edificios pequeños y cúbicos inspirados en la antigua Persia, llamados por los árabes Qubba, origen de nuestro vocablo "alcoba", o dormitorio, porque en ellos descansaban por las noches los ascetas.

Nos toca ahora extractar y comentar el mencionado estudio de Emilio García Gómez sobre el término "alixar". Empieza el Conde de los Alixares refiriéndose al ya inexistente palacio del mismo nombre en Granada, con un romance: "... En los castillos dorados, de los ricos Alixares, crecerán las yerbecillas, y se anidarán las aves, en las pintadas labores, de sus paredes de encaje...", para continuar calificando de "divertidas historias etimológicas" la interpretación de Francisco Javier Simonet y Baca, la del barón Adolfo Federico de Schack, la de Mariano Fernández Contreras, la de Seco de Lucena, la de Manuel Gómez-Moreno Martínez,  la de Leopoldo Eguílaz y Yanguas y la de los hermanos Oliver Hurtado.
Luego llega a afirmar categóricamente: No hay duda de que en la voz الدشار (que es la que utiliza Ibn Zamrak, ver supra) tenemos el nombre árabe que ha originado la denominación de Alixares, significando granjas o casas de placer.

Y por fin, invitados por Corriente, quien en su "Diccionario de arabismos y voces afines en iberorromance" da en la entrada "alixar": adixar (portugués) y alijar (castellano), caserío, cortijo, y alixar (catalán), casa de labrador morisco: del andalusí addišár, variante disimilatoria del clásico jušār, caballada.¹
1.- Esta voz fue estudiada, con la rica información documental que solía ser su mejor aportación, por Oliver, J.: «"Alijar", "alijares"» en Al-Andalus 7, págs 153-164, oigamos a Jaime Oliver Asín.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Perromaquia


He oído rumores de desahucio al taxidermista que se estableció en el pueblo; al parecer, la casa donde trabajaba, adquirida a un castillejano soltero y muy entrado en años, ahora se ofrece en pública subasta por el banco que prestó dinero para comprarla, mas nadie parece interesado por ella. Se acumulan el polvo y los insectos muertos tras las cristaleras de sus ventanas —algunas hecha añicos por las pedradas de los niños— y la pintura de su recia puerta de madera, atacada por las intensas lluvias y por el sol impío del verano, sol que desde el mediodía hasta el ocaso la desluce y cuartea, me causa una triste y desesperanzada sensación, no exenta de melancolía. Rememoro los aromas de estas viejas, entrañables puertas de casonas que, testigos del paso de mi niñez, me suscitaban infinitos vuelos de fantasías infantiles.

Nunca conocí al artesano que ejerció tan curioso como poco corriente oficio en nuestro pueblo. Mas, para mi sorpresa, la primera vez que transitamos los dos juntos, tú y yo, delante de la desconchada delantera de la añeja vivienda, frenaste en seco, encogiendo el lomo, agachando la cabeza y gañitando temeroso; y no valieron suaves y menos suaves tirones de la correa ni palabras amables o contrariadas, sino que, conmovido por tu mirada llena de aprensión, hube de acompañarte cruzando la calle y continuando, para tu tranquilidad y sosiego, el periplo por la otra acera. 

En esta dicha ocasión no atribuí al abandonado establecimiento tu extraña actitud; pero cuando a lo largo de las semanas siguientes reaccionabas de igual forma cada vez que la aleatoriedad de nuestras marchas nos conducía por aquella antigua calle castillejana hasta la casa del taxidermista, ya no abrigué duda alguna: algo invisible e inexplicable, como un muro de fuerza electromagnética, como un sonido inaudible y terrorífico, o como un frio glacial tan sutil que sólo pudiera afectar a los agudísimos sentidos de los animales, te afectaba hasta el punto de paralizar tu sistema muscular, presa del miedo más intenso que imaginarse pueda.

Acaso algún alarmante hedor de cadaverina que asociabas con algún animal enemigo natural de la raza canina flotaba en el espacio inmediato, filtrado por las rendijas del portón, flotando en el ambiente, todavía presente en la espesa atmósfera del interior lóbrego y siniestro, en las oscuras habitaciones llenas de reflejos fantasmales y sombras inquietantes, olor indetectable para el grosero sentido del olfato de los humanos pero fulminante suscitador de la explosión de terror que el acercamiento al área producía en tu organismo.

Cisco: el paso de los años, o ha borrado cualquier vestigio animal de la casa del disecador, o te ha convertido en un chucho adulto, más valiente, curtido en la azarosa existencia de los perros, aun de los que gozan de la protección y amparo de dueños excepcionales como quien esto escribe. Lo cierto y verdad es que ya paseamos la calle con total indiferencia respecto a las otras vías de Castilleja de la Cuesta.

Pero todavía una noticia que a mí ha llegado colocaría el colofón y guinda a este episodio que mentes vulgares calificarían —en justa correspondencia— de vulgar, pero que tu dueño consideró entonces, y sigue en ocasiones considerando, pórtico y entrada a un mundo donde hay que desechar  como se desechan inútiles herramientas, a las leyes de la lógica y a la realidad sensorial. La noticia figuró en un artículo de divulgación científica firmado por un tal Olegario Mastodonte en la célebre revista mensual "El Alfarafe Ilustrado"; se refiere en él a la última y genial obra de "un taxidermista castillejano" —como escribe Olegario—, cuyo boceto, rotulado "pelea de perros callejeros", había sido enviado por mano anónima al editor de la afamada publicación. Helo aquí:














martes, 6 de noviembre de 2012

Amor ahogado


Tira de la manta,
respira el relente.

Echa la palanca,
recoge el aceite.
Lleva la piragua
cerca de la gente.

Martilla la fragua,
la oreja y la frente.

Mira el Aconcagua
con la helada lente
de una ventanita
a la infancia riente.

Sube la barranca
afilando el diente.
Tira la alabarda
del terrateniente.

Chupina, mangante,
vamos hacia Oriente.
Selvática enagua
de verde caliente
que el pájaro rasga
con chillido urgente.

Las piedras temblando
bajo la corriente.

