lunes, 19 de diciembre de 2011

Portal de Belén de Castilleja de la Cuesta



Proyecto de Portal de Belén para Castilleja de la Cuesta. Dedicado a todo el pueblo sin excepción.
Al fin y al cabo, Cisco, hay serios indicios de que tu madre también era virgen; y tu padre, por supuesto, un santo de los piés a la cabeza.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Lo llaman Democracia y no lo es

Oye, perro, otro golpe de flauta, dedicado a los compadres del 15-M.

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viernes, 11 de noviembre de 2011

Los niños y los muertos

Esta mañana, querido can, por tal de desentumecer las piernas, he cogido la burricleta para ir a Valencina (antes del Alcor, ahora de la Concepción) y de paso, comprar fruta. Por el carril-bici, ¡ap, op, ep, aro, ap, op, ep, aro! en un periquete me encajé en el pueblo. Conseguida unas buenas uvas y unos no malos caquis, a 4,60 € el total, decidí volver a través del campo, porque el cielo despejado y el agradable sol a ello convidaban.
Por el camino terrizo del dolmen "La Pastora" hacia Castilleja de Guzmán, sorteando piedras y baches, silbando feliz entre olivaritos voy, cuesta arriba y cuesta abajo. Al fondo, tras las suavemente onduladas lomas en las que pacen pardas caballerías, se abre la Vega, siempre azulceleste. Los pájaros en bandadas picotean semillas. Me cruzo con un tractor y su viejo conductor me devuelve el amigable gesto que le hago con la mano.
A la altura del dolmen distingo un colorido grupo de gente que no tardo en identificar como colegiales visitando el prehistórico enterramiento, y enderezando por un senderillo me dirijo a él por ver de participar, de gorra, en el evento.
¡Vaya! Son niños, pero muy muy niños. A su cuidado, una señorita, un muchachote y el uniformado conductor del autobús que los ha traído, según me comunican. Tras pedir el preceptivo permiso con toda educación, aparco la bicicleta en un talud y penetro por el portón de gruesa chapa; dentro, guiados por las linternas de otros monitores, ya hay un grupito de chiquillos, los cuales avanzan vacilantes por el estrecho e interminable pasillo. Los han dividido porque, luego supe, no está permitida la entrada a más de seis personas a la vez.
Los niños no, pero yo he de progresar encorvado y con las piernas flexionadas, si no quiero rascarme la coronilla con las lascas pétreas que forman la techumbre del pasadizo. Al fondo existe una cámara circular de una altura que permite enderezarse a los adultos; son los que nos reunimos, además de un servidor, otro joven y una muchacha empleada del Ayuntamiento, que ejerce de guía, mas cinco o seis gurripatos. Nos da ella una explicaciones someras del habitáculo, sustituyendo la palabra "muerto" por la de "difunto" porque —comenta— no quiere aterrorizar —más de lo que está ya— a la absorta chiquillería, que con ojos asombrados y bocas herméticas mira al techo tenebroso. Hace calor ahí dentro, y siento por la cara correr el sudor.
Salimos por fin, yo entre los críos. Llevo delante una niñita rubia que tropieza con las irregularidades del suelo. Calza unos botines con pequeños pilotitos rojos en los tacones, que se encienden tenuemente en cada pisada.
En la explanada de la puerta espera, sentada en el suelo herboso, otra tanda de chiquitirrines. Me despido y, ya alejado unos metros con el velocípedo de la mano, recuerdo que llevo la sopranino en el trasportín. No resisto entonces entonar unas sencillitas notas, por tal de ver la reacción de los escolares, así que, piiiiiiiii pi pi piiii piiiii, y vuelven las caritas al unísono. Soy breve, porque una de las niñas se levanta y con la vista fija se dirige a mí sin titubear, absolutamente encantada, pero la maestra, alarmada (algo que comprendo: no está el horno para bollos) la llama: "¡¡Esperanzaa, Esperanzaa!!", y desisto de seguir. Aunque la cuidadora, acaso para enmendar, pide al abrupto final un aplauso reparador, me queda cierta amargura; mas, como escribió Pío Baroja: "el mundo es ansí". Es, o mejor dicho ahora, está ansí, porque yo he conocido tiempos mejores, cuando los enanitos se te subían encima, sin reparos de sus mayores, y te babeaban la boquilla de la dulzaina.
Bueno, Cisco. Me conformaré contigo. Al fin y al cabo, tú eres mi niño.
Ya hacían unos buenos veinte años que no entraba en el dolmen de La Pastora, tan celosamente guardado ahora para protegerlo del vandalismo, pero recuerdo de joven haberme cobijado en él de la lluvia, tras volver de noche de alguna excursión por las rutas del mosto.

