jueves, 27 de diciembre de 2007


Este árbol debe ser de tu agrado; se dice que tiene más de trescientos años de edad; han debido pasar muchos pájaros por sus ramas.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Este veterinario es idiota, Cisco. Me pregunta de sopetón ¿tiene pulgas?, dándome ganas de hacerle a la primera ocasión otra pregunta cruda y desconsiderada, como ¿fumas porros? o ¿te maltrata tu mujer?. Nunca acaba uno de aprender de los seres humanos, perro. Este muchacho con su bata blanca y su aspecto medio triste medio ausente inspiraba confianza, a mí al menos. Pero ahora solo veo negatividades: sus precios son altos, por ganar unos euros te endilga cualquier tontería dentro de un envoltorio o recipiente llamativo e historiado, trata a sus empleados con dureza y desprecio, no coordina ni empatiza con su socia la doctora...
Habrá que cultivar relaciones con el personal del otro centro veterinario de la localidad, por si vuelve a reincidir con preguntas propias de un maleducado. Cambiamos, y sanseacabó. Saldremos ganando. Hay gente incapaz de crear y mantener un clima de confianza en sus relaciones, pero cuando esta gente pertenece al gremio de la sanidad, sea ésta animal o humana, la catástrofe de la comunicación está servida.
Esta noche estoy de muy mal humor, perro. Y me descargo con tu médico, aunque mañana sospese otras circunstancias sobre este asunto y cambie de opinión.

jueves, 4 de octubre de 2007

domingo, 16 de septiembre de 2007

En el paseo de esta mañana, un preocupante percance hemos padecido, Cisco querido: cuando, ya de regreso, pasamos bajo el puente de hormigón de la autopista, te entretuviste olisqueando en un solar con pasto seco, y en un pequeño hoyo lleno de hojarasca introduciste el hocico con afán; de pronto comenzaste a estornudar sin pausa, lagrimeando, y al poco tenías la cara llena de moco, de la violencia de los estornudos y de los cabezazos incontrolados a que éstos te obligaban. He pensado de todo: una inhalación de alguna sustancia química que los obreros de la ampliación de la carretera hubiesen vertido, una espina de vegetal que se te clavara, un insecto molesto con tus indagaciones... Y más cuando con cada estornudo salpicabas con tu roja sangre el acerado y hasta mis botas. En efecto, te brotaba por la fosa nasal derecha un hilillo de sangre, que limpiabas, entre un estornudo y el siguiente, con la lengua.
Hemos cruzado la carreterita y a la sombra del Burguer King te hice reposar: tenías un tic en el ojo, estabas agotado y sin orientación, haciéndome considerar la posibilidad de tener que llevarte en brazos hasta casa, pero no fue necesario. Una vez aquí, te he dado de mi mano, a trocitos, las galletitas que tanto te gustan, después de lavarte la cara con una toalla mojada; has bebido agua abundante, y te has enroscado en un rincón, mientras yo enredo con el ordenador. Y cuando elaboraba estas últimas líneas, te has despertado con otra serie de estornudos, esta vez ya sin hemorragia. Como el tiempo ha refrescado, quizá solo sea eso, un pequeño resfriado.

sábado, 25 de agosto de 2007


Fíjate, Cisquín, y no te dejes engañar en tu inocencia canina: cuando con torpes hocicadas pretendes que una salamandra participe en tus lúdicos afanes, se desprenderá de su cola, creyéndose atacada a muerte, y tú, bobo, acudirás a este apéndice cuyo único valor es que se agita desaforadamente como si toda el alma vital del animalito residiera en él.

Ella sin embargo, con disimulo espera inmóvil, petrificada, quieta como eso, como una piedra, a que tu atención acabe de fijarse en el latiguillo nervioso que colea como por arte de magia, y cuando algo le avisa de la consistencia de tu distraimiento dará raúda carrera a cercano refugio, librándose de esta forma de la impertinencia de tus groseros modos. Y tú, tonto de baba, habrás trocado un completo juguete por su más insignificante parte. Date desde ahora por avisado, mastuerzo querido.

jueves, 9 de agosto de 2007

viernes, 29 de junio de 2007

Esta mañana me han traído el nuevo frigorífico, Cisco; afortunadamente he salvado casi toda la comida, excepto unos tomates que no resistieron la temperatura de estos días. Gran invento el frigo, y esta marca, en particular, es de garantía.
Hace un ruidito tranquilizador, un zumbido de calidad, y su mole blanquísima en la penumbra de la cocina reconforta la vista, mientras en el patio estallan de luz las tapias encaladas y el aire espeso e irrespirable nos apretuja como una mano gigantesca e ineludible. Hay gente que conserva a sus perros difuntos en el frigo durante meses (¡y años!); no lo veo mal ni lo veo bien, querido chucho; no soy yo quién para juzgar esas cosas, pero si alguna vez te mueres y alguien serio me promete que en unos meses (o años) dará con la solución para devolverte a la vida conmigo, aquí en casita otra vez los dos, no vacilaré en envolver tu cuerpo debidamente con un buen plástico y colocarte en posición fetal en el departamento de la fruta, abajo del todo. Departamento que, permíteme el excursus, está muy mal diseñado, desencajándose al completo con el menor tirón, y acabando en el suelo con todas las verduras si no se anda con pies de plomo.

