domingo, 24 de julio de 2016

Los Zajaríes

Estudiado que tengo el artículo de José Mondéjar "Higo xaharí, granada çafarí y naranja zajarí", publicado en el Boletín de la Real Academia Española de septiembre-diciembre de 1993, y viviendo como vivimos en la vecindad de una urbanización llamada Los Zajaríes, por la cual acostumbramos a pasear casi a diario, estimado perrito... ¿cómo no dejar volar la fantasía hasta Al-Ándalus cuando por estos parajes aljarafeños surgían alquerías aquí y allá?  —"un cielo verde salpicado de estrellas blancas"—, dijo del Aljarafe un poeta de aquellos tiempos.

Me parece oir, mientras tú tiras de mí en zig-zag ansioso, buscando aromas en cada portal y en cada pie de árbol de Los Zajaríes, a los viejos andalusíes con sus burritos morunos, enanos pero llenos de energía, cargadas las angarillas de doradas naranjas, andando tras el animal parsimoniosos y felizmente sombríos, y pregonando con voz hueca y animosa la deliciosa fruta al pasar por los estrechos callejones empedrados de aquellas recoletas comunidades: ¡bintuuuuuu! ¡alburtuqal alzajariiiiiiiií! (¡niñaaaaa! ¡la naranja zajariiiiiií!).






NOTA: en la revista El Folklore andaluz nº 16 del año 1882 escribió Antonio Machado y Álvarez, padre del poeta, un artículo titulado "Los pregones" en el cual menciona a los higos zajaríes.
Naranjas, higos, granadas... ¿qué más da? El hombre y el burrito han permanecido incólumes hasta hace pocos años, cuando por nuestra calle pasaban a mediodía, y al oirlos salíamos a la calle los niños, admirados, ilusionados, esperanzados... Tú entonces ni habías nacido, Cisco.

martes, 12 de julio de 2016

Atropello mortal

Tú, Cisco, vas a lo tuyo y no te enteras de nada que no sea el paisaje de olores o algún gato que salta sobre una tapia al percibirte.

Hoy 12 de julio de 2016 hemos salido con la fresquita de la tarde a dar el paseo, hacia el norte, y al llegar al nuevo barrio aledaño al nuestro, entre las 9,30 y las 10 menos cuarto, todavía con luz vespertina, ví a una joven en pantaloncitos que con una bolsa se dirigía al contenedor de basura. Detrás iba, suelto a varios metros, un perrito pequeño, de tipo pequinés, y me puse en alerta. La joven volvió sobre sus pasos y pronto comprendí que no era suyo. De inmediato un hombre salió de uno de los coches aparcados y comenzó a acariciar al animalito. Nosotros, yo ya con la mente en otra cosa, seguimos en dirección a Gines cuando ví venir un coche a velocidad muy moderada. Sentí un porrazo y pensé que había cogido algún bache, mas de inmediato frenó, salieron de él dos muchachos con aspecto de universitarios, y de la casa próxima una mujer lamentándose y gimiendo. Me detuve, haciéndote callar los ladridos porque tú deseabas seguir con el paseo, y ví que la mujer envolvía el cuerpo del animalito con una toalla, el cual permanecía mudo, y se lo llevaba hacia el patio delantero de su morada, mientras los jóvenes en la puerta, visiblemente afectados, llamaban a un veterinario con sus móviles, llevándose las manos a la cabeza. Seguí observando y pensando que el animalito habría resultado con un porrazo más o menos importante, hasta que pasados cinco minutos, extrañado de la escena, te cogí en brazos y me acerqué. Uno de los jóvenes estaba bastante trastornado y pregunté al otro, temiéndome lo peor, "¿está muerto?" Sí, afirmó con la cabeza. Dentro del patio, sentada en el poyete de la entrada a la casa, la mujer sollozando sostenía al perrito envuelto en una toalla, abrazándolo. Le ví la carita, con los ojos abiertos, brillantes, como llenos de vida todavía. Intenté consolar al más afectado de los jóvenes diciéndole que ellos no había tenido la culpa.