Ahora en casa, con la lata de cruzcampo en la mano, sintiendo tus hocicadas en las pantorrillas (¿también quieres que te mire mientras comes? ¿o que te hable?), me repaso la dentadura con la lengua recordando a los ancestros. Por la ventana de la cocina la luz que incide en la mesa es milenaria ahora, y siento la vejez del entorno. Tú, lobo descafeinado de antigua mirada, chascas el pienso seco, y yo percibo esta casa como una casa antigua que ahora me parece extraña, y una Castilleja no menos extraña, vieja vieja vieja.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Reconciliación fláuticoperrera

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Título: Reconciliación.
Vocalista: Cisco.
A la flauta: Antonio.

lunes, 15 de agosto de 2011

Tocata y fuga hasta el corral

video

No hay, para combatir el calor, nada como soplar el canuto un rato.

A pesar del disparo de la temperatura hacia los 40 grados, Cisco no duda ni un momento y opta por el mal menor, el corral que cruje bajo el sol, antes que aguantar al inclemente flautista.

sábado, 16 de julio de 2011

Orgullo Gay versus Corpus Cristi

De cómo, querido Cisco, un desfile festero y reivindicativo que exige el reconocimiento de la igualdad de derechos en lo que a orientación y práctica sexual se refiere, es a todas luces más edificante, más moral y ético, más estético y artístico, más humano, digno, sincero, revolucionario, cabal, expresivo y ... (añade toda la parte llena de la botella), que esos cortejos acartonados que la Iglesia organiza cada 365 días —creo que siempre en jueves—, cuyo único brillo lo emite la hipocresía más repugnante que puede soportar la más rudimentaria sensibilidad.

El tema y la consiguiente comparación me lo inspiraron la experiencia que tuve, la primera, de uno de estos desfiles de homosexuales y lesbianas que se celebró en Sevilla en la tarde y noche del domingo inmediatamente posterior a otro de estos jueves de cuerpo de Cristo acompañado por gente acicalada, en particular ediles y eclesiásticos de todo tipo y medida. Fue en Sevilla. No te hablo de Castilleja, porque cualquier pálida referencia al Corpus en nuestro pueblo puede ponerte enfermo, y porque por desgracia todavía no hay aquí manifestación alguna que luche por una de las libertades más esenciales de las que atañen al ser humano: el sexo.

¡Qué maravilla el que aquéllo lo conoce! (como cantaría Pepe Marchena si viviera y si hubiera recapacitado sobre sus posturas casposas).
Los cuerpos más bellos de la Tierra desfilaron, los rostros más nobles y hermosos del Orbe. La Verdad flotaba en el aire, envolviendo cánticos y músicas, Reina de la tarde. Había participantes de los pueblos, y el ingrediente político no faltaba. Banderas y silbatos, bromas y saludos. Representación de los inmigrantes y extranjeros. Muchachas llenas de vida, abrazadas entre risas. Besos, piel saludable al aire, valentía y sinceridad. Jóvenes aureolados de regia nobleza, personas mayores coronadas por sabia melancolía. Algunos con sus hijos pequeños sobre los hombros, porque ¡¡qué mejor escuela para un niño que un desfile del Orgullo!!
Sobre quince o veinte autobuses descapotables y megacamiones, reconvertidos en carrozas, rebosantes de luz y música, y de gente bonita, cantora y bailarina, formaban la columna vertebral de la celebración.

Me vine cuando el cielo se pobló de estrellas sobre el Parque de María Luisa, pero adivino el final: el Amor materializado entre los gigantescos árboles.