¡Chupina, chupina
de ceño valiente!
Tira de la manta,
respira el relente.

viernes, 5 de octubre de 2012

Esperpento valleinclanesco


Otro conflicto, Cisco. Tú, desde tu mente abstraída en aromas y sonidos, ni te percataste. Resulta que íbamos esta mañana de paseo, saliendo al campo desde el barrio aledaño a Los Altos de Castilleja, cuando detectaste en la acera un excremento de can, de tantos como por allí depositan los perros de varios vecinos descuidados, que dejan a sus animales sueltos por aquellas calles durante la mayor parte del día, lo que es público y notorio.
Como tienes por costumbre, me detuviste mientras olisqueabas aquella reseca porquería y yo, ya hecho a tu escatológica conducta, esperé con paciencia a que terminara tu análisis. Pasaba un automóvil entonces, y me quedé observando a su conductora, una muchacha de rostro carnoso y pálido, con gafas ahumadas y el pelo liso peinado en moño, a la que no reconocí y que en ningún momento miró hacia nosotros. El coche siguió calle adelante casi hasta su final donde se abre el olivar de Gines y tú y yo, acabado dicho minucioso examen de porquería, continuamos en la misma dirección. Entonces, y después de haber avanzado más de cincuenta metros —esto es importante por lo que se verá— la mujer dió marcha atrás, se detuvo a nuestro lado y por la ventanilla farfulló algo que no entendí, limitándome a sonreirle como un bobo, a la espera —según suelo hacer— de cerciorarme de las intenciones de los conductores despistados que alguna que otra vez se dirigen a mí en busca de orientación. Y es que, querido perro, hay mucho gamberreo al volante, y ya estoy algo escarmentado. Con los automovilistas preguntones es mejor saber a qué atenerse. Bien.
Pronto se aclaró la cuestión. La del volante acaso se sintió ofendida por mi mutismo, y me instó a que recogiera un supuesto excremento que, según ella, tú habías evacuado. En seguida comprendí que mi falta de atención ante su pregunta la había molestado y que su intención vengativa era amargarme el paseo un poco, mas no obstante le arguí caballerosamente que debía estar confundida, porque aquel excremento perruno no era tuyo. De lo que yo estaba seguro.
La mujer, a cada momento más enervada según me pareció, argumentaba que lo había visto por el espejo retrovisor ¡a cincuenta metros!, y yo en mis trece, que más seguro estaba yo de lo que pudiera estarlo ella a tanta distancia.
Y siguieron los insultos a vivas voces, siempre desde el interior del coche: "guarro", "te voy a poner la mierda en la cabeza", alternando con amenazas de denuncia.
El paroxismo lo alcanzó cuando, sacando el móvil y mediante un burdo teatro intentando darme a entender que era policía, dijo que iba a llamar a su compañero, que me identificara, repitió que me iba a denunciar, y que me seguiría con su automóvil —ya que yo, insistiendo en mi inocencia, había emprendido el camino tirando de tu correa—. Le respondí que era mejor que lo aparcara si decidía venir tras nosotros, porque íbamos a ir por el campo. Fué peor. Arreció con sus "¡¡guarro!!" a grito pelado, cuando con alivio ví a un joven con aspecto de estudiante que bajaba por la calle, al cual llamé la atención para que reparara en el tratamiento a que me sometía la joven. Contemplando que en último extremo —pensé— podría servirme de testigo. El joven asintió con la cabeza y siguió caminando. Más adelante había una pareja ya entrada en años afanada en la carga o descarga del portamaletas de otro coche, a la cual y con la misma intención les hice notar la energúmena que me seguía, vociferando desde el volante. Estos dos, aunque miraron, no se dignaron de hacerme ni un gesto de apercibimiento, y los dejé atendiendo las explicaciones de la desaforada automovilista, que erre que erre intentaba soliviantar contra mí al barrio entero.
Ahí ya me perdí contigo en la esquina, ya frente al campo abierto, pero... ¡oh, sorpresa inesperada!. Oigo una voz de hombre que, cual eco fiel, repetía el "guarro" de la automovilista y, picado por la curiosidad, vuelvo la cabeza y distingo junto a la pareja de aquellos potenciales testigos a otro sujeto, como de cuarenta años, robusto, (¿hijo de los susodichos?) que me increpa con "te voy a pelar" y "no vengas más por aquí".

No me voy a detener en análisis socio-políticos ni en interpretaciones psicologistas.

Este ejercicio descriptivo quizá sirva a algún paseante de perro para saber a qué atenerse ante conflictos vecinales en los que una parte grita e insulta, y la otra no tiene más remedio que, en previsión de males mayores, "agachar la cabeza y tragar saliva", como con gran sabiduría decía mi padre.

En entrada futura relataré, Cisco amado, otra situación con el mismo argumento e igual desarrollo esperpéntico, ocurrida en el centro de nuestro pueblo de Castilleja de la Cuesta.