Seguimos el paseo, y a la vuelta te dí agua fría en el hueco de la mano, de un botellín que como siempre a tal efecto llevaba en el bolsillo. Bebiste con ganas, disfrutando del apagón interior que el líquido te proporcionaba, y pensé: "esta experiencia vital tuya está brutalmente desconectada de aquella otra vida que fué entre las 9,30 y las 10 menos cuarto, y que ahora mientras sacias tu sed es un abismo gris, lívido, silencioso, helado, ya sin calle, ni esquinas, ni tan siquiera árboles, o solares, o coches aparcados, al norte, en el nuevo barrio aledaño al nuestro.

domingo, 3 de julio de 2016

La canícula

Está haciendo calor, Cisco. Ahora, en vez de con la manguera regar el patio, lo apagamos. Chirrían, crujen y exhalan humareda espesa sus losetas al contacto con la lanza hídrica, fría todavía porque la corteza terrestre no se ha calentado del todo. Lo hará ya entrado septiembre y lo notaremos al abrir el grifo, acto que entonces llenará nuestro vaso de algo parecido, en su temperatura, a un café servido de mala gana por un camarero antipático.

Vienen y van olas de calor más o menos duraderas y agudas, pero, te repito, es en septiembre cuando de verdad se asienta en el ambiente el sofoco tenaz y perenne, hasta que los primeros chaparrones otoñales apaguen, cual nuestra manguera, ese depósito de energía calorífica que es el suelo hasta un metro de profundidad, poco menos o más.


domingo, 26 de mayo de 2013

El 15-M cascabelero


Atronaban plazas y avenidas de todas las ciudades del país las masas del Movimiento del 15-M con diversos eslóganes, uno de los cuales, voceado a las puertas de los bancos más importantes, mientras se las señalaba al unísono con miles de dedos índices acusadores, era: "¡¡Ahí está, ahí está, la cueva de Alí Babá!!, en alusión a los banqueros ladrones, equiparándolos así a los ladrones del célebre cuento incluido en la colección de Las Mil y Una Noches. Ojo, aviso a navegantes, que Alí Babá era el hombre bueno y honrado de la historia. Y aviso también que  bābā, en español, es papá, pero también papa, pontífice; pero no la liemos y vamos al grano.
Si tuvieras entendimiento, Cisco, te leería antes de dormir algunas páginas de la edición que adquirí hace algún tiempo, la preparada por el profesor Juan Vernet, de Planeta, poniéndote —como me lo pusieron a mí cuando era niño— especial énfasis en la recitación de la fórmula de apertura de la cueva, aquel "¡¡áaaabrete, séeesamooooo!!" con que nos impresionaban nuestros mayores agrandando los ojos y ahuecando la voz. Pero por mucho teatro que le echara, nunca podría darte ni una remota idea del sonido del equivalente árabe del castellano "sésamo". Es aquél vocablo onomatopéyico, y sus tres letras radicales —o dos, porque una de ellas se repite— constituyen el armazón de una extensa familia de palabras con estrecha relación en sus significados: úsanse este trío para los verbos que corresponden a retumbar y resonar, gritar y amenazar, sacudir, agitar y menear (ğalğal); para los correspondientes adjetivos que en español se expresan con estruendoso, retumbante, estridente y estremecedor (muğalğil). Pero también para fenómenos sonoros más suaves y agradables, como retintín, tintineante, y para cascabel (ğulğul) y cascabeleo, o para campanilla (ğalağil) y campanillear. Además de otros usos derivados de estos últimos, como son limpio, ligero, claro, activo o diligente. Amén de otros compuestos que rozan la mística más sublime, como son: el fondo del corazón (ğulğulan al-qalb,  por sus latidos), el pensamiento, el pasar por la mente, y el monte Gólgota (ğabal ğulğula, porque a la muerte de Cristo cuentan que retumbaron los cielos y hasta los peñascos se resquebrajaron)*. Y por fin, para el "ábrete, sésamo", que como te decía, en árabe tiene una musicalidad deliciosa. Cisco, podemos intercambiar sésamo por ajonjolí sin incurrir en las iras y denuestos de los académicos de la lengua, puesto que es lo mismo.
Pero nos interesa este ajonjolí, de clara estirpe árabe (ğulğulan) y que el vulgo ha castellanizado, simplificándolo en una forma abreviada en ajolí, como por ejemplo en el puente del Ajolí, ("hecho de palos podríos", que rezaba una antigua sevillana rociera).
Las semillas de sésamo, o ajonjolí, o ajolí, son junto al azúcar uno de los condimentos característicos de las tortas de aceite de nuestro pueblo, y se vienen utilizando para diversa repostería.
¿Y qué tiene que ver el ğulğulan o ajonjolí en esta historia? —te preguntarás—. Muy fácil. Estas semillas se desarrollan dentro de una cápsula dura, de la consistencia de la madera, que al ser agitada emite un sonido parecido al de las maracas cubanas, desde luego a una escala menor. Con lo cual encaja con todo derecho en la referida familia de palabras. Es como un cascabel producido por la Naturaleza. Claro del todo.
Ahora podemos pasar a tratar aspectos formales de este curioso asunto. La letra ğim, que al redundar es la que presta a nuestra palabrita casi toda su sonoridad, ha de pronunciarse como la jota francesa. En su forma aislada (ver imagen) esta letra sugiere algo en lo que habrán reparado muchos antes que yo: parece un cascabel esquemático, incluso con su pequeño gancho superior para colgar. Me recuerda a una muy utilizada regla nemotécnica para diferenciar, en castellano, la be de la uve (con be de burro y con uve de vaca, y el maestro recalcaba que el burro tiene las orejas largas como larga es la be, y la vaca al contrario). En todo ello hay ciertas reminicencias de la escritura pictográfica, representada principalmente por el japonés y el chino de nuestros días.