¡Gloria eterna al Desfile del Orgullo Gay!

domingo, 12 de junio de 2011

Parte al Generalísimo

¿Quieres saber lo que hice ayer por la tarde, Jefe?
Me fui con la bici a apoyar a los Indignados sevillanos en la protesta contra la constitución del nuevo ayuntamiento hispalense. Había pensado montar algún numerito en Castilleja, pero habida cuenta de los cuatro mamarrachos que nos van a gobernar, que no merecen ni doblar el espinazo para propinarles una pedrada misericordiosa y que son la justa correspondencia del populacho canallesco que los sostiene, opté por participar donde —históricamente— se han tomado las decisiones importantes concernientes a nuestra Villa, tan cercana a la gran urbe.
Perrate, aquello era impresionante. El ayuntamiento estaba rodeado por todos tres costados (porque el cuarto lo habían vallado) por una multitud, un griterío, una gestualidad, un desbordamiento de emociones y sentimientos, una vitalidad, que raptaban las mentes de cuantos por allí pasaban.
Gran despliegue de las fuerzas represivas, con hileras de furgones empacados de aporreadores. Del lado de los nobles, de los buenos, pancartas de los barrios, gentes armadas solo con cacerolas y silbatos. Acaso tres o cuatro mil, incluso cinco en ciertos momentos. Cada vez que uno o varios ediles trajeados, caraduras, chulescos, atravesaban el espacio despejado por los guardias, la multitud dábales la malvenida con un estruendo de apelativos, silbidos y abucheos que en contadas ocasiones eran resistidos por aquella chusma, que ante la furia desatada no lograba mantener el tipo hasta al menos haber cruzado el vestíbulo de la Casa.
Lo apoteósico venía cuando se avistaba algún uniforme militar (yo distinguí el albo hipócrita de la Marina y el repugnante caqui de Tierra): entonces se disparaba el odio y el desprecio de las gentes, que coreaban atronadoramente "¡¡payasoooo payasoooo!!. Yo también grité con todas mis fuerzas, con verdaderas ganas, hasta el punto de que esta mañana amanecí con ronquera. Fantoches, esbirros vendidos a los criminales de la OTAN, que teorizan sobre paz y orden en lugar de sobre justicia y derechos humanos y que, hoy por hoy y mal que nos pese son, con Juan Carlos a la cabeza y en su alianza con los empresarios, quienes cortan y reparten el bacalao.
En el ínterin se entonaban cánticos ya de todos conocidos, como "Se llama democracia y no lo es" o la adaptación de "Pena penita pena".
Y así pasaron cerca de dos horas. A la caída del sol, los sevillanos, lo mejor de los sevillanos serios, solidarios, responsables, amables en el sentido de dignos de amor, todos los sevillanos porque los que no tomaron parte son "masa" anodina y amorfa, formados frente al Banco de España y respaldados por una sentida y espontánea batucada de tamboras y panderetas, volcaron los corazones de cuantos allí estábamos, aclamando a su ciudad y condenando a los electos que, cual ratas, salían por la puerta trasera a la plaza de San Francisco, escabulléndose con cobardía. Entonces cantaron "La cucaracha" según se hace también estos días por los Indignados de otras ciudades, rememorando los gloriosos tiempos de la Revolución Mexicana. Luego, algunos concejales de menor cuantía —en el sentido de no disponer de coches oficiales— hubieron de cruzar hacia la avenida de la Constitución. Los manifestantes volábamos a despedirlos. Las cacerolas sonaban a escasos centímetros de sus oídos, los gritos, las acusaciones, los índices señalando los envolvían. Se adivinaba a los policías de paisano listos para intervenir.
Por fin, aunque ni a Rajoy ni a Griñán les vimos el pelo, el nuevo alcalde salió, en un risible alarde de echar huevos, por la puerta grande. Un momento antes, en silencio y con decisión aterrorizante, los policías se desplegaron entre la multitud, para protegerlo, sin conseguir a pesar de sus lúgubres talantes que los sevillanos arremolinados lo rodearan increpándole como se merece. Un muchachote con casco de obrero pintado de consignas y enarbolando una pancarta del 15-M le cortó el paso expresándole con mímica que tenía el rostro de cemento y, como un perro acorralado, el nuevo mandamás tuvo que recurrir a ladrar algo, aunque a todos nos parecieron gañidos. Se hizo merecedor, con su gesta, a la Medalla de la Gran Cagada.
Esto de Zoido acaso te interese en especial, Cisco del alma. Te deseo que nunca en el resto de tu vida gentes nobles hasta la raíz de los cabellos y hasta el fondo de las almas te tengan que abochornar, como abochornaron al flamante alcalde del Partido Popular en Sevilla Zoido cuando acabó la ceremonia de investidura del nuevo ayuntamiento en la tarde soleada y clara del sábado día 11 de junio de 2011.
¡Viva, viva, viva el Movimiento de los Indignados!
¡Guau, guau, guau, guarraguau!