jueves, 30 de agosto de 2012

Pensamiento centrífugo

¡Ah, los clásicos rebaños de ovejas, con su pastor hondero y sus perros guardianes!
Hace algún tiempo ví por la Vega sevillana uno de ellos, desde la ventana del autobús que me traía a Castilleja. Era una mañana clara, despejada. Progresaban los cuadrúpedos lanudos por la margen derecha del río, ocupando toda la Vía Verde Metropolitana, y el cuidador usó su honda con precisión para agrupar a varios animales que se habían separado. Un perro de porte vulgar saltó como un resorte hacia los díscolos, ladrando escandalosamente. El rebaño volvió a ser en pocos segundos lo que era: un manchón blancuzco, extenso y compacto, apretado, que avanzaba adaptándose a las irregularidades del terreno, hundiéndose en las depresiones, elevándose en las protuberancias, casi ahogando los tallos de algún aislado matorral, el tronco de algún árbol solitario; parecía un solo organismo, algo vivo e insidioso, como una gran manta marina de contornos siempre variables navegando por la explanada polvorienta. O un cirro plástico que había tomado tierra, exahusto de flotar en la alta pureza aérea.
En el interior del autobús, más que oirse se adivinaban los balidos insistentes de las ovejas, ansiosas por llegar al pasto.
Me llamó la atención el hondero, querido Cisco; el grácil giro que imprimió a su tosco utensilio de amplísimo radio, la aceleración centelleante de las tirantas de cuero como una hélice de acero pulido, la masa oscura del proyectil, el disparo ineludible.
La honda logra una de las más palpables materializaciones de la fuerza centrífuga. Me sentí un poco piedra yo también cuando el vehículo tomó la serpenteante Cuesta del Caracol subiendo la cornisa aljarafeña. 
El hombre supo deducir una útil abstracción matemática descomponiendo las fuerzas que intervienen en el giro de los cuerpos, en sus movimientos circulares o curvos. La fuga del centro, o centrifugacidad, fué anatomizada, desarmada en sus componentes y congelada eternamente en fórmulas aritméticas; la masa del móvil, el radio de su trayectoria, la aceleración de su velocidad, la gravedad de la tierra; o variables más sutiles, como la resistencia al rozamiento del aire e incluso la humedad y la temperatura de éste, fueron estudiadas con vistas a calcular unos valores conociendo otros. Todo lo cual tuvo grandes aplicaciones prácticas, y a cierta escala nadie duda de sus beneficios, pero el filósofo no se conforma y deja volar su imaginación, girando sobre la superficie de la Tierra, mientras lo hace alrededor del Sol; éste se mueve helicoidalmente —arrastrando a todo su Sistema Planetario— hacia el Norte de la Galaxia, y ésta también viaja dentro del Cúmulo, el cual se desplaza asimismo, etc., etc., etc.
De forma que nuestras geniales fórmulas matemáticas sobre el movimiento centrífugo quedan diluídas en un sistema general de desplazamientos vertiginosos que se anulan y contradicen unos a los otros. Recuerdo un ejercicio que nos proponía en la Universidad cierta profesora de filosofía: si desde la cofa de un navío en movimiento se deja caer una manzana hasta la cubierta, ¿dónde cae? ¿dónde lo vé caer el vigía? ¿donde un espectador en la playa? ¿donde un marinero del barco?; y yo contesté al dictado de una corazonada, intuitivamente: "cae en todas partes". En el aula nadie dijo nada, aunque podían haber estallado en carcajadas, o felicitarme por mi clarividencia...
Había un problema con finalidad didáctica de la misma índole: una pulga que corre por el lomo de un perro, que corre por el techo de un vagón de tren, que corre por la vía ... 
En el Todo se diluye todo, el pensamiento aboca al nirvana, un segundo —el presente— es parte de la Eternidad, nada empieza ni acaba si no es en nuestro sueño insustancial, no existen ni la muerte ni la vida. La Creación es un absurdo, un camelo de vagos mentales, una chiquillada, un engaño de nuestro cerebro que cree ver principios y finales de eventos donde no existen ni pueden existir eventos mensurables. Porque nada se puede medir, ni pesar, ni contar, ni percibir a ciencia cierta con nuestros sentidos corporales. Porque una abstracción matemática es una fantasmagoría ya desde la base, desde la Unidad, desde ese guarismo ridículo que caricaturiza al Todo como Uno que es tal Todo.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Los perros de London


En los relatos de Jack London sobre la fiebre del oro en el Yukón, que en estos rigores caniculares me alivian las tardes y las noches, Cisco, pululan los perros como tú. Como tú en cuanto a cuatro patas, rabo, hocico y demás, pero infinitamente más sufrientes, más víctimas del perverso encanallamiento que poseyó a aquellos mineros.
De todos los modos llego yo ahora, que te tengo, a la intrépida conclusión de que para "sentir" dichos relatos hay que convivir con un can, compartir el hogar con uno. De aquellos humanos que no os poseen, que os ignoran, siempre he pensado que son seres incompletos, por acabar, medio personas; y ahora añado que están incapacitados para emocionarse, para interpretar someramente siquiera las extraordinarias páginas que elaboró este escritor norteamericano. En cada perro y aún en cada lobo dibujado por la perfectísima pluma de London te me representas tú, como en una calcomanía iluminada.
Debieron ser las hojas en blanco para él, al empezarlas, como los infinitos paisajes albos del Ártico —que había paseado años antes—; los hombres atormentados que en sus narraciones los cruzan y recruzan, medidos por sí mismo —ya lo dijo el griego: "el hombre es la medida de todas las cosas"—; y los duros perros arrastradores de trineos, debieron ser para él, fuente eterna de divina inspiración.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Accidentes


Actualicemos, querido perro.
Ayer, yendo de paseo sin decir ni hacer nada por lo que hubiéramos de temer mal alguno, un pequeño diablo negro, disparado por la acera desde uno de los chalés que habíamos dejado atrás, se te avalanzó a dentelladas, sin que yo tuviera ni tiempo ni reflejos para alzarte en mis brazos y ponerte a salvo del ataque. De inmediato su dueño, un joven, apareció tras de él, intentando agarrarlo en sus evoluciones demoníacas mientras yo casi perdía el equilibrio. Se había escapado en un descuido. El joven le lanzó un puntapié, alcanzándole en el lomo, pero ello no impidió que te diese un mordisco en el nacimiento de la cola:
—¿Le ha hecho algo?
—No creo —contesté apresuradamente. Y ahí quedó todo.
En efecto, una detenida revisión entre tus pelos mostró que no tenías ni señal. Bueno está con lo bueno.

Lo peor ocurrió hace una semana, o así. Íbamos por una amplia calle de un barrio nuevo de Castilleja, caminando por el centro de la calzada para evitar que orines en los portales de las casas. Desde los patios de algunas de ellas perros furiosos o saludadores emitían sin descanso ladridos a nuestro paso. Dejamos atrás un chalecito con el portón abierto, en cuya acera jugaban dos chiquillos, y ya alejados más de cien metros oigo "¡¡que se escapa!! ¡ven aquí, ven aquí!".
Esta vez se trataba de un perrazo —también negro— al galope hacia nosotros. Tampoco tuve tiempo de protegerte en alto en mis brazos, sino que atiné a poner el pié a modo de barrera entre él y tú, sabedor de que teméis especialmente a los zapatos, ya sea por canallescas patadas recibidas o por pisotones que nosotros, descuidados, os infrigimos alguna que otra vez.
Desde la dirección del portón abierto y corriendo un individuo de mediana edad, descamisado, gritaba "no hace nada, no hace nada", mas yo, experimentado en estas suertes, mantuve la pierna extendida impidiéndole al mastodonte que te hociscase siquiera. No me fío ni de Dios que venga reencarnado. Me pareció oir del descamisado todavía lejano amenazas como "¡¡no le des patadas que te voy a machacar la cabeza... no le des patadas!!. Supongo que interpretaría, desde su ángulo de visión, que yo estaba pateando a su can, porque al llegar hasta nosotros venía repitiendo lo mismo: ¡no le des patadas, no le des patadas! El tipo apenas atendió a razones, sino que tomó a su perro y sin disculparse siquiera, se lo llevó. Si me hubiera agredido (como ocurre con harta frecuencia a paseantes de perros en semejantes situaciones) me las hubiera visto canutas para demostrar en juicio su culpabilidad, porque el único testigo, con la cabeza hundida en el motor de su utilitario aparcado frente a su chalé, ni se molestó en mirarnos, a pesar de la escandalera que se formó entre tus ladridos y los vozarrones del sujeto.

