sábado, 16 de julio de 2011

Orgullo Gay versus Corpus Cristi

De cómo, querido Cisco, un desfile festero y reivindicativo que exige el reconocimiento de la igualdad de derechos en lo que a orientación y práctica sexual se refiere, es a todas luces más edificante, más moral y ético, más estético y artístico, más humano, digno, sincero, revolucionario, cabal, expresivo y ... (añade toda la parte llena de la botella), que esos cortejos acartonados que la Iglesia organiza cada 365 días —creo que siempre en jueves—, cuyo único brillo lo emite la hipocresía más repugnante que puede soportar la más rudimentaria sensibilidad.

El tema y la consiguiente comparación me lo inspiraron la experiencia que tuve, la primera, de uno de estos desfiles de homosexuales y lesbianas que se celebró en Sevilla en la tarde y noche del domingo inmediatamente posterior a otro de estos jueves de cuerpo de Cristo acompañado por gente acicalada, en particular ediles y eclesiásticos de todo tipo y medida. Fue en Sevilla. No te hablo de Castilleja, porque cualquier pálida referencia al Corpus en nuestro pueblo puede ponerte enfermo, y porque por desgracia todavía no hay aquí manifestación alguna que luche por una de las libertades más esenciales de las que atañen al ser humano: el sexo.

¡Qué maravilla el que aquéllo lo conoce! (como cantaría Pepe Marchena si viviera y si hubiera recapacitado sobre sus posturas casposas).
Los cuerpos más bellos de la Tierra desfilaron, los rostros más nobles y hermosos del Orbe. La Verdad flotaba en el aire, envolviendo cánticos y músicas, Reina de la tarde. Había participantes de los pueblos, y el ingrediente político no faltaba. Banderas y silbatos, bromas y saludos. Representación de los inmigrantes y extranjeros. Muchachas llenas de vida, abrazadas entre risas. Besos, piel saludable al aire, valentía y sinceridad. Jóvenes aureolados de regia nobleza, personas mayores coronadas por sabia melancolía. Algunos con sus hijos pequeños sobre los hombros, porque ¡¡qué mejor escuela para un niño que un desfile del Orgullo!!
Sobre quince o veinte autobuses descapotables y megacamiones, reconvertidos en carrozas, rebosantes de luz y música, y de gente bonita, cantora y bailarina, formaban la columna vertebral de la celebración.

Me vine cuando el cielo se pobló de estrellas sobre el Parque de María Luisa, pero adivino el final: el Amor materializado entre los gigantescos árboles.

¡Gloria eterna al Desfile del Orgullo Gay!