sábado, 7 de mayo de 2011

Dos soluciones

Mira, Cisco. Te voy a hablar en crudo. La verdad, como buenos amigos que somos.
Después de los últimos acontecimientos mucho me temo que los segurócratas internacionales van a campar a sus anchas. Yo no quiero que nos señalen en nuestros apacibles paseos como sospechosos de algo, así que, viejo compañero, he decidido con harto dolor de mi corazón controlarte aún más si cabe.



Lo primero, aunque tenga que apoquinar el doble en la sección de mascotas del Corte Inglés, vamos a probar con la DIRECCIÓN ASISTIDA, a ver si así nos dejan en paz los artífices de la paz.


Y este segundo caso, extremo donde los haya, es para demostrarles que, como los de Bildu, (¡que la Diosa Independencia sea con ellos!), estoy dispuesto a hacer sacrificios por un mundo más seguro.
Estas pistolitas empiezan a ser demandadas por los policías municipales, y creo que ya las gastan los Mozos de Escuadra. En fin, Cisco. Disimula lo que puedas, porque no me pongas en el brete de tener que freirte las asaduras.
Dame un besito, majo.

martes, 3 de mayo de 2011

El dolor y la enfermedad

En estos tristes temas, Cisco, interrumpimos nuestras reflexiones.
Creo que, en aras de una mayor manejabilidad, debemos incluir todo ello en la amplísima noción o concepto de "El Mal". Al fin y al cabo, todo lo que percibimos como doloroso lo catalogamos de inmediato como "malo".
En el nivel más inferior, por estructurar nuestra pesquisa de alguna manera, nos encontramos con el mal físico, el que produce dolor, esa desagradable sensación en nuestro organismo. Luego, a otras escalas, están las abstracciones del dolor moral, de la pesadumbre intelectual, etc., etc. Pero de todo ello podemos prescindir sin mayores dilaciones, en cuanto que ya establecimos desde el principio una especie de pacto o declaración de intenciones: los constructos mentales, las divagaciones metafísicas, estéticas, éticas, místicas o de cualquier otra índole que escape a lo puramente material, no son por ahora diana de nuestra especulación. Así que vamos a atacar el mal en el mundo, pero en el plano material. Es el dolor lo que nos interesa. Su génesis, su origen, su finalidad.
Podríamos pensar que el mal así entendido solo tiene una utilidad, que es la de resaltar el bien, definiéndolo como su antagonista. Gracias al mal, somos conscientes del bien.
También en el mismo sentido, podríamos considerar al dolor como una señal de alarma, que nos avisa de que algo va mal. Recuerda el ejemplo tan manido del que se está quemando, que si no lo sintiera o lo percibiese como una sensación placentera, perdería piel, músculo y hasta hueso por la acción de las llamas.
Veo luz en tus ojos. Ni mucho menos es la aceptabilidad del dolor en el mundo, ya lo sé. Los estoicos griegos andaron por ese camino. Ahora medito sobre si es más importante padecerlo o erradicarlo de nuestras vidas, o bien saber con exactitud y certeza su origen y finalidad; quizá demuestre mi debilidad rehuyendo el verdadero problema, pero ciertamente duele, y mucho, no saber el rotundo ¿porqué? del mal en el mundo.
Hasta el punto que,— creo—, que si comprendiésemos para qué sirve el mal, éste dejaría de serlo. Y ahora con esto desembocamos brusca y luminosamente en una conclusión: que el verdadero mal es la ignorancia.
Pero... ¿dónde estás? ¡Ciscoooo! ¿dónde andas?

Cisco se ha marchado al patio, a contemplar las pocas estrellas que se vislumbran en los grandes claros que dejan nubarrones fosforescentes. Pero la noche ya no es tan oscura para mí, con este descubrimiento que, gracias sobre todo a él, he hecho sobre la ignorancia. Decubrimiento... ¿o redescubrimiento? La maldita ignorancia.
El hombre, en su necesidad vital de saber, es capaz de ocasionar dolores sin límites a sus semejantes.