Bien. Al margen de imprevistos accidentales y de temperamentos psicopatológicos, sigo siendo enemigo de la gente que lleva perros sueltos. Cuando se nos acercan, a tí te ponen muy nervioso, a punto de ataque cardíaco con tus afanes de juego, y a mí dispuesto a la fractura por pérdida de equilibrio y caída. Y luego pienso en el peligro para los ciclistas que van y vienen, para las personas mayores que pasean... y también en el de los propios animales: pueden ser atropellados, pueden perderse, pueden comer basuras dañinas, pueden pelearse entre ellos, dañar sembrados o ensuciar donde no deben...

Un vecino un poco bruto él, en confianza, me decía lo que haría con tales dueños:

—Mira, Antonio. Yo los cogía bien amarrados y los dejaba en el centro de una autopista un buen rato, y luego, si sobrevivían, a cargarlos en un helicóptero y a abandonarlos en mitad del desierto del Sáhara, sin agua, que se las avíen como puedan...

Y yo sonrío.

miércoles, 4 de julio de 2012

Mevíacayápatí


"Mevíacayápatí". O en castellano canónico, "me voy a callar para tí". Oído esta mañana, Cisco, cuando pasábamos junto al mercadillo de los gitanos, apenas el sol naciente dorando las azoteas y las copas de los escasos árboles que a trancas y barrancas perduran en la Villa.
La frase la emitía una muchachita a su ¿novio? ¿marido quizá? tan joven como ella, mientras se afanaban en extender los toldos y armar los mostradores de su puesto en el recinto, y me ha dado qué pensar durante todo el día.

El tono usado por la joven, claro y reposado, sin estridencias, denotaba un dominio emocional, un control que acaso se fundamentara y originara en que ya se trataba de una expresión trivial, ingeniosa pero establecida en el habla familiar o local, un "me voy a callar para tí" asimilado, reflexionado, desgastado por el uso. Mas desde mi perpectiva personal, subjetiva, resultaba por nueva extraordinariamente enjundiosa, llena de complejas significaciones, digna de meticuloso análisis, exponente de la riqueza de ese fenómeno maravilloso que es el idioma, la expresión vocalizada que la humanidad ha forjado y por la que ha sido forjada.

Dándole vueltas imaginé que ella tras alguna desavenencia, con fina inteligencia, conocedora de las paranoias de su pareja, le brindaba la posibilidad de un descanso psíquico, de una desconexión temporal. El mensaje era: "no estoy aquí, te dejo solo, me marcho unas horas", aun cuando seguirían una junto al otro hasta la entrada de la tarde, vendiendo zapatos, sujetadores, pulseras, toallas, pañuelos. Ella pregonaría a gritos sus mercancías, bromearía con sus vecinos y compañeros en el negocio ambulante, conversaría con clientes, haría comentarios y monólogos, pero nunca, en ningún caso, aludirían ni remotamente a la otra persona con la cual comparte su existencia, acaso bendecida ya con prole.

O bien: "tienes razón en lo expuesto, admito tu lógica, me rindo a tí, pero por ser tú —para tí—; porque si fueras otro hablante no me callaba". Y entonces he aquí, engarzado en las palabras, el individualismo más pristino que concebirse pueda. El mensaje en este caso es: "lo que has expuesto tú, en otra boca no sería lo mismo, y por eso me callo para tí, y no para los demás". Nótese el detalle, el giro que se le dá al manoseado y añejo "me callo por tí", que conlleva una sombra opresiva de causa-efecto: ahora "me callo para tí", o sea, te brindo mi silencio, te lo regalo, introduzco por tus canales auditivos mi ausencia sonora como si de un tranquilizante —¿o un castigo?— se tratara.

Más directo, más íntimo, más personal, más asimilable que el "me callo por ser quien eres", este gitano "mevíacayápatí" daría lugar a muchas más elucubraciones, Cisco, con las cuales los humanos nos ilusionamos, nos acariciamos o agredimos, nos engañamos, o soñamos con que nos decimos la verdad. Pero es porque no disponemos de capacidad ladradora, estoy casi seguro. Con unos cuantos guaus atronadores la pareja de calós y yo y nuestros ocasionales lectores habitaríamos otras regiones ideales, si no menos ilusorias sí más productivas. Como por ejemplo y en mi caso, la que originaría el cepillado que estás necesitando. Así que, "voy a dejar de escribir, para tí".

domingo, 10 de junio de 2012

Concatenación


Estimado perro, recordarás que ayer paseamos por la hijuela de La Gitana tras el hospital, subimos por el olivar hasta el portillo de Albarjáñez, cruzamos este, vimos un conejo cercano y confiado, y salimos a la carretera de Castilleja de Guzmán para regresar por el trigal cameño, por el carril que dejó el camión de los bomberos, campo ahora una piel morena de tierra tostada llena de manchas negras, de estrías negras, de briznas negras, el cual exhala todavía un olor antiguo de vegetal carbonizado.

Ocurrió el miércoles anterior al Corpus. Yo salí de casa como a las seis y media de la tarde ardiente, con la intención de devolver el libro sobre Mateo Alemán a la biblioteca de historia de la Universidad y de paso ponerme al corriente del trascurso de las protestas de los estudiantes por la subida de tasas. Cabalgando la bicicleta, al salir al cruce de Bormujos llamó mi atención una gran nube parda y negruzca que se elevaba al cielo inmensa por encima de las casas junto al Barrio Obrero, y como quiera que disponía de tiempo, giré para indagar las causas. Me adelantaron coches de la policía, que por la avenida de Fernández Viagas hacían sonar sus sirenas.

A la altura del hospital Nisa pude comprobar el origen de la humareda ascendente. El campo de trigo que tanto amábamos era ahora una capa oscura, en cuyos lejanos bordes se alzaban las llamaradas naranjas lamiendo los árboles de los linderos. No quedaba ni una espiga, ni un grano. Yo enfilé la hijuela, comprobando que los dedos del incendio tocaban ya, amenazantes, el pastizal del lado de nuestra Castilleja. Sentí en cara y brazos su calor, y las chispas se arremolinaban en las ruedas de la bici. Al final, junto a las casas aledañas al Barrio un grupo de vecinos, niños, comadres, comentaban absortos el espectáculo.

