martes, 22 de abril de 2008

Fragmento

...al borde del redondel blanquecino de la era un perro grande dormita echado junto a unos hinojos medio secos, hundido entre las malvas sobre cuyas amplias hojas las cincindelas extienden sus élitros irisados al calor del sol; el perro, legañoso y sucio, es importunado por las moscas y las garrapatas, que este año atacan con especial crueldad; a la sombra de una gran higuera a cierta distancia de un tosco chozo de techo de palma seca vemos dos bueyes rojizos que recuerdan por su tamaño a los viejos galeones de la carrera de Indias; rumian mansamente resoplando de placer o cortan con bocados parsimoniosos la alta hierba que crece en derredor del frondoso árbol, la piel parcheada con sol y sombra, mientras espantan a orejazos las avispas impertinentes que buscan libar en las brevas más maduras el dulce jugo que fabrica la rica tierra en conjunción con el calor del verano; zumban también abejorros metálicos; como copos de nieve extraviados de tierras extrañas las mariposas de la col revolotean entre los jaramagos del borde de la hijuela...