¡Qué alivio —imagino ahora— saber las causas últimas de un dolor de muelas!

martes, 19 de abril de 2011

Ciscus merula atento a las leyes de la naturaleza divina


A la tercera vez que se dejó caer del nido caí yo también (en la cuenta, gracias a Internet) que los pichones de turdus merula, vulgarmente mirlos, sin todavía saber volar tienen ese comportamiento. A riesgo de destriparse contra el suelo, porque desde una altura de 3 metros es bastante probable, luego se esconden donde buenamente pueden, y llaman a sus padres, los cuales los siguen alimentando y cuidando ahora a ras de tierra, hasta que logran emprender el vuelo.
Así se explica el ajetreo de mirlos adultos que hemos presenciado al fondo del corral durante marzo y lo que llevamos de abril, que es su época de cría, entre la gran adelfa y el enorme limonero (que plantó el viejo, q.e.p.d. como se suele decir) .
Cuando, alertado por tus insistentes ladridos, descubrí la primera vez al volantón horrorizado de tu cara y tu voz, piando desaforadamente bajo un matorral del arriate, no sabía que había nidos, así que lo cogí y lo puse tiernamente en la azotea, fuera del alcance de tus juegos mortíferos y con la esperanza de que sus padres volvieran por él. Luego inspeccioné ocularmente el entorno, y para mi sorpresa, había ¡un nido! entre la adelfa y el jazmín y el limonero —que todos tres son casi la misma cosa por la falta de poda—.
Cisco, un nido es un milagro de la naturaleza, un fenómeno aureolado de misterio dulce, de magia enternecedora, oscuro e inaccesible entre las ramas como un fruto ajeno e íntimo que hasta el árbol agradece con columpios fraternales y sombras amigables.
Saqué la escalera de la cabaña, recogí el pajarito y lo deposité en el suave y tibio fondo sedoso de la copa de ramitas, hojas y barro seco que tan increíblemente encajaba entre las horquillas de ramas como dedos orgullosos, como manos agradecidas.
Horas después volvió a caer, volviste a ladrar, volví a recuperarlo. Y a la tercera, tras teclear "mirlo" en Google, comprendí.
Ahora te he cerrado la cancela del corralito, para ver si, confiados, vuelven sus padres; tú estás intranquilo por la casa, con una mirada entre triste y brillante, atento a los sonidos del fondo arbóreo, solicitándome un no sé qué continuamente. Pero no voy a ceder, no. Esperaremos un par de días, a ver que pasa.
¡Ah!, apuntemos también, ya que estamos en materia, que estos días una pareja de golondrinas viene al patio con la primera luz de la mañana a cotorrear en los alambres de la ropa, así que no me extrañaría que nos hicieran el honor de construir su nido en nuestro hogar, Cisco, pero no te preocupes: nadie ni nada te sustituirá en mi corazón nunca. El otro día le dije a Simón Sanchez en la puerta del bar "Canela" que, puesto a elegir mirar el vuelo de un aeroplano o de una golondrina, prefiero el de esta última. Las aves son la sal de la vida, chato. Pero tú, aunque no despegues mucho de la tierra, eres el mejor pájaro del mundo.

domingo, 17 de abril de 2011

Hacia la vejez, con sabiduría gitana


La merluzada automovilística deja despejado el barrio y sus alrededores, fachorris con sus muñecos y materialistas a empercochar playas, riachuelos y bosques. Me parece estar solo contigo en el mundo, Cisco hermano. En honor a estos días de paz y sosiego, a modo de hito recordatorio en nuestras vidas, vaya una fotito de tu figura, que ya acusa la madurez serena, la perspicacia paternalista y la sabiduría honda que dan los años, cuando pasan e inciden en un substrato de excepcional valía, como es tu persona.*

* Nadie se escandalice, ni fachorris ni materialistas: persona viene del griego "personar", o sonar a través de, porque los artistas del teatro clásico usaban unas máscaras para personificar a sus personajes, hablando a través de ellas y así creando diversos efectos sonoros. Guau.


miércoles, 6 de abril de 2011

La vida, la vidorra.