Un incendio cobra vida propia, toma conciencia de su malignidad y actúa tan inteligentemente como un enorme cerebro implacable, lleno de odio. Ahora comprendo más a los antiguos pueblos adoradores del fuego, aquellos habitantes de Mesopotamia antepasados de las principales culturas en nuestro planeta.

Pobre trigal. Recuerda nuestras excursiones por sus senderos. Desde que brotaron los primeros tallos le he venido prestando atención. Lo conocí adolescente en abril y mayo, verde turquesa salpicado de amapolas, cimbreándose con las frescas brisas de occidente como muchacha en flor, a la sombra esporádica de maravillosas nubes de primavera, al sol, al canto de los grillos y al vuelo de las golondrinas recien llegadas. A principios de junio comenzó a dorarse su ondulante superficie. Me enfurecía contigo cuando, atolondrado, tronchabas alguna espiga, ya completamente madura, saliéndote del caminito. Pronto aquella maravilla vegetal me llegó a la cintura, y tú desfilabas hundido en la bóveda que formaba sobre los ocultos senderillos. Recuerda siempre las margaritas que lo enmarcaban, y a aquel vigilante con su gorra campera, con sus botos engastados en los estribos de su jaca marrón, muchacho serio y respetuoso que se adelantaba siempre a saludarnos desde su montura.
No ha servido de nada. Acaso una mano guiada por una mente estúpida, acaso un accidente ya escrito en los designios del Destino desde los tiempos infinitos. Cuando llegué a Sevilla la nube sucia e informe flotaba sobre la ciudad, empujada por las cambiantes corrientes de aire de la calurosa tarde. Luego diría la prensa que se recibieron más de cincuenta llamadas de vecinos alertando del siniestro, o que se trataba de un simple pastizal.

Este campo de trigo tuvo un aspecto increíble cierto año de barbecho; convertido en un espeso jardín de rojas amapolas, su vista desde las cercanías de nuestra casa hacía dudar si no se trataba de una alucinación. Al fondo el transparente oleaje azul petrificado de Sierra Morena suavizaba la impresión irreal. En este sembrado te encontró Pedro, que antes guardaba la finca desde la casita ahora derruída. Allí te parió —para nosotros— la Naturaleza, sin colmillos todavía y ya con seis meses de vida según cálculo del veterinario. Qué horror si, cuando cachorro desorientado y temeroso, un incendio de estas características te hubiera rodeado. Entonces tu nombre Cisco hubiera tenido plena razón de ser, viejo amigo.

Un fuego así tiene demostradas capacidades de reforzamiento de la memoria. Pensemos en que el fenómeno de la combustión de la leña fué, sin duda, anterior al del desarrollo de la vida animal. La memoria estos días me devolvió un mediodía tan cálido como el del miércoles, siendo yo niño como de diez o doce años. Volvía del pueblo con un mi inseparable amigo por "El Camino", creo recordar que de recibir clases veraniegas, y llevábamos una caja de cerillas adquirida clandestinamente. Llegados al actual campo de la feria ("El Camino" entonces lo cruzaba, cuando era un olivar perteneciente a la hacienda de San Ignacio), jugábamos a lanzar un fósforo encendido al pasto seco y dorado, y cuando prendía la llama, la apagábamos entre risas con un zapateado ágil. Pero el herbazal era gasolina, y cierta vez no nos valieron nuestros pisotones. Fué todo tan rápido, tan sorprendente, que, aterrados, sólo atinamos a huir a la carrera en dirección al refugio seguro de nuestras casas.

Nos dieron de almorzar, en mi caso sin que advirtieran la gran preocupación que me embargaba. Después de comer y remordido y agitado por la mala conciencia, salí en busca de mi amigo —cercano vecino en la misma calle— y apenas tuve que explicarle algo, ya que nuestras miradas lo decían todo. Volvimos al lugar de los hechos con los corazones saltando: el olivar había sido arrasado por las llamas, y sus árboles centenarios tenían los bajos del anterior verde oscuro lleno de vida,  rojo cobrizo, muerto e inerte. Hacia los patios de la hacienda había cierta algarabía, y nos acercamos los dos andando sobre la tierra todavía abrasadora. Varios hombres con aspecto de jornaleros se afanaban transportando cubos de agua, porque las llamas, tras cruzar el campo de parte a parte, atacaban a los corralones y dependencias. Uno de ellos nos hizo seña con la mano, y con una voz recia nos ordenó ir hacia él. Si el ambiente era cálido hasta la asfixia, aquel gesto nos congeló de miedo, casi paralizándonos. Mas, para nuestro alivio, la intención del jornalero era solamente instarnos a que les prestáramos ayuda, tal parecía la amenaza de incencio total que se cernía sobre la gran vivienda. Portamos entre los dos varios cubos, y al rato se controló la peligrosa situación. Al final, el casero nos premió con una brillante moneda de cinco duros a cada uno, que recibimos incrédulos, con nuestras tiznadas manitas abiertas de par en par.

Ya de mayor, pleno de experiencias vitales, desengañado acaso del mundo, volví a ver muchas veces al casero, con su mascota marrón, del brazo de su humilde y sencilla esposa, muy ancianos, paseando por la Calle Real. Me miraba y yo a el, pero creo que no me reconocía.
La hacienda de San Ignacio ha conocido muchos avatares. Tuve noticia —poseo el documento— de la expropiación, tras la Guerra Civil, de los terrenos en donde hoy se asienta nuestra Barriada de la Inmaculada Concepción, terrenos que les pertenecían. Recuerdo a alguno de los herederos de los Arana-Marañón, sus últimos propietarios. No supieron hacer productiva la propiedad. Habían construido, después de nuestra "hazaña", unos cobertizos de obra en los que instalaron aparatosa maquinaria para exprimir aceitunas, grandes depósitos de chapa sobre soportes de vigas de acero, y algún que otro enorme motor eléctrico. Pero todo ello fué pasto del óxido y el abandono, sin que llegaran a funcionar nunca. En aquel cobertizo, a las horas solitarias de la siesta, tuve mis primeros escarceos sexuales con un "novio" de la Barriada, hoy felizmente —parece— casado.

