sábado, 25 de agosto de 2007


Fíjate, Cisquín, y no te dejes engañar en tu inocencia canina: cuando con torpes hocicadas pretendes que una salamandra participe en tus lúdicos afanes, se desprenderá de su cola, creyéndose atacada a muerte, y tú, bobo, acudirás a este apéndice cuyo único valor es que se agita desaforadamente como si toda el alma vital del animalito residiera en él.

Ella sin embargo, con disimulo espera inmóvil, petrificada, quieta como eso, como una piedra, a que tu atención acabe de fijarse en el latiguillo nervioso que colea como por arte de magia, y cuando algo le avisa de la consistencia de tu distraimiento dará raúda carrera a cercano refugio, librándose de esta forma de la impertinencia de tus groseros modos. Y tú, tonto de baba, habrás trocado un completo juguete por su más insignificante parte. Date desde ahora por avisado, mastuerzo querido.

jueves, 9 de agosto de 2007