Te veo cansadillo, parpadeando con frecuencia mientras me miras a la espera de la indicación de ¡vamos a la cama! Y hace calor. Pero no iremos a dormir sin antes filosofar un poquito, pequeño. No, no gruñas. Es solo un momento.
Nos toca desarrollar el concepto de vida; "¿qué es la vida?", preguntó un poeta, y nadie supo darle contestación, claro. Porque pretender definir algo desde dentro de ese algo viene
a ser como aquello de lo definido dentro de la definición que nos enseñaban en la escuela: ¿qué es un caballo? Un caballo es un caballo que tiene cuatro patas, cabeza alargada, cola larga, pezuñas ... No es una contestación aceptable, como tampoco lo es definir la vida estando vivo.
La vida soy yo, podría afirmar un listillo, y después irse tan pancho al bar, a ver el partido de fútbol. Tampoco es eso: eso es la vidorra.
Definir la vida desde nuestra perspectiva es tan imposible como inflar un globo desde dentro. Podremos creer que estamos agrandándolo, pero es una falsa ilusión, porque a la vez menguamos nosotros mismos.
Pero a la postre, la supuesta necesidad de tal definición es un problema artificial que no conduce a ninguna parte, o si acaso, a entablar discusiones estúpidas con antiabortistas, pongo por caso. Nosotros dos, querido Cisco, vamos por la parte del león. Y esta parte es que somos parte, perdón por la redundancia, de un sistema u organismo infinito y "vivo". O sea, que la vida no tiene límites. Podemos hablar lo mismo de energía, porque son dos conceptos intercambiables. La energía ni se crea ni se destruye. La vida tampoco, y lo que llamamos muerte y tanto nos asusta no es más que una transformación de una forma de energía a otra. Eso está más claro que el caldo de un asilo, Cisco.
Entonces... ¿porqué ese miedo tan arraigado entre nosotros a la muerte? Creo que es porque ese cambio energético, por así llamarlo, va asociado al sufrimiento físico, a la enfermedad. Si muriéramos experimentando un orgasmo, por ejemplo, ten por seguro que el paso no sería tan traumático.
Entonces... ¿porqué el sufrimiento y la enfermedad y el dolor? Bueno, el dolor es nuestro más fiel compañero, no solamente a la hora del tránsito final, sino desde que nacemos, así que no deberíamos considerar que el dolor a la hora de morir es peor que los que hemos sentido a lo largo de los años de nuestras vidas.
Ahora nos corresponde reflexionar acerca del dolor, de la enfermedad y del sufrimiento, pero disociado de la muerte. Así, esta muerte viene a ser un acaecimiento natural, que forma parte de la ilimitada maquinaria de vida de la cual formamos parte.
Y se acabó por hoy. Me voy a calentar el vasito de leche, y vamos a ver qué hay a ese otro lado de la realidad que son los sueños.

lunes, 28 de marzo de 2011

Divagando. A vueltas con el tiempo.

En vez de pensar lo que te digo, Cisco, hoy te voy a decir lo que pienso: he visto en la puerta de una iglesia unas docenas de enchaquetados de azul marino. Pasaba un viejo chocho en aquel momento por la acera de enfrente, y he pensado —pero no lo he dicho— que si se hubiera liado a bastonazos en las espaldas del enjambre, se hubieran formado nubes de polvo del siglo XIX para atrás, oye; algunos llevan arañas en los sobacos, y cuando se persignan salen corriendo por los bancos escandalizadas.
Todo esto de la creación es una trola de las gordas, pero cualquiera se sube al púlpito a declararlo. La creación ... menuda mentira. En el universo está todo dado, querido amigo; la energía ni se crea ni se destruye. Y como la energía, la materia, que es una forma de ella. El cosmos está en equilibrio, y el tiempo (por si algún imbécil te pregunta que cuándo empezó todo) es solidario e inseparable del espacio. Algún loco abstraído pensó que podía aislarlo, y caló la mamarrachada, sobre todo en los susodichos.
Yo, que poseo, como bien sabes, un número de pie algo... mmm... "aparatoso", me tropiezo de cuando en vez con alguien que me lo hace recordar, y últimamente respondo:
—La creación es un cuento, estimado amigo. Todo está dado desde siempre, mira: te voy a dar una pista del número que calzo, y es que es inversamente proporcional a tu coeficiente intelectual. Eso demuestra que el mundo está en equilibrio. Todo lo que me sobra a mí por abajo te falta a tí por arriba. Es maravilloso, ¿no te parece?