En esta concatenación caprichosa de hechos pasados, quiero terminar, querido Cisco, con un acaecimiento actual, extremadamente vergonzoso y deleznable. Dije que la hacienda había sufrido varios cambios, desde ser alquilada para hotel y para lugar de celebraciones, hasta hoy, convertida en colegio de niños. En este colegio, Yago, quiso matricular una pareja homoparental a su hijo pequeño, pero la administración, gente odiosa e indeseable, se lo impidió por considerar que la familia debe estar constituída por un hombre y una mujer. El asunto está en proceso judicial ahora, pero el inocente niño, seguramente más feliz que la inmensa mayoría de cuantos al amparo de la institución oficial —o, entiéndase, de la tapadera de la prostitución más abyecta— hoy son educados en el colegio Yago ( http://yagoschool.com/presentacion.html ), es quien sufre las consecuencias del papanatismo hipócrita de tan repugnantes directivos. Y mientras, la castillejana Iglesia mira distraída al otro lado, siguiendo las bárbaras consignas de la jerarquía que forman un Asenjo, un Rouco y un Ratzinger. La clerigalla machista de este pueblo, coreada por costaleros cerveceros, beatonas futboleras y maricas autorreprimidos, opta por ridiculizar la homosexualidad, por ahora, mientras prepara la pira cuyas llamas purifiquen por fin —eso cree semejante hato de enfermos mentales— su ahogado deseo de adorables penes. Seguro que su cobardía prefiere sueños platónicos con el del Borbón uniformado de General de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire.

martes, 5 de junio de 2012

Tarde


Cisco, qué aburrimiento mientras llega la hora fresca de la tarde, cuando ya se puede dar el paseíto. Tengo que acabar de cortar unas ramas del limonero, debería barrer un poco y ordenar los papeles que abarrotan mesas y sillas, limpiar la cocina y el cuarto de baño, transcribir apuntes, terminar de leer el libro en préstamo de la Universidad, qué se yo.

Pero la siesta es lo que tiene. Tras el viaje onírico arrullado por el ventilador, apenas el cerebro es capaz de sugerir una actividad aceptable; se levanta uno de la cama en blanco, todo gira lentamente en torno al calor, y un colacao con leche caliente, como narcótico, acaba de anular cualquier expresión de la voluntad.

Iba esta mañana a hacer que te corten el pelo, pero la pantalla de plasma de un televisor en la sala de espera del veterinario me orientó al respecto, al aconsejar no hacerlo porque la capa que en invierno os abriga, en verano es aislante eficaz. Interrogada la doctora, se mostró de acuerdo con ello, así que este verano te quedarás como estás, con tu pelambrera negra y brillante que recuerda eso mismo, un aterciopelado cisco de brasero.
Acabo de librarte de una garrapata inmune a los efectos de la ampolla desinsectante que te administro mensualmente. El bichillo se había situado en tu cuello, pero las caricias de mis dedos, que tanto y tanto te prodigo a lo largo de las horas, la han detectado. Bastó una gota de alcohol en un bastoncillo de oídos y la precisa pinza de metal para devolverte la placidez que proporciona saberse atendido y cuidado con amor, como yo te cuido, ¿eh, pájaro?.

Ya son las ocho menos veinticinco. Dentro de un ratito empuñaré la sierra, y en lo alto de la escalera, sumergido entre la hojarasca verde y perfumada, mutilaré los robustos brazos que en un año le han crecido al árbol de los frutos amarillos.
Y luego, con toda la solemnidad que requiere acto tan importante, saldremos los dos al camino, tú rastreando pistas de otros cánidos y yo pensando en... ¡ejem!, el juego del mete-saca, que estos tiempos ardorosos no dan para más.

viernes, 11 de mayo de 2012

Otra pancartita



Claro, hombre, digo perro; que se entere la gente. Para la manifestación de mañana día 12, sábado, desde la Plaza de España hasta la de las Setas. Celebrando el primer año del Movimiento de los Indignados al nivel mundial.

Y un detalle del suplemento de la curva de indignación, cuya predicción es, como vemos, un estallido volcánico de consecuencias socialmente muy positivas.


jueves, 3 de mayo de 2012

Cri (o "crisis" recortada, o el canto del grillo)


Pues parece que se trata ahora, Cisquito, desde las Alturas Administrativas, de instilar gota a gota en los oídos de los durmientes el venenillo mortífero de un sentimiento de culpabilidad por el declive de la economía; una de las frases que más contribuyen a ello es la de que "hemos gastado por encima de nuestras posibilidades", seguida de otras consecuenciales como " todos tenemos que hacer sacrificios", "hay que remar en la misma dirección (El capitán de nao Juan Carlos de Borbón dixit)", etc., etc.

Entre las grandes groserías del Poder apenas resalta, como otra más que es, esta burda maniobra, cuyo fin es descargar de responsabilidades a banqueros y empresarios y cuyos efectos más inmediatos son los de confundir a los durmientes, a mas de reforzar las conductas depredadoras de las dichas élites financieras e industriales.

Como quiera que por falta de culpabilidad no podemos escapar, tanto durmientes como despiertos, y a modo de ejercicio higiénico-mental, he estado ensayando unas instrospecciones espirituales en los ratos libres, una especie de autopsicoanálisis, —indulgente desde luego—, buceando en mi alma en busca de los orígenes y causas de este desasosiego compañero mío, que me obliga a eludir miradas limpias como la de los pobres niños tercermundistas víctimas de la guerra y el hambre, como las de los enfermos mentales crónicos, o como las de los pelícanos y gaviotas empapados en el viscoso petróleo de barcos accidentados, por nombrar algunas de las que en lista inteminable de día y de noche nos interrogan a quienes, merced a un frigorífico lleno de alimentos y a un médico a la vuelta de la esquina, podemos dedicar ratos y ratos a teclear con el ordenador o a vituperar al mosqueante borracho —parado de larga duración, para complicar más el tema— que en la puerta de la tasca nos lanza un piropo, como si nos hubiera lanzado una granada rompedora.

He aquí lo que he encontrado en el cenagoso fondo de mi espíritu, sin tener que profundizar mucho más allá:

Culpable. Pero no de los cargos de que se me acusa. De ellos son culpables los peces gordos de las empresas multinacionales. Los quiero fuera de las aguas territoriales de mi interior. Ya.

