A la tercera vez que se dejó caer del nido caí yo también (en la cuenta, gracias a Internet) que los pichones de turdus merula, vulgarmente mirlos, sin todavía saber volar tienen ese comportamiento. A riesgo de destriparse contra el suelo, porque desde una altura de 3 metros es bastante probable, luego se esconden donde buenamente pueden, y llaman a sus padres, los cuales los siguen alimentando y cuidando ahora a ras de tierra, hasta que logran emprender el vuelo.
Así se explica el ajetreo de mirlos adultos que hemos presenciado al fondo del corral durante marzo y lo que llevamos de abril, que es su época de cría, entre la gran adelfa y el enorme limonero (que plantó el viejo, q.e.p.d. como se suele decir) .
Cuando, alertado por tus insistentes ladridos, descubrí la primera vez al volantón horrorizado de tu cara y tu voz, piando desaforadamente bajo un matorral del arriate, no sabía que había nidos, así que lo cogí y lo puse tiernamente en la azotea, fuera del alcance de tus juegos mortíferos y con la esperanza de que sus padres volvieran por él. Luego inspeccioné ocularmente el entorno, y para mi sorpresa, había ¡un nido! entre la adelfa y el jazmín y el limonero —que todos tres son casi la misma cosa por la falta de poda—.
Cisco, un nido es un milagro de la naturaleza, un fenómeno aureolado de misterio dulce, de magia enternecedora, oscuro e inaccesible entre las ramas como un fruto ajeno e íntimo que hasta el árbol agradece con columpios fraternales y sombras amigables.
Saqué la escalera de la cabaña, recogí el pajarito y lo deposité en el suave y tibio fondo sedoso de la copa de ramitas, hojas y barro seco que tan increíblemente encajaba entre las horquillas de ramas como dedos orgullosos, como manos agradecidas.
Horas después volvió a caer, volviste a ladrar, volví a recuperarlo. Y a la tercera, tras teclear "mirlo" en Google, comprendí.
Ahora te he cerrado la cancela del corralito, para ver si, confiados, vuelven sus padres; tú estás intranquilo por la casa, con una mirada entre triste y brillante, atento a los sonidos del fondo arbóreo, solicitándome un no sé qué continuamente. Pero no voy a ceder, no. Esperaremos un par de días, a ver que pasa.
¡Ah!, apuntemos también, ya que estamos en materia, que estos días una pareja de golondrinas viene al patio con la primera luz de la mañana a cotorrear en los alambres de la ropa, así que no me extrañaría que nos hicieran el honor de construir su nido en nuestro hogar, Cisco, pero no te preocupes: nadie ni nada te sustituirá en mi corazón nunca. El otro día le dije a Simón Sanchez en la puerta del bar "Canela" que, puesto a elegir mirar el vuelo de un aeroplano o de una golondrina, prefiero el de esta última. Las aves son la sal de la vida, chato. Pero tú, aunque no despegues mucho de la tierra, eres el mejor pájaro del mundo.

1 comentarios:
Desde Tenerife celebro tu forma de contar toda esa naturaleza pajaril , y la exquisitez de tu palabra.
Pero no le hagas estos montajes a Cisco que es muy guapo de normal, hombreeee...
un beso isleño a ambos.
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