Y mi interlocutor ocasional comprende, y se queda absorto. Le leo el pensamiento.

EPÍLOGO.
Cisco, el tiempo fue una invención de los ociosos que no tenían nada más que hacer que mirar el paso de las nubes, de las muchachas en flor, de las moscas. Así que, hasta luego*.

* Palabra vacía de significado, según se acaba de demostrar.

sábado, 5 de marzo de 2011

Espacio. Territorio.

—Ha llamado Reyes.
—¡Cisco, te he dicho que no toques el teléfono!
—¿Que no lo toque? ¿porqué?
—Tú no puedes agarrar bien el auricular, con estas torpes manos que tienes, y se te va a caer. Ya estoy viendo el micrófono rodando hasta el patio.
—¿Torpes manos las mías? No digas tonterías. No me hacen falta deditos largos y articulados, Antoñito. ¿Te crees superior porque puedas coger cosas? ¿Estás más en el mundo por ello? ¿Percibes la realidad con más exactitud? Mira, verás: yo con la boca sé más de las cosas que tú con todo el despliegue de sentidos de que haces alarde, manitas. Con mi boca puedo desde darte esos bocaditos cariñosos en la nariz que tanta gracia te hacen, hasta arrancártela de cuajo de un mordisco, no lo olvides.
—¿?
—Nosotros observamos el entorno con toda la cara, y con ella detectamos si las cosas están tibias o frías, duras o blandas; las vemos tan de cerca que somos prácticamente parte de ellas; las olfateamos, percibimos sus vibraciones con nuestros bigotes. Y como el espacio es, ni más ni menos, el depósito de las cosas, nuestra experiencia de tal espacio está tan integrada en nosotros mismos que no se nos ocurriría nunca especular sobre si es curvo o si tiene catorce dimensiones.
—¿Sí? Y... ¿cómo me ves entonces? ¿qué te parezco?
—¡Ja ja ja! Tienes gracia. Paso de la pregunta, por ahora. Lo que de verdad te interesa saber es lo del espacio, y su correlato, el tiempo, ahora que estabas tocando el tema. Mira, Antonio: decías que el tiempo no tiene realidad alguna, porque es la suma de puntos sin dimensión. O sea, algo así como España, que algunos quieren que sea la suma de gallegos, cántabros, vascos, aragoneses, catalanes, valencianos, andaluces, extremeños, etc., etc.
—En eso te doy la razón. No he visto concepto más absurdo que el de Nación Española. Recuerdo aquella pregunta de "pega" que nos hacían en la escuela: "¿Cuanto suman dos plátanos, tres peras y ocho manzanas?".
—No me río, querido amo, porque la cosa es demasiado trágica. Estas gentes mangoneadoras desde Madrid llevan siglos sacando tajada del dichoso Ente, y así estamos. Son capaces de las mayores canalladas con tal de mantenerse en la sacrosanta administración del país.
—Claro que sí, Cisco. Y su principal argumento es la lengua, el lenguaje del Imperio, que decía Nebrija. Pero no te preocupes, que con las herramientas filosóficas que tengo, vamos poco a poco a rebatir todo lo que, movidos como están por intereses egoístas, expongan.
—Y yo que lo vea. ¡Ah, otra cosa! Vosotros, con las manitas, estais cargándoos el mundo.