Y ahora vienen tu mirada de miel, tus cejas delicadamente enarcadas, tu cabecita ladeada a la espera de la respuesta: ¿que de qué soy culpable, dices? Pues de existir, hijo; ya lo dijo Calderón:

¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice!
Apurar, cielos pretendo,
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido;
bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.

—¿Y tu padre y tu madre? ¿no lo son de haberte traído al mundo? —dices desde tu ignorancia—.
—Pues mira, ahora que lo pienso, y "pecados originales" de los mamarrachos ensotanados aparte, recuérdome de un sargento castellano-leonés —que diríamos hoy en el Estado de las Autonomías— un poco bruto él, que en las arenas de África decía de las indígenas: "hay que ver, muchachos, que paren más que las conejas".
Y le respondieron una vez: "mi sargento, es que si se cierran de piernas, tienen pocas posibilidades de llegar a viejas. Un anciano sin hijos que le cuiden, aquí es un gato al agua".

En esto, Cisco, Andalucía se parece algo al Tercer Mundo: mucha gente y pocos recursos materiales; pero el quid y el trasfondo, aquí y allí, en Madagascar y en el Quinto Pino, es que cuando hay recursos, se los apropian los que dijimos. De manera que las occidentales ayudas al desarrollo son un chiste sin gracia desde que empezaron, habida cuenta de la estructura de poder que se ha instalado en dicho Occidente.

Aquel sargentucho infame maniobraba con la misma estratagema con que hoy se nos manipula: la de culpabilizar a las víctimas.

Cisco, el hombre, como animal superior que es, tiene una naturaleza buena y positiva; el problema son los modelos que desde niños se les muestran, como son los ricachones poseedores de la tierra, como son los guerreros sumisos a ellos, como son las mujeres prostituidas a unos y a otros; todos ellos vagos, egoístas, epicúreos calculadores, voraces narcisistas, canalla inmunda y repugnante a la cual ¡¡sí hay que recortar!!.

—¡Ole, ole y olé! —exclama el perro, aturdido—; me has saltado las lágrimas.
—Ea, pues vete un ratito al corral —le insinúo yo—, que voy a seguir ahora el giro copernicano con Nicolás Guillén.
(Y leo: "¡Qué cielo de azul callado, mira impasible tu duelo! Qué cielo de azul callado, ay, Cuba, el que Dios te ha dado, ay, Cuba, el que Dios te ha dado, con ser tan azul tu cielo!").

martes, 24 de abril de 2012

Segunda edición, corregida y aumentada


Para el domingo que viene día 29, con sus protestas en todo el país en contra de los recortes en sanidad y educación, Cisco del alma, he retocado un poco la vieja pancarta del día de la huelga general. ¡Ah!, y para el lunes siguiente, 1º de Mayo, fiesta de los trabajadores.




Este detalle de la O está inspirado en tu dentadura canina y en tu lengua incapaz de murmuraciones.




Estas colas tan elegantes pueden ser tanto de empresarios como de empresarias.




Ea, si llueve el domingo que viene y se suspenden las marchas, ya nos hemos manifestado aquí, en la realidad virtual, desde la Perrera tuya y mía.

jueves, 29 de marzo de 2012

29 de marzo, huelga general



Esta mañana, día de Huelga General, yo de fiesta en Sevilla, paseando pancarta con las gentes sanas. Vamos a dejar en tu perrera constancia de ella, porque sus observadores me han divertido a rabiar. Calculo que le han sacado unas 200 fotos, sin exagerar (y algún vídeo).

martes, 28 de febrero de 2012

Instancias


Olivares de Gines,
no tenéis gracia.
Las sombras venenosas,
la tierra rancia.

Colección de atardeceres
guardo en los ojos;
los colores confundidos,
celestes rojos.

La frontera está y no está:
dictada con pluma mocha
es soplo pulverulento
y serpenteante trocha.

Olivares de Gines,
os falta historia.
Anónimos gorriones,
sueños de noria.
Y en las higueras
aroma morisco,
pálido abrazo,
ladrar de Cisco.
Verdes banderas
llevan susurros,
aire rodando
por las laderas.

Esperadnos, olivares,
en las horas solitarias:
mis pasos en el regreso,
los del can, extraordinarias
alas futuras
de vidas amplias.

Y cuando nos veáis pasar
cerrad las bocas oscuras,
olivos del olivar.

sábado, 11 de febrero de 2012

Proyectos

Ya los tengo, Cisco, en la mollera. Sólo queda realizarlos en el papel, y luego, al escáner y al blog de dibujitos.

En uno veo a Garzón (caricaturizado, claro) comiendo con cuchillo y tenedor. En el plato, un bistec negro con la figura de Euskadi que todo el mundo conoce. Y a modo de babero, una servilleta atada al cuello, que es ni más ni menos que la bandera de la Segunda República, roja, amarilla y violeta.

En el otro veo al mismo, que acaba de escribir en un folio "TODO ES OTAN", y está imaginándose a Aznar entre rejas. El pié o comentario aclaratorio diría: "Garzón se prepara un lavado de imagen para después de la inhabilitación".

(Creo que los que deben estar brindando con champán son los ciervos de Cazorla, aunque ahora, con más tiempo libre, el Juez cazador podrá desfogar su mala leche multiplicando sus hazañas cinegéticas reventándolos a balazos).

Ea, pues si te parece bien, manos a la obra.