La letra en cuestión, en sus cuatro formas. De izquierda a derecha y de arriba a abajo, aislada, a principio de palabra, en medio y al final.




* Gólgota, relacionado con sonido. Y no como aseguran en Wikipedia:

"Calvario o Gólgota es el nombre dado al monte o colina a las afueras de Jerusalén donde tuvo lugar la crucifixión de Jesús. Su nombre proviene la forma de calavera que tenían las rocas de una de sus laderas. Su nombre en latín es Calvariae Locus, en griego Κρανιου Τοπος (Kraniou Topos) y en arameo Gólgota o Golgotha; en todos estos idiomas significa "lugar de la calavera". Además, según la tradición judía, sería el lugar en el que se enterró el cráneo de Adán". Aunque, permíteme la lúgubre ironía, se puede convertir con toda facilidad una calavera en un sonajero. El enterrador en Hamlet lo hacía, a golpes de azadón.
E insiste el wikipedista: "La palabra "Gulgota" es usada en el Zohar para designar la sefira Keter. La traducción de "Gulgota" es "cráneo" según Rabí Najmán de Breslov en el libro "Anatomía del Alma" página 137. Publicado por Breslov Research Institute. Jerusalem/New York. Título original "Anatomy of the Soul". "Keter" a su vez significa "corona" (Véase: Kéter) la cual se porta sobre el cráneo, no en la calavera. De modo que simbólicamente se puede decir que Jesús es crucificado en el lugar donde se corona."




Vamos a ir poniendo el colofón. En las fotos se ve mi bicicleta, convertida casi en una feria ambulante con tanto cascabel colgado, en el trasportín, en el manillar y bajo la cestilla delantera. Tal hecho tuvo su origen en las carreras a que te sometía cuando eras un jovenzuelo, y que ahora han quedado reducidas a una a la semana, como mucho. En evitación de despistes y distraimientos y copiando lo que siempre he visto hacer a carreteros y arrieros, dispuse los cascabeles para hacer que te concentraras en el ejercicio. Ahora, ya acostumbrado a la compañía de sus tintineos, no tengo porqué quitarlos.

En cuanto al cartelito, una nota: renovándolo de cuando en cuando, los vengo utilizando desde que empezé a estudiar el idioma, como un recurso más para memorizar. Me sirven también para conectar con algún que otro inmigrante que se interesa por ellos, de los cuales inmigrantes aprendo mucho. Este dice exactamente: "Rajoy: se le busca vivo o muerto", y arranca risas de cuantos lo entienden. No hay ninguna implicación ética en la frase, puesto que no incito a su asesinato ofreciendo recompensa, ni muchísimo menos. Tan sólo es un inocuo "se le busca de cualquier manera", en alusión a su actitud de no prodigarse en vivo concediendo ruedas de prensa y en vez de ello aparecer en pantallas de plasma, exasperando a los periodistas y a cualquier ciudadano avisado, porque ¿quién nos asegura que es él, y no un doble, o alguna manipulación de las que tanto abundan en nuestra era digital?. Añádasele la imposibilidad de interrogarlo.
En fin, dejemos la política de mal gusto, que es toda.

