jueves, 31 de julio de 2008

Cisco, no seas animal. Más delicadeza, grandullón.

lunes, 28 de julio de 2008

¡¡Qué fresquitoo...!!


Con nuestra botella pulverizadora de agua se acabaron los sofocos y se acabó el restringir los paseos a las horas frescas de mañanas y tardes. Ahora podemos disfrutar saliendo a mediodía, para ver como el sol furioso, retorciéndose, se mete en cada rincón buscando a muerte a sus enemigas las sombras y deshaciéndolas con sus enormes cuernos de toro iracundo.
Disfrutamos de los aromas de los campos secos, del crepitar de los pastos cálidos, del brillo de las casas resplandecientes, del cielo abierto tan luminoso que diríase blanco como la nieve, y hasta las sucias aceras de hormigón y los pintarrajeados muros de ladrillo antes infernales nos parecen mundos llenos de interés. En cualquier momento nos detenemos y te rocío con una suave nube la boca entreabierta, los ojos semicerrados y percibo, aunque estás en otra dimensión, como vuelves a la dicha de vivir. Como segundo plato, un par de chorritos próximos y cortos sobre el nacimiento de tus melenudas orejas, y varios consecutivos a lo largo de tu espinazo, hasta el brote del rabillo: ahora sé que vuelves a sentir el latido acompasado de tu corazón, ése que es tu compañero interno.
Y de postre, otra nube esparcida en la cara.Bajo los rayos solares blanqueas, pareces un perro de plata escarchada de luz polvorosa, lleno de una fresca satisfacción que te gotea hasta la punta de la húmeda lengua colgante...
Te sacudes y renovamos nuestro pletórico caminar... hasta que vuelves a pedirme más.

sábado, 26 de julio de 2008

Tranquili tran tran trantreiro


Bueno, hombre. Ya sabes lo que dicen tus amigos de la Red: no te persiguen todos los coheteros de la comarca.

viernes, 25 de julio de 2008

Los cohetes

Chico, chiquillo... ¿porqué te asustan tanto los cohetes?
Te quedas inválido, pegado a mí, y me cortas el paso pidiendo anhelante que te suba en brazos y te lleve a casa.
Los cohetes del día de Santiago, fiesta local en nuestro pueblo. Secos y altos llenan los horizontes con las copias de sus ecos en cada tapia, en cada hondonada, en cada loma. Este Aljarafe de ferias y romerías parece que se ha confabulado, como si te persiguiera, llenando el cielo de explosiones.
Me abrazas el cuello con tus patas y noto como la tensión te endurece cada músculo, como te vuelves animal de madera. Definitivamente el miedo hace presa de tu ignorancia; o todo es esa fina sensibilidad que dicen los expertos tenéis los perros en los oídos.
Yo tampoco soy muy cohetero, Cisco. Aunque te confieso que uno de vez en cuando, subiendo altísimo en el cielo celeste con su característico silbido (que te eriza cada pelo), hasta que su estampido rotundo pregona instantáneamente alegría, vino, baile, me produce una emoción suave, más cristalina cuantos más años cumplo.

Quizá te recuerden tormentas en parajes desolados, cuando de cachorro andabas perdido buscando el calor de tu madre. Truenos que rompían los cielos inhóspitos sobre tu cabeza.

¿Porqué te asustan tanto los cohetes?

domingo, 20 de julio de 2008


Yo me limito a transcribir lo que veo en tu cara limpia, lo que me cuenta tu cuerpo peludo. Estás contento y te sientes orgulloso de tu nuevo amigo Pedro Delgado. Cuando escuchabas hace un momento a Carmen Linares de su mano has querido acceder al teclado para agradecerle la labor esquisita de su blog, la sabia disposición de las imágenes, la pertinencia de las cualificadas citas, el sentido en general de todo su aporte al flamenco que respira sentimiento armonizado con un rigor pergueñado con las categorías de la ciencia.

Por eso vamos a dedicarle a Pedro, nuestro nuevo amigo (mío también, si permites que lo compartamos), tu pose inocente de buen aficionado en el rincón del cante grande, en ese patinillo donde transcurre tu vida que es la mía, Cisco, bonito.

Y desde este memorable día cuenta conmigo para disfrutar de la música que Pedro nos brinda desde su Cáceres y desde su rica experiencia de maestro. Te leeré lo que nos vaya narrando y te subiré en brazos para que admires en la pantallita sus fotos llenas de vida y pasión.


Y ahora, reconociendo su valía con unos sonoros ladridos, despídete de él hasta pronto.

jueves, 17 de julio de 2008

El mundo no estaba preparado


En la gigantesca caja de resonancia que es la Red, Cisco amoroso, tu anticlericalismo canino está teniendo asombrosas repercusiones. He aquí la portada del The Time.

miércoles, 16 de julio de 2008

A Lily, que fue de Reyes


Con tu túnica negra pareces un jesuita antiguo. Y a veces compones el mismo gesto hipócrita que ellos, Cisco, cuando te sorprendo espiando de reojo mis movimientos.