miércoles, 2 de marzo de 2011

El Tiempo y el Concepto

Hola, Verdial; aprovecho el rato que Antonio dedica a hacer las compras, para contestarte. Pero en cuanto oiga la puerta, tendré que interrumpir...
Mira: cuando mi simpático amo tira una piedra, desde que abandona su mano hasta que aterriza pasa —describiendo la consabida parábola aérea— por un número indeterminado de puntos en el espacio. Y a este conjunto de puntos se le llama tiempo. Que es una palabra, cuya articulación o pronunciación requiere también de eso mismo a lo que alude, o sea, de tiempo, algo hecho de la misma sustancia que la parábola pétrea. Así, podríamos hablar del tiempo que tarda un tartamudo en decir "tiempo", por ejemplo, e incluso medirlo con aparatos sumamente precisos. Volveremos sobre ello luego.
Ahora, ayúdame tú pensando conmigo en que, en el lenguaje humanoide, podemos añadir prefijos a las palabras, para indicar otra cosa de lo que originariamente indican, como por ejemplo, el prefijo a- añadido a nuestro "tiempo"; lo que nos daría "atemporal", o sea, fuera del tiempo, fuera de la parábola de la piedra de Antonio. En otros casos más cotidianos de añadiduras de prefijos no quiero entrar, porque su praxis es de todos conocida y aceptada, pero en el caso de la "atemporalidad", se me plantean agudos problemas filosóficos, hasta el punto de que pienso que, en tal ámbito, no es más que un juego de palabras, que, como los niños forman puzzles, los académicos de la teoría del pensamiento han formado, a modo de juego, para entretener sus ocios y de paso ganar algún dinerillo dando conferencias, clases magistrales y libros a la prensa.
Porque, querida Verdial, como decía el sobredicho Antonio, fuera del tiempo no hay nada, y en este caso, la atemporalidad es un concepto vacuo, artificioso, falso y sin realidad, cuyo reflejo en la mente es una imposición de esos malabaristas del lenguaje que se dedican a pegar sufijos y prefijos en las palabras de la vida diaria, "a ver que sale", en vez de sudarla con un pico y una espiocha, que es más duro y sacrificado.
De manera que sí, mucho concepto, mucha teoría, mucha abstración, mucha elevación de la mente, mucho idealismo, pero en cuanto se dicen cuatro verdades, todo se viene abajo estrepitosamente.
Pero hay más, porque puestos a tirar por tierra el tinglado, soy de los que no paran, vamos. Y lo digo sin fanfarronería alguna, ¿eh? Me venía a referir al mismo tiempo, al mismo concepto de tiempo, y voy a salirme de él, pero no por la puerta, como diría aquél, que es lo civilizado, sino derribando la fachada: por de pronto, te adelanto, con rapidez, que viene el amo, que el tiempo no existe.

Oye, te dejo, que ya está aquí. Guau.

lunes, 28 de febrero de 2011

El Ser y el Tiempo.

Te estás haciendo viejo. Me vas alcanzando. Ya falta menos para que se nos desvele el misterio. Espero que nos vaya bien cuando el guarda-agujas nos de la señal de salida. Pero es una esperanza pueril, casi una forma de auto-engaño, un modo de sugestión, una droga que el cerebro produce porque si se enfrentara a la cruda realidad, se fundiría como una bombilla. El cerebro no está diseñado para soportar lógicas de tal magnitud.
En cualquier caso, he tenido suerte con compartir contigo esta etapa, que ya apunta a ser la última, por ley natural. Pero no hay que esperar nada. Nos morimos, y punto. Ni tan siquiera sabemos el momento exacto. Nadie lo sabe, nadie lo puede certificar. El instante no tiene esencia alguna. No está sustanciado ni siquiera en algún lugar concreto de la cabeza humana, ni perruna, ni pajaril, ni hormiguera. Ni en el trueno, la ola, el viento, la hoja que cae desde el árbol, los ángeles o el demonio. Ni mucho menos en la idea, ya que pensar el instante es del todo imposible. El pensamiento es tiempo, o, más que tiempo, una caricatura de él, un simulacro demencial, un vaivén de atracción de feria.

El amor que te tengo es más importante que la muerte, o, por lo menos, más real, más humano y asequible, más a mi medida. Claro que... cabe que viva contigo porque necesito dar un achuchón de vez en cuando a algo vivo, vivo en el sentido de que se mueva, transmita calor, haga ruido...
En este caso por mi parte sería una necesidad puramente animal, como la que tienes tú de atención, de alguna palabrita cariñosa siquiera—en eso eres más sincero que yo, con esa espontaneidad tuya tan exigente y rotunda—. De todos modos, me enorgullecería que entre tú y yo hubiera pura animalidad y nada más que pura animalidad. Esa es tu genialidad, la lección que inoculas en mi alma sin que yo me percata de que me la suministras, de que la recibo, de que me enseñas a vivir.