Acabo de decir arriba que ğulğulan al-qalb significa "fondo del corazón". Qalb nos va a servir para cerrar esta larga entrada. Es homofónica de kalb, que significa, ¡oh, coincidencia!,  perro, Cisco, lo que tú eres, por lo que oídas estas dos palabras, corazón y perro, fuera de un contexto claro, induce a confusión hasta a los propios hablantes de árabe. Pero, maravíllate, que qalb, con sus tres radicales qāf, lām y bā’, forman otra familia con gran similitud en muchos de sus términos a la que hemos visto de los cascabeles, a saber: voltear, revolver, invertir, poner del revés, cambiar, manejar, fluctuar, ser tornadizo, voluble, conversión, permuta; y en compuestos, volquete, hormigonera, repensar o dar vueltas en la cabeza, revolver entre las manos, delantero centro (en deporte), brazalete, puente basculante, revolución, derrocamiento, golpe de estado, subversivo, golpista, solsticio, trópico, turbación atmósférica, escombrera, destino final, la otra vida...

Así se explica la altura alcanzada por los poetas y literatos andalusíes, querido can. Con una herramienta tan maravillosa como es la lengua árabe, tenían gran parte del trabajo hecho.

lunes, 13 de mayo de 2013

Matas


Compruebo a cada momento cómo te gusta descansar a la sombra de las matas de yerbabuena, envuelto en el fresco aroma que desprenden. Me consta que te rozas con ellas para perfumarte el lomo.
Enternecido, casi emocionado, cultivé el verano pasado la primera plantita, —comprada a los gitanos del mercadillo—, pendiente de su crecimiento día a día, maravillado ante la humildad de aquellas hojitas verdes que resaltaban sobre el fondo oscuro del mantillo en la maceta. Un milagro de la Naturaleza ante el que me inclinaba pasmado, desarrollándose misteriosamente en este rincón del Universo, haciéndome sentir un poco padre amante, un poco madre cariñosa. Cuánta delicadeza en esa vida pura. Cuánta debilidad grandiosa.

Ahora la yerbabuena verdea por doquier, en macetones y cacharros en el patio y en los arriates del corralito. Su fragancia llena la atmósfera e inunda las habitaciones, sus tallos se elevan enhiestos hacia el cielo o se curvan hacia el frescor de las losetas del suelo formando espesos festones colgantes repletos de umbría y de enormes hojas. El refulgor de su verdor contra la cal de las paredes cuando estalla la luz se asemeja a la bandera andaluza. Si las banderas oliesen, Cisco, la nuestra olería a yerbabuena. Y al ondear en la marea fresca de las tardes de verano saludaría profundamente con su bálsamo vivificador a los pueblos del Sur.

Hubo que procurarse fertilizante y plaguicida. Es fantástica la diversidad de bichillos devoradores que aparecen a golpe de lupa, los cuales atraen a unos pájaros ágiles y verdiamarillos que no he logrado identificar, y que revolotean cada mañana al alcance de mi mano al otro lado de la ventana del dormitorio. Tú saltas de nuestra cama cuando los sientes al amanecer y te disparas por la cocina y el salón hacia ellos, pensando que te disputan el territorio, pero es porque no comprendes el beneficio que hacen a tu querida yerbabuena. Ellos, junto a las salamanquesas, son el mejor insecticida.

Le he traído compañía a nuestras plantas, Cisco. Ahora lucen sus juventudes en el patio una macetita con menta, otra con lavanda y otra con tomillo. Junto al gran jazmín que se enrosca en los ramones de la gigantesca adelfa ¿de seis metros de altura?, junto al naranjo recién podado y al majestuoso limonero donde anida el mirlo, ambos cítricos con sus livianas cargas de azahar primaveral, junto a los nocturnos sampedros de flores amarillas que proliferan invadiendo cada palmo del terreno, junto al viejo rosal de pitiminí que plantó mi madre allá por los años sesenta, vamos a integrar a nuestras nuevas, aromáticas y agradecidas amigas. El oficio de jardinero es muy adecuado para quienes, como es nuestro caso, ya ven la ancianidad lenta, pero implacable, aproximándose.

