domingo, 11 de febrero de 2007


Ya estaba yo preocupado por el ninguneo a que os someten las gentes del espray, entre las que hay grandes dotados capaces de repeler las más desorbitadas subvenciones municipales con que los domadores de la sociedad axfisian creatividades, se supone que solo por el placer de regodearse en sus festines; frente al arte por el arte, el hacer daño por hacerlo es el billete que intercambian en sus orgías oficiales, entre grandes risotadas babosas, los filisteos frustrados.


Esta mañana, en la ciudad, de reojo al pasar ví lo que podía ser la sombra de un perro al acecho de un colega que alzara la pata; quizá sea una estratagema de los vecinos del inmueble, porque esa esquina es tránsito de amos que llevan sus cánidos al solaz del río, y lugar ideal para cambiar de agua al canario, y esa negra presencia no invita a la relajación que exige la apertura de esfínteres. Pero quiero pensar que alguien pleno de ideas se ha molestado en acuclillarse un rato a espaldas de los alguaciles, sin otra intención que, quizá, hacerle un daguerrotipo a su compañero. Ojalá se respete esta obra maestra y pueda yo verla ahí hasta que, pasando el tiempo, chochee. No te permitiré que la sometas a una lluvia dorada, Cisco.

viernes, 2 de febrero de 2007


Fíjate; Polka tiene 10 años y se ha perdido en el frío noviembre; a veces un perro maniobra de tal manera que se desembaraza de su collar sin que su dueño pueda evitarlo, pero hay muchos casos de gente que lleva perros sueltos, a los que daría gloria ver corretear brincando si no fuera porque están en peligro de distraerse y extraviarse. La pobrecita de la foto debe haberlo pasado muy mal estos días gélidos, acosada por todo y todos, bebiendo el agua grasienta de los charcos, comiendo de lo que cae de los contenedores, sucia, nerviosa, dolorida quizá en ese improbable pero posible embrión de conciencia canina que acaso constantemente le repita, yunque y martillo, la traición de su amo.


Así que aplícate el cuento, porque cuando ves un grupito de gorriones picoteando eres de los que pierdes los papeles, Cisco; por eso te tengo bien controlado, con una correa de cuero al cuello unos días y otros, para que tu cuerpecito sienta alguna variedad, con un arnés de cintas negras que yo mismo modifiqué reforzándolo con tiras de piel de becerro cosidas a la antigua usanza, esto es: cerote, lezna y cáñamo. Por tu bien, amigo mío.