lunes, 14 de mayo de 2007


Cisco, que comes los mosquitos inofensivos que se posan en las paredes del cuarto de baño; que desentierras y comes excrementos de gatos a pesar de que te producen vómitos; que tambien comes trocitos de plásticos de las botellas de agua y de tus juguetes (como este impávido lagarto que atenazas con tus mandíbulas); que me muerdes la ropa; que corres como un loco a lo largo de la casa, desde la puerta de entrada hasta el fondo del corral, sin motivo aparente; que te rascas demasiado, a pesar de que te lavo con bastante frecuencia; que ocupas la parte delantera de nuestra cama, aunque te he señalado, con una manta doblada, la otra mitad; que me ladras sin respiro mientras lleno el cubo de agua por la mañana; que con resignación te enroscas estoicamente cuando empieza la película de la tele; que cuando duermes te agitas, y con ladridos apagados parece que intentas alejar enemigos oníricos; que te gusta morderme las mangas y los pantalones, y tirarme de ellos hasta hacerme enfadar.

Quiero hacer público hoy que a pesar de algunos detalles, estoy contento de que vivamos juntos; el día 30 de este mes de mayo te toca vacuna contra la rabia: 18 €.

jueves, 5 de abril de 2007


Estas cuatro gatas son tus amigas, Cisco; están deseando que tomes el sol con ellas, y te dejarían muy gustosas el mejor lado en el cojín. Por ello no debes acosarlas a ladridos, ni perseguirlas desaforadamente escaleras arriba hasta la azotea, ni quitarles su comida, ni impedirles beber agua del cubo comunal.

Déjalas que entren en la casa, y que descansen sobre las sillas; comparte con ellas tus juguetes: el lagarto, la muñeca, el tigre de peluche, el sonajero, las pelotitas, y veras como te lo agradecen.

No las irrites porque si te enganchan con los rápidos zarpazos que tu conducta hacia ellas propicia, no serás en el futuro mas que un siniestro perro tuerto, rencoroso y escarmentado.

sábado, 31 de marzo de 2007

Chispa, la perrita de Don S***, era objeto de una historia insólita que se transmitía de un chiquillo a otro en el barrio; los más inocentones la creíamos a piejuntillas. Se decía que para evitar que fuera preñada, el viejo músico le había cosido con hilo los bordes de su aparato genital, y como es natural todos nos fijábamos cuando teníamos ocasión de verla por detrás, andando torpemente tras su amo hacia la taberna de Don J***; yo, alucinaciones aparte, juraría haber reparado en las puntadas, más por querer verlas que porque realmente existieran, y, en cierta ocasión le hice notar a uno de mis avispados amigotes que me parecía muy gorda, y que acaso estuviera con crías, a lo cual siguió una extensa explicación que me llenó de angustia durante mucho tiempo; decía que no podría tenerlos por mor del zurcido, y que acabaría reventando, o devorada interiormente por sus propios cachorros.
Pero todo eran fantasías infantiles; hemos comprobado que Chispa tuvo varias camadas, cuyos padres solían ser perros de la zona y de familias conocidas de Don S***, que como buen liberal republicano no veía mal un rato de solaz para su perrita.
Una de las crías, allá por el año 1949, le fué obsequiada a los niños del arquitecto Señor ***, que teniendo familia por esta zona habitaba en la capital, pero que ya jubilado se trasladaría a un lujoso chalé cercano al barrio, chalé que hoy ostenta una arboleda añeja, llena de señorío, y que fue el lugar de entierro de la hija de Chispa; murió axfisiada, sin respiración, después de unos años de resuello debido al golpetazo que le dio en los costillares un automóvil de juerguistas. No sabemos nada de sus descendientes directos. Hermano de ella otro hijo de Chispa, de la misma camada del 49, fue solicitado por P***, que entre otras tareas actuaba de jardinero por temporadas de Don S***, y de encargado del depósito del agua de Carrión de los Céspedes, de donde era natural y vecino; en aquellos tranquilos parajes transcurrió la vida del segundo hijo de Chispa, desarrollándola mas bien en libertad, dueño de una calle de casitas bajas y blancas, terriza, soleada y abundante en posibilidades de aventuras. Y, ya viejo, se espatarraba en el zanjuan fresco, al lado de un macetón cuya planta verde había crecido con él, mirando la calle con sus ojos vidriosos; cuando estuvo tan enfermo que solo inspiraba repugnancia y lástima su dueño una noche lo envolvió en una arpillera y bajo el brazo lo sacó a un olivar solitario que tras la casa se extendía, donde le aplastó la cabeza con un grueso pedrusco y lo enterró.

jueves, 8 de marzo de 2007

Otro perro famoso en el barrio, cuando tú ni habías nacido, era Pitri; pertenecía a la familia de D. J*** el tendero, y era zalamero de oscilante cola, de los que mostraba sus partes mas vulnerables a los mayores aun sin conocerlos de nada, pero ignoraba olímpicamente a los niños; era blanco con manchas negras, grandes e irregulares, alguna de ellas en la cara haciendo de sus facciones un absoluto misterio borroso, a menos que nos fijásemos mucho en ellas, con el ojo derecho confundido en la negrura de una, y la boca y el hocico en su mayor parte blanqueados caprichosamente, lo que ocultaba en todo momento su expresión. Merodeaba entre las mesas del bar hasta que su dueño el tendero, un anciano vivaz tocado de delantal blanco y con una batea metálica en la mano, lo expulsaba para que no molestara a los clientes. Nunca lo vimos confraternizar con Chispa, la perrita del músico.