Nos alejan de los campos floridos cada vez más, Cisco amigo, el desarrollo urbanístico y los años que lastran nuestros pasos. Ya tienes ocho, y yo sesenta. Nos ampararemos en este Aljarafe en miniatura que día a día cuaja bajo la pluma de cristal de la manguera; que si tuviera voces —o si nosotros pudiésemos percibirlas— entonaría en coro cánticos excelsos; que extiende los dedos de sus raíces en la hondura silenciosa, entretejiendo con los hilos de las estrellas, cada noche, tus sueños con los míos.

martes, 23 de abril de 2013

¿Quién anda ahí?


Vicente Rodríguez, "el Chico de la posá" poseía una personalidad inconformista y rebelde. La sacaba al exterior cantando más que de ninguna otra forma. Cantando fandangos de Huelva, concretamente.

Hay, y se pone de manifiesto especialmente en el mundo artístico, gente que por circunstancias fácilmente discernibles sucumben a los estímulos, señuelos y recompensas que los poderes económicos, religiosos o políticos —¿acaso no son todos uno?— proporcionan a cambio de entrega y sumisión. El arte se prostituye con tanta facilidad y está siempre tan en peligro, tan al borde del abismo, que esa consustancial debilidad y esa tenue delicadeza virgen en riesgo perenne constituyen su más apreciada cualidad. Como una flor que no debe ser expuesta a los rigores climatológicos, como un bello paisaje nevado que nadie debe hollar. Es la trágica tensión que suscita un pajarillo rondado por una gran rapaz en el cielo, un niño acechado por lobos en el bosque, lo que da al arte su principal atractivo.

La domesticación de los artistas supone, para determinado público, un valor añadido que satisface la egolatría de deformes sensibilidades, degeneradas y burguesas, enorgullecidas de amaestrar la belleza y la estética por sólo un alarde de fuerza y poder. En el ámbito mundial, Cisco, destacan y son archisabidos los resonantes ejemplos de autores e intérpretes que ansian pongo por paradigma los escenarios israelitas, aunque no faltan hoy día ni han faltado tiempo atrás los de las diversas dictaduras, más anónimas pero no menos manipuladoras, a cuyos pies tantos y tantos se rinden a cambio de bienes materiales y homenajes oficiales. En el traído caso de Israel, se asemejan estos "entretenedores" sumisos a las masoquistas, que necesitan al proxeneta más dotado, sádico que disfruta de las traiciones consumadas como si de desvirgamientos se tratara y que en pirueta paradójica se erige en verdugo justiciero de quienes consuman la traición.

Se mueven grandes sumas en el repulsivo mercado que instaura el valor de una producción artística en función y dependencia del dinero que produzca. Se ha logrado el deleznable resultado de que a las masas impresione más una ristra de ceros tras un guarismo que unas emocionantes pinceladas o que unas deleitosas armonías. Se transparenta por aquí el "espíritu" de la Ciencia capitalista: lo único real es lo que se puede medir, pesar, lo que tiene propiedades mercantiles. Lo que se puede vender.

Entre nosotros, escuece el caso del flamenco. Considerando que tal expresión artística ha pertenecido y se ha nutrido de las clases populares, de las capas sociales más humildes, siendo por antonomasia expresión antagónica de la oficial y establecida, enfrentada a ella, su oponente. El rapto del flamenco que en la Democracia ha sido efectuado por las clases dirigentes del país es flagrante. Sara Baras o José de la Merced, por nombrar a dos que ocupan primeros puestos, demuestran en cada actuación que sus obras se dirigen y tienen como objetivo, completamente desvirtuado, a otros que ya no son el jornalero, el sufrido hombre del pueblo, el sencillo trabajador. Arguyen que "por fin los artistas hemos salido de dormir en los gallineros". El Cabrero no sin orgullo decía que en sus comienzos "hacía la rosca en cualquier portal", habiendo pasado muchas noches durmiendo en el suelo.
Me escandaliza haber sabido que la última Bienal fué prologada con un concierto de los principales participantes al cual se asistía por invitación. Imagino desgañitándose a los artistas, como monos de un circo, frente a un teatro repleto de señorones del socialismo andaluz, de sus consortes y amigas, y del mundo empresarial afín a ellos. Absolutamente repulsivo.

