martes, 17 de noviembre de 2009

Los tartesos y sus perros


En estos montoncitos de basura y detritus que nos muestra la fotografía podría haber reliquias de algún antepasado tuyo, compañero. Son de los que los arqueólogos recolectaron en el cerro del Carambolo en el año 1957 —yo tenía cinco entonces—, y se exponen en el Museo Arqueológico de Sevilla en los actuales días, junto con, como no podía ser menos, el auténtico tesoro de los tartesos. Otra vez mis ojos ya viejos, o casi, se han dejado acariciar por el brillo melancólico y otoñal, y algo enigmático también, del oro antiguo del collar, de los brazaletes y de las placas. Voy por el Carambolo a menudo. Digan lo que digan las gentes de Camas, el Carambolo es castillejano, o, mejor dicho, de las tribus que habitaron por aquel entonces las alturas aljarafeñas orientales, puesto que está a un tiro de piedra de nuestro hogar, Cisco, y los cameños, sin embargo, tienen que, para llegar a él, andar un buen rato por escarpados barrancos. Entonces las mentes no estaban tan compartimentadas por fronteras administrativas, por pertenencias político-territoriales, por egoísmos del capitalismo deshumanizado. Hoy en el Carambolo hay, con frecuencia, jóvenes atiborrados de toda clase de drogas, los cuales bailan y ríen alrededor de sus coches-discotecas. También hay asentamientos chabolistas cercanos, con sus chiquillos astrosos y sus perros mansurrones. Y mucho grafiti, mucha pintada colorista en los muros de hormigón que cubren el santuario por excavar. Y basura moderna y vertidos de escombros por doquier. Los pinos están castigados y la cabeza del cerro medio calva, medio quemada. Algunos pasean sus perros por allí, para que husmeen la epopeya que emana de la tierra.
Y el barrio de El Chato, como un río ladera abajo, hacia la Vega, manantial del olvido cuya corriente de casas sordas, humildes, ruinosas y fantasmales, blanquea espectral bajo la luna cuando subo la Trocha bicicleta en mano tras vivir un anochecer hispalense, imperial.

viernes, 13 de noviembre de 2009

¡Ea!

A día de hoy, la dermatitis se ha ido (nadie sabe cómo ha sido).



Otro aspecto de su ausencia. Adios.



Ayer ya se notaron los primeros síntomas de recuperación.



Otro aspecto de la situación en el día de ayer.

martes, 10 de noviembre de 2009

La dermatitis alérgica



Te vamos a dejar como nuevo, chato. Las dos inyecciones de esta mañana para empezar. Parece que la del lomo te dolió, ¿eh, pájaro?. Pensarás que soy un canalla por llevarte a ese antro de penalidades que imagino debe ser para ti la clínica veterinaria. Estoy seguro que no asocias con ella el bienestar posterior que te dispensan los cuidados y atenciones que allí te proporcionan, pero así es, Cisco. Ese precioso tesoro que es la salud tiene su fundamento, origen y basa en los medicamentos que nos proporcionan los doctores, salvedades aparte como es la vacuna contra la gripe A según la monja Forcades, pero eso te concierne sólo indirectamente (en el sentido de que, si caigo malo con dicha gripe no podrás disfrutar de tus dos o tres paseos diarios).
Han sido 34 euros por la consulta y los dos inyectables. Preferible es gastarse el dinero contigo, antes que con muchos humanos que en el mundo son. La caja de pastillas, CEFA-CURE, de 20 unidades, 20 euros y 26 céntimos, o sea, más de un euro por pastilla. Te digo lo mismo: es dinero bien invertido. Y queda el CORTAVANCE en espray, que recogeremos esta tarde de la farmacia. Nada, nada. No te preocupes. Lo peor que puede pasar es que nos veamos en la calle durmiendo en cartones, con una mano delante y otra atrás.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Apreciaciones

Cisco, una persona que lleva a su perro suelto de paseo sin su collar y su correa es un ser deleznable, miserable, irresponsable, "hecho polvo", si me permites la expresión; por obvias razones, entre las que están que el can pueda extraviarse y perderse —la más importante según mi valoración—; otra de estas razones es la molestia que causa a las demás personas que comparten los espacios públicos, y a las eventuales mascotas de estas personas; ¡cuantas veces hemos ido juntos, disfrutando de nuestro esparcimiento por calles y campos, y de sopetón ha llegado hasta nosotros, a importunarnos, un perro agresivo, cuyo estúpido dueño no se preocupa por él y mira, por lo general, para otro lado!
Me consta también que hay gente con una especial sensibilidad, que no soporta la proximidad de un animal. En especial, muchos niños. Bastantes.
Imagínate a tus congéneres atiborrándose de porquerías indigeribles en todo contenedor que se ponga a mano.
Es penoso ver a diario por paredes y postes los cartelitos fotocopiados con los que un poseedor de perro implora algún dato sobre su perro desaparecido, a veces ofreciendo dinero. Pero para estos desgraciados a los que parece importarles un comino que su chucho muera aplastado por un automóvil, o que muerda a cualquier viandante, o que se desoriente, se pierda, y sufra las terribles consecuencias del hambre, la sed, el abandono... dichos cartelitos deben significar algo así como cursilería, cosas de "pijos", según parece.
Cisco, estas personas son dignas de lástima. Deberían estar atendidas por psicólogos. Son más dignas de conmiseración que sus tristes, desamparados animales.
Nunca, —entérate bien—, nunca, te llevaré de paseo sin tu arnés y tu correa retráctil.