Pitri tenía un corralón para él solo y era tratado con cariño por su dueño y los hijos de éste; llevó una vida digna, regalada; pero nunca atendió nuestras llamadas ni permitió que lo acariciásemos los niños; optaba por alejarse de nosotros sin más; por ello que guardo de él un recuerdo en cierta manera amargo, producto de las muchas frustraciones que me originó la ignorancia supina con que respondía a mis bienintencionados requerimientos. "Huele a perro", bromeaba J*** el hijo del tendero, obligándonos a todos a, entre risas, asentir.

domingo, 11 de febrero de 2007


Ya estaba yo preocupado por el ninguneo a que os someten las gentes del espray, entre las que hay grandes dotados capaces de repeler las más desorbitadas subvenciones municipales con que los domadores de la sociedad axfisian creatividades, se supone que solo por el placer de regodearse en sus festines; frente al arte por el arte, el hacer daño por hacerlo es el billete que intercambian en sus orgías oficiales, entre grandes risotadas babosas, los filisteos frustrados.


Esta mañana, en la ciudad, de reojo al pasar ví lo que podía ser la sombra de un perro al acecho de un colega que alzara la pata; quizá sea una estratagema de los vecinos del inmueble, porque esa esquina es tránsito de amos que llevan sus cánidos al solaz del río, y lugar ideal para cambiar de agua al canario, y esa negra presencia no invita a la relajación que exige la apertura de esfínteres. Pero quiero pensar que alguien pleno de ideas se ha molestado en acuclillarse un rato a espaldas de los alguaciles, sin otra intención que, quizá, hacerle un daguerrotipo a su compañero. Ojalá se respete esta obra maestra y pueda yo verla ahí hasta que, pasando el tiempo, chochee. No te permitiré que la sometas a una lluvia dorada, Cisco.

viernes, 2 de febrero de 2007


Fíjate; Polka tiene 10 años y se ha perdido en el frío noviembre; a veces un perro maniobra de tal manera que se desembaraza de su collar sin que su dueño pueda evitarlo, pero hay muchos casos de gente que lleva perros sueltos, a los que daría gloria ver corretear brincando si no fuera porque están en peligro de distraerse y extraviarse. La pobrecita de la foto debe haberlo pasado muy mal estos días gélidos, acosada por todo y todos, bebiendo el agua grasienta de los charcos, comiendo de lo que cae de los contenedores, sucia, nerviosa, dolorida quizá en ese improbable pero posible embrión de conciencia canina que acaso constantemente le repita, yunque y martillo, la traición de su amo.


Así que aplícate el cuento, porque cuando ves un grupito de gorriones picoteando eres de los que pierdes los papeles, Cisco; por eso te tengo bien controlado, con una correa de cuero al cuello unos días y otros, para que tu cuerpecito sienta alguna variedad, con un arnés de cintas negras que yo mismo modifiqué reforzándolo con tiras de piel de becerro cosidas a la antigua usanza, esto es: cerote, lezna y cáñamo. Por tu bien, amigo mío.

viernes, 19 de enero de 2007

Tienes letras en tu cara, perrito, y algunas de escrituras desconocidas, o bien extinguidas o bien relatoras de un futuro que comprendo, cuando te miro, a la perfección. En los reflejos de ciertas luces sobre el pelillo negro, tupido, que crece en tu hocico, hay letras Ds y en el hocico propiamente dicho, en su parte húmeda y fresca, hay Gs; en la maraña pilosa que cuelga de tus orejas distingo la S, y el blanco de tus ojos, cuando me miras de abajo a arriba, recostado en tu cojín, son Cs, lunas crecientes de lejanos meridianos, acaso iluminadoras de playas solitarias; tu boca alberga muchas Ms suaves, y muchas hirientes Ls e Is, y en tu frente, como un profundo enjambre de bordes difusos hay una sola A formada de miles de Fs, de Bs y hasta de Xs.

Pero es en los pocillos melosos de tus ojos buenos donde una descomunal pluma corregiría lo divino; en ellos me pierdo, imaginando hasta partituras de música no humana; en ellos se ahogarían Cervantes y Shakespeare, como marinerillos borrachos de sabiduría y pureza. Por todo lo dicho, Cisco, no te preocupe el no saber hablar; pero haz el favor de dejar de ladrarme cuando tecleo en el ordenador, chiquito: mírame, que ya es bastante.