miércoles 6 de abril de 2011

La vida, la vidorra.

Te veo cansadillo, parpadeando con frecuencia mientras me miras a la espera de la indicación de ¡vamos a la cama! Y hace calor. Pero no iremos a dormir sin antes filosofar un poquito, pequeño. No, no gruñas. Es solo un momento.
Nos toca desarrollar el concepto de vida; "¿qué es la vida?", preguntó un poeta, y nadie supo darle contestación, claro. Porque pretender definir algo desde dentro de ese algo viene
a ser como aquello de lo definido dentro de la definición que nos enseñaban en la escuela: ¿qué es un caballo? Un caballo es un caballo que tiene cuatro patas, cabeza alargada, cola larga, pezuñas ... No es una contestación aceptable, como tampoco lo es definir la vida estando vivo.
La vida soy yo, podría afirmar un listillo, y después irse tan pancho al bar, a ver el partido de fútbol. Tampoco es eso: eso es la vidorra.
Definir la vida desde nuestra perspectiva es tan imposible como inflar un globo desde dentro. Podremos creer que estamos agrandándolo, pero es una falsa ilusión, porque a la vez menguamos nosotros mismos.
Pero a la postre, la supuesta necesidad de tal definición es un problema artificial que no conduce a ninguna parte, o si acaso, a entablar discusiones estúpidas con antiabortistas, pongo por caso. Nosotros dos, querido Cisco, vamos por la parte del león. Y esta parte es que somos parte, perdón por la redundancia, de un sistema u organismo infinito y "vivo". O sea, que la vida no tiene límites. Podemos hablar lo mismo de energía, porque son dos conceptos intercambiables. La energía ni se crea ni se destruye. La vida tampoco, y lo que llamamos muerte y tanto nos asusta no es más que una transformación de una forma de energía a otra. Eso está más claro que el caldo de un asilo, Cisco.
Entonces... ¿porqué ese miedo tan arraigado entre nosotros a la muerte? Creo que es porque ese cambio energético, por así llamarlo, va asociado al sufrimiento físico, a la enfermedad. Si muriéramos experimentando un orgasmo, por ejemplo, ten por seguro que el paso no sería tan traumático.
Entonces... ¿porqué el sufrimiento y la enfermedad y el dolor? Bueno, el dolor es nuestro más fiel compañero, no solamente a la hora del tránsito final, sino desde que nacemos, así que no deberíamos considerar que el dolor a la hora de morir es peor que los que hemos sentido a lo largo de los años de nuestras vidas.
Ahora nos corresponde reflexionar acerca del dolor, de la enfermedad y del sufrimiento, pero disociado de la muerte. Así, esta muerte viene a ser un acaecimiento natural, que forma parte de la ilimitada maquinaria de vida de la cual formamos parte.
Y se acabó por hoy. Me voy a calentar el vasito de leche, y vamos a ver qué hay a ese otro lado de la realidad que son los sueños.

1 comentarios:

Reyes dijo...

Mejor dormir bien a gusto, Antonio, en la cama y con el vasito leche .
Tanto pensar nunca nos lleva a nada bueno pero me gusta lo que explicas.
Llevas razón en todo , me fascinas, lo sepas.
Besos a ambos.