Al flamenco le han dado el tiro de gracia al declararlo Bien Cultural de la Humanidad. Empaquetado así, envuelto en papel lujoso y tornasolado, está mejor dispuesto para la venta a las élites. Arrancado de cuajo de sus legítimos propietarios, reconvertido en producto inocuo, endulzado al gusto de exquisitos paladares de alcurnia, digámosle adios para siempre. Cantaba José Menese: "Tú te vienes dando trazas, de meterme en el corral, poquito a poco las cabras". Sustituyamos a ese "Tú" por Franco entonces y ahora por el presidente de turno, y las cuentas están hechas: la cabra que no esté acorralada no tiene voz, y por ello no existe.

Toda esta parrafada plagada de tópicos viene a colación aquí porque "El chico de la posá", aunque sea en el recuerdo, —y otros muchos otros como él—, pueden mantener viva la vacilante llamita del arte andaluz con toda su pureza y sin alardes técnicos circenses.
En un principio "arte" significó "habilidad para hacer algo". Retrotrayéndonos a la Edad Media, se atisba ya esa intención de la entonces incipiente y embrionaria burguesía que, no satisfecha con haberse convertido en dueña y señora de la riqueza material, de la fuerza productiva, de la mano de obra, puso sus miras en algo más intangible, algo cuyo zumbido no afectaba al oído, sino al intelecto. Fué en dicha Edad Media cuando se estableció una diferencia entre artes liberales y artes serviles, siendo estas las manuales y aquellas las relativas al conocimiento. División muy a propósito para tratar un enfoque profundo del problema: el de la libertad. Libertad creadora, libertad interpretativa. Eso tan vital, que los artistas del pueblo no pueden, ni quieren, ni saben sacrificar.

Nadie tan libre como Vicente en Montalvo. Cuando enderezaba el espinazo tras una cavada de azadón podía yo contemplarlo muchas mañanas, lejano, insignificante, avanzando como una hormiga hundida en las barrancas, ascendiendo por el sinuoso carril hacia la aldea; entonces lo saludaba voceándole su idiosincrásico y representativo ¿¡quién anda ahí!? que resonaba en todos los recovecos del valle.

—Antoñito, ¿cuándo me vas a hacer un dibujito?
—Venga. Ahora mismo.
Cogí el bolígrafo y le hice una caricatura mientras posaba mirando a los quebrados horizontes con un brillo de inteligencia en sus ojos negros. Terminada, la observó con suma atención y dijo:
—Esto lo guardo yo como oro en paño.

Aquella tarde, de memoria la reproduje en mi cuaderno de campo y le añadí el "¿quién anda ahí?" identificatorio, esa coletilla característica suya  no exenta de contenido filosófico con la que Vicente se anunciaba al entrar en un bar, al incorporarse a una reunión o, simplemente, a modo de saludo por la calle, y que tenía reminiscencias de sus tiempos de guardia en la Legión del arenal sahariano. Hoy sigue "el Chico de la posá" vigilando el pueblo desde la atalaya de la entrada nueva del cementerio, oyendo los murmullos de los fúnebres cortejos entrantes y salientes y mirándonos en lo más profundo a todos los que por allí alguna que otra vez transitamos.


sábado, 13 de abril de 2013

Ciencia del pueblo


Ya había tocado el tema de Montalvo antes, cuando me ganaba el sustento cultivando la huertecita que nos surtía de verduras. Hubo allí que desarrollar y poner en práctica diaria lo que Ivan Illich denominó "ciencia del pueblo", en contraposición de la "ciencia para el pueblo". De esta última estábamos muchos muy escarmentados y a medida que gira el mundo lo estamos más, con su hedionda estela de armamentismo, desastre ecológico y desigualdad social. Aquí y aquí hay alguna aproximación al concepto, aunque Illich en el mencionado Viejo Topo va por otros derroteros algo diferentes: "...inicialmente, la utilización del término "ciencia del pueblo" puede parecer un dulce amargo. Designa a la investigación hecha sin o con poco dinero, sin ningún patrocinio, sin posibilidad de acceso a publicaciones de prestigio, y con resultados que carecen de interés para el mercado. Sin embargo, la gente que se dedica a ello no parece ni sentirse abandonada ni preocupada por el asunto."



