—Ha llamado Reyes.
—¡Cisco, te he dicho que no toques el teléfono!
—¿Que no lo toque? ¿porqué?
—Tú no puedes agarrar bien el auricular, con estas torpes manos que tienes, y se te va a caer. Ya estoy viendo el micrófono rodando hasta el patio.
—¿Torpes manos las mías? No digas tonterías. No me hacen falta deditos largos y articulados, Antoñito. ¿Te crees superior porque puedas coger cosas? ¿Estás más en el mundo por ello? ¿Percibes la realidad con más exactitud? Mira, verás: yo con la boca sé más de las cosas que tú con todo el despliegue de sentidos de que haces alarde, manitas. Con mi boca puedo desde darte esos bocaditos cariñosos en la nariz que tanta gracia te hacen, hasta arrancártela de cuajo de un mordisco, no lo olvides.
—¿?
—Nosotros observamos el entorno con toda la cara, y con ella detectamos si las cosas están tibias o frías, duras o blandas; las vemos tan de cerca que somos prácticamente parte de ellas; las olfateamos, percibimos sus vibraciones con nuestros bigotes. Y como el espacio es, ni más ni menos, el depósito de las cosas, nuestra experiencia de tal espacio está tan integrada en nosotros mismos que no se nos ocurriría nunca especular sobre si es curvo o si tiene catorce dimensiones.
—¿Sí? Y... ¿cómo me ves entonces? ¿qué te parezco?
—¡Ja ja ja! Tienes gracia. Paso de la pregunta, por ahora. Lo que de verdad te interesa saber es lo del espacio, y su correlato, el tiempo, ahora que estabas tocando el tema. Mira, Antonio: decías que el tiempo no tiene realidad alguna, porque es la suma de puntos sin dimensión. O sea, algo así como España, que algunos quieren que sea la suma de gallegos, cántabros, vascos, aragoneses, catalanes, valencianos, andaluces, extremeños, etc., etc.
—En eso te doy la razón. No he visto concepto más absurdo que el de Nación Española. Recuerdo aquella pregunta de "pega" que nos hacían en la escuela: "¿Cuanto suman dos plátanos, tres peras y ocho manzanas?".
—No me río, querido amo, porque la cosa es demasiado trágica. Estas gentes mangoneadoras desde Madrid llevan siglos sacando tajada del dichoso Ente, y así estamos. Son capaces de las mayores canalladas con tal de mantenerse en la sacrosanta administración del país.
—Claro que sí, Cisco. Y su principal argumento es la lengua, el lenguaje del Imperio, que decía Nebrija. Pero no te preocupes, que con las herramientas filosóficas que tengo, vamos poco a poco a rebatir todo lo que, movidos como están por intereses egoístas, expongan.
—Y yo que lo vea. ¡Ah, otra cosa! Vosotros, con las manitas, estais cargándoos el mundo.

2 comentarios:
jajajajajja
anda que no !
Cómo me alegro de que le estés dando más vidilla a este blog con cosas más divertidas, pero no por ello menos enjundiosas.
Sí te llamé para saber cómo íbais, ya veo que genial , ahora vuelvo a tener una gripe rara pero encuanto me haga efecto el eucalipto te llame otra vez.
Besos a ambos.
Te cuidado Antonio que Cisco te está tomando la delantera y se está imponiendo. Yo no sé si es por lo que tú le enseñas o porque él está cobrando independencia propia, pero la realidad es que lleva más razón que un santo en lo que dice.
Su sentencia final es tan real como acojonante.
Un abrazo
pd: Y déjalo que conteste al teléfono, hombre.
Publicar un comentario en la entrada