jueves, 26 de enero de 2012

Diálogo por una parte


—¿Entonces no jugamos a la pelota?
—No, Cisco. Quiero escribir un poquito. Luego, tal vez.
—Y... ¿y si me dieras un paseíto?
—Ya te lo he dado hace media hora, hijo. No podemos estar todo el día en la calle.
—Bueno. Dame una galletita, al menos.
—Cisco, no puedes tener hambre otra vez. Lo que pasa es que no soportas verme tranquilito, sentado al ordenador.
—Antonio... estoy tan aburrido. Se me cae el mundo encima en ratos como éste. El corral está muerto, no se oyen pájaros, ni siquiera el maullido de algún gato... Y aquí dentro se siente ya ese oprobioso vacío que los prolegómenos de la primavera deja en las casas, o al menos en casas como la tuya, tan sola, tan desangelada.
—Espérate, que te voy a traer una perrita atractiva y joven.
—Mira, no me vendría mal.
—Eso es lo que te pasa: que la llegada de la primavera te pone las hormonas en ebullición, cernícalo. Pero lo subsanaremos en cuanto la ocasión se muestre propicia, y no aquí, desde luego. Porque temo que entre los dos acabéis por dejarme de patitas en la calle.
—Hombre, podemos hacer trío.
—Trío de ases.
—A mí no me das asco del todo, la verdad.
—Mira, Cisco, lo de los tríos es algo consustancial con las contradicciones de la naturaleza humana. Hablo por mí, porque ya sé que vosotros los caninos sois más flexibles. Nosotros, por un lado, no somos exactamente capaces de vivir en parejas cerradas, y la prueba la tienes con mirar a los matrimonios a tu alrrededor. Son desgraciados a más no poder. O sea, que necesitamos la promiscuidad. Muchos males del mundo, como la frustración y la neurosis que crea en la sociedad la férrea imposición de una mujer y sólo una, para toda la vida además, están en el origen de la agresividad y del egoísmo. Y ahora viene la contradicción que te señalaba. Practicando sexo en grupos no somos menos desgraciados. ¿Qué te parece?
—Que lo siento por vosotros. Mientras tu frustración y agresividad no se dirija contra mí ni contra mis intereses directos, vamos p´lante.
—¡Ah!, si es por eso, no tienes porqué preocuparte, chato. Mañana voy a pedir presupuesto para el dentista, que vamos a hacerte una limpieza. La segunda en tu perra vida.
—¿Anestesia?
—Sí, claro.
—Menos mal.

miércoles, 4 de enero de 2012

Real


La realidad a la que con tanta ansia nos aferramos no va más allá de un habitáculo denso de tinieblas pardas en las que nuestro cuerpo se debate en el imposible intento de descifrar los estímulos sensoriales que, falazmente, se le ofrecen; ahora extiendo un brazo-tentáculo y creo percibir algo seco y frío, de superficie lisa, ahora intento convencerme de que me he acostado, o ahora de que he trasladado una silla desde un rincón a otro.
Todo es falso. Y la monstruosa engañifa encuentra vehicularización a través de los conductos nerviosos de nuestro organismo, hasta procesarse en la más extraordinaria culminación de la mentira: el cerebro humano.
Como producto de la evolución natural, el cerebro es una trampa maligna concebida por, sin duda, alguna entidad perversa. Es la gran factoría de lo hecho por hacer.
Ahogado en el oscuro habitáculo, sólo, aterido y lleno de miedo y desesperación, salí a la calle (entiéndase, comencé a soñar, o a padecer una pesadilla).
Hace una mañana soleada y fría, de cielo azul y aire transparente, y todo está desierto, cuando ¡oh, sorpresa! reparo en que la fachada de mi casa está plagada de grafitis. Escritos con pintura turquesa, de tamaño más pequeño que grande, con ortografía aceptable y trazos vigorosos, denotan seguridad, falta de nerviosismo y carencia de apremio, y ocupan la totalidad de la pared, sin dejar libre un palmo cuadrado.
De una rápida mirada interpreto, en general, el contenido de los mensajes. En cierto aspecto son ofensivos y amenazantes, siempre sin llegar a la vulgaridad, y denotan amplio conocimiento de mi vida y obras. Se me acusa de izquierdista y agitador, de vivir como un señor sin haber trabajado en la vida... Todo ello aderezado con tópicos como "Arriba España", "Rojos al paredón", "Inmigrantes fuera", "Ejército a la calle", "Franco, Franco, Franco", "No al aborto", "Heil Hitler".
Pero, ¡más asombro!, otro tanto les ha sucedido a los demás vecinos; cuando vuelvo la cabeza al entorno la instantánea sensación de irrealidad que me desborda es la de que los demás hogares son espejos de cristal reproductores del mío, mas pronto compruebo que no es así, que todas las fachadas están realmente llenas con los mismos, o parecidos, letreros. Nadie en la calle se ha librado. Con disimulo intento leer el contenido de una de ellas, y veo con estupefación que también manifiestan conocimiento de la intimidad de su dueño. Ando calle arriba y abajo, y en la totalidad se repite el hecho. Referencias a profesiones, a historias personales, a relaciones familiares y hasta a deudas coinciden con lo que yo sé de sus habitantes, o con lo que de ellos es público y notorio.

Pienso que Castilleja de la Cuesta ha sido tomada por una horda de ultraderechistas mientras, Calle Real abajo, me dirijo al centro del pueblo para recabar noticias acerca de la extraña situación. No hay una casa que no exhiba las repugnantes expresiones. En los bares y cafeterías hay poca gente, y es difícil encontrar a alguien fiable con quien compartir opiniones. En un corrillo al sol, un anciano envuelto en una vieja pelliza negruzca hace tímidas referencias al suceso, como con miedo a ser oído por algún extraño. Me acerco y hablo con él, y sus comentarios me dan luz y me guían en mis especulaciones. Castilleja, antaño pueblo blanco de cal, amaneció llena de sandeces y barbaridades.

Todos los castillejanos han sido acusados de lo mismo: izquierdismo, falta de "valores", etc., por lo que es obligatorio deducir que el ataque proviene de gente foránea. Pero... ¿y los ultraderechistas del pueblo? ¿los que alaban y exigen mano dura policial? ¿los de "primero los de aquí"? ¿los de misa a diario? ¿los de "las mujeres a quitar pelusas de debajo de las camas"? ¿los del colguijo rojigualdo en el parabrisas? ¿los de las camisetas de "Soy español, español, español"?

( Estos últimos pobrecitos siempre me recuerdan a El Cabrero cantando aquel fandango que dice: "En la mirada... Al que es tonto tonto tonto... Se le nota en la mirada".
Y los no menos pobrecitos del banderín nacional, supongo que no lo llevarán para alardear por Europa de hispanos imperialistas, con cinco millones de parados. )

Y mi escapada onírica no rinde más frutos. Los corrillos, las cafeterías, la preocupación por la invasión de los fachorras, las calles, las casas con sus pintadas, el cielo azul y el aire claro fueron perdiendo perfil y color, se fué reduciendo la sustancialidad del mundo y me ví, de nuevo, envuelto en la oscuridad del habitáculo, contigo, monstruo peludo a veces noble y a veces egoísta, lampando incansable por salir a dar un paseo. Algo imposible, porque una gripe atípica como la que padezco tarda todavía en desaparecer al menos dos o tres días más.