miércoles 2 de marzo de 2011

El Tiempo y el Concepto

Hola, Verdial; aprovecho el rato que Antonio dedica a hacer las compras, para contestarte. Pero en cuanto oiga la puerta, tendré que interrumpir...
Mira: cuando mi simpático amo tira una piedra, desde que abandona su mano hasta que aterriza pasa —describiendo la consabida parábola aérea— por un número indeterminado de puntos en el espacio. Y a este conjunto de puntos se le llama tiempo. Que es una palabra, cuya articulación o pronunciación requiere también de eso mismo a lo que alude, o sea, de tiempo, algo hecho de la misma sustancia que la parábola pétrea. Así, podríamos hablar del tiempo que tarda un tartamudo en decir "tiempo", por ejemplo, e incluso medirlo con aparatos sumamente precisos. Volveremos sobre ello luego.
Ahora, ayúdame tú pensando conmigo en que, en el lenguaje humanoide, podemos añadir prefijos a las palabras, para indicar otra cosa de lo que originariamente indican, como por ejemplo, el prefijo a- añadido a nuestro "tiempo"; lo que nos daría "atemporal", o sea, fuera del tiempo, fuera de la parábola de la piedra de Antonio. En otros casos más cotidianos de añadiduras de prefijos no quiero entrar, porque su praxis es de todos conocida y aceptada, pero en el caso de la "atemporalidad", se me plantean agudos problemas filosóficos, hasta el punto de que pienso que, en tal ámbito, no es más que un juego de palabras, que, como los niños forman puzzles, los académicos de la teoría del pensamiento han formado, a modo de juego, para entretener sus ocios y de paso ganar algún dinerillo dando conferencias, clases magistrales y libros a la prensa.
Porque, querida Verdial, como decía el sobredicho Antonio, fuera del tiempo no hay nada, y en este caso, la atemporalidad es un concepto vacuo, artificioso, falso y sin realidad, cuyo reflejo en la mente es una imposición de esos malabaristas del lenguaje que se dedican a pegar sufijos y prefijos en las palabras de la vida diaria, "a ver que sale", en vez de sudarla con un pico y una espiocha, que es más duro y sacrificado.
De manera que sí, mucho concepto, mucha teoría, mucha abstración, mucha elevación de la mente, mucho idealismo, pero en cuanto se dicen cuatro verdades, todo se viene abajo estrepitosamente.
Pero hay más, porque puestos a tirar por tierra el tinglado, soy de los que no paran, vamos. Y lo digo sin fanfarronería alguna, ¿eh? Me venía a referir al mismo tiempo, al mismo concepto de tiempo, y voy a salirme de él, pero no por la puerta, como diría aquél, que es lo civilizado, sino derribando la fachada: por de pronto, te adelanto, con rapidez, que viene el amo, que el tiempo no existe.

Oye, te dejo, que ya está aquí. Guau.

1 comentarios:

verdial dijo...

Ya veo, Cisco, cuanto has aprendido de tu amo, y está claro que sus enseñanzas muy profundas. Puedes sentirte bien orgulloso de él, pues aunque el tiempo no exista, la "atemporalidad" que te dedica a ti es impagable.

Gracias, Cisco, por dedicarme este "no tiempo", y no te escondas si llega tu amo y te sorprende escribiéndome. Estoy segura que lo aprobaría.

Besos