Que los curas tienen derecho a afirmar que existe un Dios Padre compuesto de Tres Personas Distintas es algo que está fuera de toda duda; como fuera de toda duda está el que yo también tengo derecho a afirmar que existe un Cielo de Perros Buenos (que sois todos, porque hablar de perros malos es hablar de hierros de madera).

En este Cielo perruno está desde el 16 de septiembre de 2007 —y estará eternamente— Lily, la perrita de Reyes, disfrutando de la sagrada compañía de Dios Padre Perro, y de todos los ángeles caninos.


Hubo, querido Cisco, un pintor sevillano, no de los de tapia, cal y brochón, sino de los otros, que se llamaba Murillo. Por hacer justicia y en honor a la perrita de Reyes, reinterpreto sus obras. Pongo, en vez de amorcillos, cachorros regordetes que ladran y gritan jugueteando constantemente en los bordes de un rompimiento de gloria sobre Montequinto. En medio del cual, flota ataviada de celestes y blancos Lily, que mira a la humanidad con toda la bondad de sus ojos de animal sin mancha.

Porque vosotros los perros, Cisco, no teneis fealdad de manchas. De moral alba nos hablan vuestras miradas, anhelantes de paseos, de pelotitas, de rascaduras y de huesos de chicle contra el sarro.

Nada más... y nada menos.

Margot

Seguramente tienes en tu memoria su imagen oscura, su piel negra, azulada, marrón oscuro; seguro que tienes grabado su perfume, su alegría reforzada por estar en España, por ver a su hijo, su voz con la que más que hablar cantaba, y sus bellas manos acariciadoras.
Durante los primeros días no soltaba el bolso, abrazada a él, a pesar de mis objeciones:
—¡Ponte cómoda, Margot...! ¡estás en tu casa!
Creo que empezó a quererte desde que le pusiste las manos en su pantalón vaquero azul en el primer encuentro. Le recordabas a su "Duque", que quedó allá en la Isla llorando por su partida.
No nos dejabas hablar, Cisco, saltando de una al otro, ladrando, intentando ser el centro de atención de nuestras largas veladas:
—Mi padre era muy trabajador. Cortador de caña. Había temporadas en las que los mandaban a los cañaverales de Venezuela, y volvían con un buen dinerito. Eran malos tiempos los de Fulgencio Batista, también hijo de cortadores de caña. Llegó papito una vez a casa y mis hermanos estaban sentados en la puerta: ¡Ah! ¿No estais estudiando? y le respondieron: es que no hemos comido. Entonces envió a uno a la tienda cercana por una gran lata de sardinas. Mi madre las hizo con arroz, mientras él decía: los estudiantes tienen que comer bien.
Y Margot se queda en silencio, con la mirada perdida más allá del patio y del limonero, dos ojos de plomo triste y empañado que parecen estar contemplando no Cuba, sino lluvias sonando en selvas antiguas, atardeceres reflejados en anchos ríos, nubes sobrevolando inmensas llanuras. En su entorno, sentada en medio de la habitación, la luz de la tarde forma un aura que no quiero alterar con mi presencia. En estos momentos hasta tú, ignorantón, sabes que pasa algo importante. Nos vamos a la cocina a preparar colacao y así la dejamos sola... porque nos consta que no lo está.

martes, 15 de julio de 2008

Gatoperros, gaterros

Veo con placer que te has hecho amigo inseparable de la gatita negra, la huérfana de Tina, que en paz descanse. Veo que le encanta que le des con tu fresco hocico en la nuca, en el cuello y entre las orejillas. Veo que a veces, en los ratos tranquilos cuando el sol corona de oro la copa del gran limonero y el aire en calma llena la tarde moribunda os echáis los dos en las baldosas del patio, cerca uno de la otra, contemplándoos con agrado, como rumiando gozosos vuestra amistad.
Y de todo ello me alegro. Así estás menos solo cuando tengo que salir a hacer las compras, o a buscar papelotes en los archivos de Sevilla.
Fíjate, Cisco, en sus ojos. Parecen dos monedas de oro con luz propia, como si en su cerebro felino habitase un alma de coraje metálico. Le arden cuando nos mira, pero en el fondo sé que piensa, que está pensando, cosas muy bonitas sobre nosotros dos.
Aunque de vez en cuando te lance a la cara un golpe con su zarpita ligera y minuciosa, acompañando el hiriente gesto con un bufido de hartazgo y desesperación, no cejes en tus juegos, en mimarla y lamerla, en demostrarle a todas horas que la quieres...
¿Será amor lo que os une?
Me gustaría que me diérais unos gaterros. Capaces de ladrar y de escalar paredes. Darían al vecindario el espectáculo desde la azotea.