En efecto. Es más; que a poco que se escarbe en la corteza de cualquier sociedad rural o urbana, del tamaño que sea, se encuentra el mismo espíritu popular, escéptico y desconfiado contra eso que se llama Investigación y Diseño preconizado con tanto énfasis por gobiernos, industrias, universidades, clínicas, ejércitos, fundaciones. A la ciencia del pueblo la remonta Illich a un siglo, el XII, cuando las indagaciones científicas tenían que basarse en las Sagradas Escrituras para no ser tachado de blasfemo o endemoniado, y un erudito llamado Hugo de San Víctor defendió el derecho del hombre a indagar por sus propios medios. Lo hizo sobre todo en su obra El Didascalicon  Por cierto, en ninguno de los otros estudios sobre este personaje consultados por mí se alude ni por asomo a ello como origen de la ciencia del pueblo ni se hace semejante asociación, siendo presentado generalmente como un simple teólogo al uso.

Ya sé, ya sé: estarás pensando que estoy con la vena demagógica, pero no, no temas; hace tiempo que desperté de ese sueño que es desinteresado cuando joven y calculador de mayor, cuando los años convierten a muchos, de idealistas entregados a manipuladores ansiosos. El pueblo, si algo hay a lo que se le pueda aplicar el término, es una bestia reptante, ciega y sorda, cuyos tentáculos no llegan más allá del ensayo y error en sus exploraciones del entorno: arrasa, golpea, masacra, devora y luego, dependiendo de los resultados, llora, baila, fornica, reza. O viceversa. Mas a los efectos que nos ocupa, ha sabido a lo largo de los siglos reunir unos conocimientos muy útiles a la hora de formar caballones para plantar habas, pongo por caso. Bien dice Mircea Eliade, entrevistado en nuestro Topo de referencia, que no cree en nada que se parezca a ese "subconsciente colectivo" que dijo Jung haber descubierto. Y yo tampoco, ni siquiera en un "consciente, o conciencia", ni colectiva ni individual.
Y es que, comparadas con tus ladridos, las palabras no solamente amputan y castran a las ideas la mayoría de las veces, sino que las deforman y retuercen de tal manera que no las reconoce ni el cerebro que las engendró. Si yo poseyera tu garganta, emitiría más precisamente este escrito utilizando sonoros ladridos, sin duda. Buena forma de "despertar las conciencias", caramba.
Hubo quien dijo que la conciencia es una invención reciente de la burguesía, con no más de tres siglos de existencia. No me extraña en ellos, en los burgueses, que se dan buena maña para manejar la sinhueso así se les ponga enfrente toda la ciencia del pueblo habida y por haber.

Tengo en la memoria estos días mientras pienso en aquella etapa de vida campesina a un auténtico científico del pueblo, ya por desgracia fallecido, persona con un temperamento artístico sumamente acusado, un castillejano desde niño admirado por mí, al cual inesperadamente y con gran sorpresa encontré en Montalvo. Te hablaré de él mañana. En Castilleja lo conocían por "El chico la posá", o sea, el chico de la posada (o pensión).
No tuvo el pueblo nunca mucho desarrollo en la industria del hospedaje dada su cercanía a Sevilla, ciudad donde la oferta era infinitamente más amplia y variada, de forma que todo el que podía, se desplazaba a ella; los principales clientes de los posaderos aquí eran viajeros provenientes
 del Aljarafe Occidental, Huelva o del sur de Portugal que se dirigían generalmente a la capital andaluza, y ya casi aquejados de nocturnidad no tenían otro remedio que buscar techo castillejano, por lo cual el trasiego de estos transeúntes estaba rodeado de cierto halo de misterio que parecía guardar en secreto las personas mismas de sus anfitriones. Otro sector, mínimo pero más desconocido y clandestino todavía, era sin duda el de los juerguistas, gentes de vida disipada que elegían el cercano pueblecito para sus encuentros y aventuras de índole sexual.